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miércoles, 24 de junio de 2026

Artículos : CCV : Profesora Leonor Bakún : Acerca del servicio

 



Acerca del servicio

Leonor Bakún

Lo que voy a decir no es novedad para los que transitamos este camino, pero a veces vale la pena recordarlo. Hay cosas que se aprenden y quedan incorporadas a nuestro hacer, por ejemplo, las tablas de multiplicar. No digo el alfabeto porque de ahí a la ortografía hay un paso muy chiquito y confusiones muy grandes, y este no es el tema del que quiero ocuparme hoy.  Lo que sí estoy planteando es que hay saberes que tenemos y no siempre aplicamos y que hay saberes que no aplicamos y otros que deberíamos aplicar o al menos intentar aplicar. Estoy pensando, específicamente, en el servicio, palabra que no nos es desconocida.

Shivamai dijo: “el servicio es un gran secreto, tiene el poder de transformarnos si lo realizamos con la actitud correcta que es hacerlo sin esperar sus frutos, hacerlo por amor a Dios y a tus semejantes.”

El Dios que recibimos de Swamiji, el Dios que encontró Swamiji y que nos legó a nosotros, no es una deidad lejana, sino un Dios que lucha con los problemas del hombre para el bien del individuo y de todos. Es un Dios que da servicio y reclama servicio del hombre.

Sus hijos lo entendieron así. Swami Vivekananda y más tarde los Swamis Abhedananda y Turiyananda abrieron las puertas del corazón de Occidente al mensaje de amor vedántico. Delicado y penoso servicio en el que Swamiji dejó la poca salud que tenía y pasó por terribles padecimientos.

Sister Nivedita escribe: “Cuando Swami Vivekananda regresó de Occidente, la actividad tuvo un nuevo auge encarada sobre una base nacional. El monasterio enviaba sus monjes a prestar socorro en las zonas azotadas por hambrunas; a dirigir los trabajos sanitarios en una aldea o a cuidar a los enfermos y moribundos en un lugar de peregrinación. Un monje fundó un orfelinato y una escuela industrial en Murshidabad; otro, un centro de enseñanza en el Sur. "Estos hombres -decía el Swami- son los 'zapadores' en el ejército de la religión."”

Los Swamis sorprendieron a los sadhus de la época con este revolucionario concepto del servicio como práctica de la religión. La Orden no predicó, actuó y los devotos redescubrieron a Dios, un Dios que llenaba sus estómagos recordando lo que Thakur había dicho: “un estómago vacío no es apto para la religión”. No sólo les daban de comer, sino también curaban sus heridas y los socorrían en las desgracias. La Orden tenía un lema: “Por la propia liberación y por el bienestar del mundo”, y en su hacer lo ponía en práctica.

Thakur dio el ejemplo. A su puerta llegaban los que sufrían y Él los recibía, a veces,  a horas inusuales como cuando Guirish Ghosh llegó tarde, borracho y con dos amigos en el mismo estado. Thakur tomó las manos de Guirish y cantó y bailó sin hacerle reproche alguno. Servicio, amor y alegría fueron sinónimos gracias a Thakur y a sus hijos, que enseñaron que la meta de la vida es alcanzar a Dios y que sirviendo a Dios en el hombre se transita el sendero hacia la meta, porque todos somos iguales para Dios. 

Cuando Thakur le dijo a Narendra que el estómago vacío no es apto para la religión le estaba recordando que los seres humanos tenemos necesidades materiales y que lo inmediato demanda nuestra atención. No es lo mismo algo urgente que algo prioritario. Dios es prioritario, el hambre es inmediato, por eso se convierte en urgente, es vital y salvo muy raras excepciones lo filosófico no suele ser un asunto vital. Justamente por esa razón necesitamos recordatorios de la presencia de Dios. Cuando la convicción de que Dios es el único refugio aparece en una persona, su vida cambia porque su corazón se fortalece.

Shivamai dijo en un programa: “Las diferencias existen, porque cada envase es diferente, pero eso que mora dentro del corazón del universo y en el corazón de cada uno de ustedes, ahí no hay diferencia. Tenemos que ir más allá de las diferencias y una de las cosas que es muy bueno para ir más allá de las diferencias es el servicio. El servicio no pasa por hacer grandes cosas, pasa por tener la amabilidad, algo que se ha perdido tanto en la humanidad, de servir una taza de té a alguien. Eso es servicio. Si nosotros fuésemos capaces de cada acto nuestro hacerlo como servicio, servicio al otro y a nosotros mismos podríamos revertir  muchas cosas. El servicio es un gran, un gran misterio. Es fundamental en el sentido de que empecemos por nosotros mismos, de hacernos servicio a nosotros mismos. Acordarnos de que no somos solamente este cuerpo, querernos y amarnos un poco más. No es hacer grandes cosas hacia la humanidad. Nosotros no podemos dar aquello que no tenemos. El sentimiento de hacer grandes cosas por la humanidad es fabuloso, pero comenzá por vos, por tu familia. ¿De qué vale que de pronto seas muy bueno con la humanidad y tu familia es un desastre? No vale de nada. No busquen fórmulas mágicas, porque todo está bajo el sol hace mucho, mucho tiempo.”

La diferencia entre “servicio” y “ayuda” suele ser sutil, y requiere de aquel que lo practica ser sincero con uno mismo. El servicio es una forma de adoración, por lo tanto requiere que sea sincero, no especulativo y, por sobre todas las cosas, respeto hacia aquellos a quienes se sirve. El reino de Dios es incompatible con la miseria social, por eso la pobreza hay que prevenirla y cuidar que aquel que recibe no se sienta degradado. No es solo dar, es comprender, es tener delicadeza en el trato. Swami Pareshanandaji, en un programa en el que habló sobre este tema puntualizó: “la primera etapa es trabajo y adoración. La segunda etapa es cuando se hace el trabajo como adoración. La tercera es cuando el trabajo mismo es una adoración.”

Se trata de comprender lo que necesita el otro, de acercarse y obrar con amor en el corazón, del modo en que uno se acerca a Dios. El servicio, para que sea servicio, debe ser hecho con la actitud con la que se hace puja. Es a Dios a quien se sirve. El servicio es eso, puja.

Es como el caso del Maestro que le preguntó a un hombre rico que había ido a visitarlo acerca de lo que comía. El hombre respondió que tenía gustos muy sencillos. Vivía de pan, sal y agua. El Maestro se puso furioso y le dijo que un rico tenía que comer como corresponde, los manjares más refinados. El visitante se marchó, prometiendo cambiar su régimen. Los discípulos, sorprendidos, le preguntaron al Maestro la razón de su extraño consejo y éste respondió: “Si come manjares costosos, será capaz de comprender que los pobres necesitan pan. Pero si se alimenta con pan es capaz de imaginar que los pobres pueden arreglarse con piedras.”

Es no hacer alarde de servir a Dios. No hay una sola senda para servir a Dios. Puede hacerse de muchas maneras, a través de la enseñanza, de la oración, en el hombre, ayunando o comiendo son varias de las posibilidades. Cada uno debe observar, cuidadosamente, a dónde lo lleva su corazón. Como dijo Swami Turiyananda: “uno tiene que aprender a vivir dentro de su propia mente y discernir cuál es la actitud espiritual que allí reina.”

Padre Swami Pareshanandaji dijo que “el servicio real es amor. Mientras se siente amor por lo que se hace, esto es servicio. Cuando todavía estamos en el proceso de alcanzar ese amor, estamos tratando de lograr ese estado a través del servicio. Es el ego quien no nos permite manifestar ese amor. Para eso necesitamos de una disciplina espiritual. El trabajo, las prácticas espirituales implican siempre la necesidad de una disciplina, porque a través de ella se logra motivar el espíritu de servicio y ayuda a comprender y realizar las acciones desde el corazón.” 

La Santa Madre explicó que, si bien cuanto más intensamente una persona practica disciplinas espirituales, tanto más se acerca a Dios, también es cierto que no se puede estar dedicado a ello todo el tiempo y que es necesario hacer algún trabajo, considerándolo como dedicado a Dios.

Dijo que la inteligencia del hombre es muy precaria, es como la rosca de un tornillo, si se coloca mal, se pierde el juicio pero si se enrosca bien, uno sigue la senda recta y goza de paz y felicidad. Uno debe recordar a Dios y pedirle recto entendimiento. Por eso es mucho mejor trabajar que permitir a la mente que vague de una a otra parte, porque cuando la mente tiene rienda suelta, crea mucha confusión. Estar dedicado a servir a Dios en el hombre no es menos espiritual que practicar austeridades.

Estamos viviendo tiempos difíciles que hay que transitar con mucho cuidado para no herir sensibilidades. Tiempos en que el lema de la Orden: “Por la propia liberación y por el bienestar del mundo” se puede volver posible gracias a este precioso legado: “Servir a Dios en el hombre”.

Y nadie mejor para describir el servicio que la pluma poética de Swamiji en estas líneas que escribió en bengalí:

“¡Oíganme herederos de lo infinito!

Dentro de su corazón

está el océano de amor.

¡Den sin medida, den sin temor!

El océano del que pide recompensa

se reduce a una gota de agua.

Desde el más elevado Brahman

hasta el gusano y el átomo, 

por doquier el mismo Dios todo-amor.

Amigo mío: ofrece a Sus pies

tu mente, tu cuerpo y tu alma.

Ante ti están Sus múltiples formas.

Ignorándolas, ¿dónde buscas a Dios?

Quien ama a todos sin distinción

es quien mejor adora a su Dios.



miércoles, 8 de abril de 2026

Artículos, CCV : Profesora Leonor Bakún : Sobre la indiferencia

 

CCV, Sobre la indiferencia




No hace mucho, en un programa, varios participantes coincidieron en recordar la conocida frase de Swami Vivekananda: “Levántate y no te detengas hasta alcanzar la meta”. Padre Swami, refiriéndose a eso dijo: “Para levantarse primero hay que despertarse”.

El tema es ¿Cómo saber si uno está despierto? ¿Cómo saber si ya podemos incorporarnos o simplemente estamos dormidos? Hay numerosas indicaciones en diversas culturas y a través del paso del tiempo para saber que no es un tema menor. Desde los relatos sobre Nárada y sobre Indra, atrapados en las redes de maia hasta Descartes enunciando su hipótesis del genio maligno tenemos numerosas advertencias sobre el peligro de creer que sabemos lo que no sabemos.

Descartes comienza su primera Meditación metafísica haciéndonos sentir que lo que él dice le puede pasar a todos. Nos cuenta que está sentado frente al fuego, vestido con ropa de entrecasa y un papel en la mano, lo cual le hace plantearse: ¿Cómo sé que no estoy soñando esto? ¿Cómo puedo distinguir entre sueño y vigilia?


El texto de Descartes por cierto podría hacer creer a un lector desprevenido que, más que un texto fundamental de la filosofía moderna, estamos frente a un texto propio de la filosofía Vedanta. Dice: “supondré que hay, no un verdadero Dios –que es fuente suprema de verdad–, sino cierto genio maligno, no menos artero y engañador que poderoso, el cual ha usado de toda su industria para engañarme. Pensaré que el cielo, el aire, la tierra, los colores, las figuras, los sonidos y las demás cosas exteriores no son sino ilusiones y ensueños, de los que él se sirve para atrapar mi credulidad.”

Y, de modo magistral escribe uno de los razonamientos fundantes en la historia de la filosofía. No voy a poner las palabras exactas pero dice que, si bien no puede saber si hay o no un genio maligno que lo engaña sobre todo, hay algo que tiene claro y es que no puede dudar de que está dudando, no puede dudar de que piensa y escribe una de las frases que han provocado ríos de tinta para explicarla, para combatirla y que pervive con claridad meridiana: “Pienso, luego existo”. No es casual, es el peldaño que necesita para llegar a lo que quiere demostrar: la existencia de Dios.

Independientemente del fin que persigue, esa frase marca un antes y un después, no sólo en la historia de la filosofía, sino en la concepción que el hombre tiene de sí mismo. No solo funda el racionalismo sino que, entendido como la aplicación extrema de la lógica instrumental y de la eficiencia técnica, se constituyó en uno de los fundamentos para transformar el exterminio en un proceso de trabajo rutinario y deshumanizado. 

Celebramos los avances de la ciencia y no los relacionamos con el retroceso que se produce, más de una vez, en nuestras vidas, a pesar de que se nos advierte de ello, sobre todo en la ficción, que en numerosas ocasiones nos plantea por adelantado, lo que después se va a convertir en nuestra vida cotidiana. Y así, discutir dónde reside la verdad y dónde reside la ilusión se convierte en un mero ejercicio dialéctico.

A veces no somos conscientes de las consecuencias directas que estas discusiones tienen en nuestras vidas. Pareciera que todo transcurre en un plano alejado y nos convertimos en espectadores indiferentes de una obra que se desarrolla frente a nuestros ojos y, cuando baja el telón, abrimos la boca con asombro y no siempre reaccionamos, precisamente por esa indiferencia donde da lo mismo que ocurra una cosa que otra.

Ni Thakur ni sus discípulos predicaron la indiferencia, ellos predicaron el servicio a Dios en el hombre. Eso significa registrar al otro, ver su necesidad, sus carencias no sólo económicas. Se puede tener dinero y ser carente de espiritualidad, ser carente de generosidad, de tantas cosas se puede carecer.

Swamiji, antes de proponer algo, quiso saber, en carne propia, como eran las cosas. Vivió privaciones para saber cómo vivían los que no tenían, porque él sabía que es fácil hablar cuando se tiene plata en el banco y comida en la mesa, entonces con ese resguardo es fácil decirle a un pobre lo que tiene que hacer o como tiene que vivir. Pero también sabía que las cosas no eran así y decidió vivir la pobreza desde adentro y así fue como percibió la necesidad de la educación para esas personas desprotegidas, y la necesidad de planes especiales para proteger y hacer crecer a las mujeres. Y también señaló que una persona con hambre mal puede hacer algo y que la solución era levantar al que está por debajo, levantar al chandala hasta la altura del brahmín, buscar la igualdad por medio de un proceso de elevación más que de descenso.

Esta es una semana pascual. El miércoles comenzó Pesaj, el jueves Semana Santa. O sea, estamos en Pascuas. Y hoy es Sábado de Gloria y también es Shabat jol hamoed pesaj.


Moisés tiene su carácter. Cuando Dios le dice lo que tiene que hacer, se enoja y le discute, pero obedece, confía y finalmente lleva a su pueblo hacia la Tierra Prometida, para lo cual hay que cruzar el Mar Rojo, que es un mar bastante embravecido y ocurre que, en el medio, el Faraón se arrepintió y salió en persecución del pueblo que había dejado salir.

Moisés y el pueblo que le sigue tienen detrás al ejército egipcio y delante el Mar Rojo y entonces Moisés se pone a rezar, podemos suponer que para pedir auxilio. ¿Y qué hace Dios? Le pregunta ¿Qué hacés parado ahí? Caminá. Solo cuando Moisés avanza, Dios abre las aguas y el pueblo cruza las aguas. ¿Hacia dónde? Hacia adelante.  


Es precisamente en Pesaj, cuando Cristo baja a Jerusalen. Es una de las tres fiestas de peregrinación. Todos van. La última cena de Jesús, es la primera cena de Pesaj. 

Cristo sabía perfectamente por lo que iba a pasar si acudía, pero no se negó, lo hizo, a sabiendas del sufrimiento por el que atravesaría y a pesar de eso siguió adelante.

Hay momentos de detenerse a rezar, hay momentos en que es necesario avanzar.

Una de las características de la IA es que aprende de lo que se le da como material y así se va transformando. Tal vez es hora de que los seres humanos nos humanicemos y aprendamos para crecer, para lograr despertarnos, para reconocer nuestras carencias. Que dejemos de ser indiferentes al sufrimiento del otro, que no lo provoquemos con nuestra actitud, que lo consideremos, que no lo humillemos ni lo dejemos de lado. Tal vez eso nos ayude a despertar y así, poder levantarnos para alcanzar la meta.

JT, JM





lunes, 16 de marzo de 2026

Artículos, CCV : Profesora Leonor Bakún : Algo sobre la ley

 


CCV - Algo sobre la ley

Leonor Bakún

Si algo es indiscutible es que la ley es un mandato que se formula al hombre sobre algo que, precisamente, el hombre no tiene una intención y mucho menos una tendencia natural a realizarlo.


 
Hay leyes escritas, la ley de los hombres y hay leyes no escritas, la ley de los dioses (las agrafa dogmata). A veces entran en contradicción la ley de los hombres y la ley de los dioses y uno debe elegir a cuál ley obedecer. El ejemplo más claro sobre esta situación es el punto sobre el que gira Antígona de Sófocles, una tragedia escrita en el siglo V a. C. y que muestra claramente lo terrible y dolorosa que es esta elección.

Las leyes no escritas las llevamos grabadas en el corazón. La ley de los hombres varía según las épocas, las sociedades, las costumbres y sobre todo la formación de quiénes las promulgan y de quienes las obedecen.

Entonces, y volviendo al principio, eso que la ley manda, lo tenemos que buscar, no es natural en nosotros. Lo natural no es precisamente amoroso. Caín mató a Abel, Rómulo mató a Remo y así sigue la historia. Mejor no mirar los noticieros. Esto que estoy diciendo no es en absoluto original. Hobbes, un filósofo conocido por considerar que el hombre es el lobo del hombre dijo que necesitábamos un líder al cual darle la autoridad sobre nosotros y aclara, hay que obedecerle salvo que quiera matarnos.




Los diez mandamientos son un ejemplo de lo que para muchos es la ley moral. Como ustedes saben son universales, no privativos de un pueblo. Cuando Dios se los entrega a Moisés para que los divulgue está presente el suegro de Moisés con su comitiva y pertenecen a otro pueblo. Dios entrega los mandamientos para todos. No para unos pocos. No los voy a recitar aquí pero si mal no recuerdo el primero dice: “Amarás a Dios por sobre todas las cosas.” Esto es algo que se nos dice de muchas maneras y desde varios lados.

Por ejemplo: la primera palabra de los rollos de la Torá es Bereshit (creación), la última palabra termina en ‘le’. Juntos el comienzo y el fin forman la palabra leb que en hebreo significa corazón. Por eso se dice que la Torá está dentro del corazón. La plegaria dice “Purifica nuestros corazones para creer en Ti, con sinceridad (vetaer libenu leobdeja beemeth) y acepta la meditación de mi corazón.”

Por cierto Jesús, que conocía muy bien la Torá señala varias veces este punto en el curso de sus enseñanzas y recomienda limpiar el corazón para poder ver a Dios. Dice: “Bienaventurados los limpios de corazón porque ellos verán a Dios.”

Krishna, por su parte, dice en el Bhagavad Gita: “Yo soy el Señor que está presente en el corazón de cada ser.”

La filosofía Vedanta propone meditar en el ideal elegido como práctica que nos conduzca, en algún momento, a realizar a Dios. Tarea muy difícil. Veamos: para meditar se debe fijar la mente en algo y permanecer en ese estado. Y para hacerlo se necesita voluntad porque sin ella hacer tapasya, cumplir con cierta disciplina, sentarse a meditar es prácticamente imposible y el tema es que nadie puede hacerlo por uno. La purificación la tenemos que desear nosotros. Pero mientras una multitud de impresiones se agiten en nosotros, mientras surjan los recuerdos y preocupaciones de nuestra vida cotidiana, la meditación es muy difícil.

Uno tiene que querer, tiene que anhelar, tener una aspiración intensa al conocimiento espiritual para cumplir con sus prácticas. Y rogar por la gracia de la Madre para que la meditación se produzca porque, en definitiva, la que tiene la llave del corazón y abre la puerta del mismo es Ella.

A modo de ejemplo baste recordar como clamaba Thakur por la visión de la Madre, como les pedía a sus discípulos que hicieran puntualmente sus prácticas, despertándolos amorosamente, incluso a la Santa Madre si era preciso.

Es como lo que le ocurrió a un alpinista:

Un alpinista está escalando, se resbala, cae y queda colgando de una soga. En su desesperación clama a Dios por su socorro y, en el silencio que sigue a su plegaria, se escucha la voz de Dios que le pregunta si confía en Él. Tras la respuesta afirmativa, Dios le dice que corte la cuerda. El hombre tiene miedo y, a la mañana siguiente, lo encuentran muerto, colgando a dos metros del suelo.

De eso se trata, de entregarse y cortar la cuerda.


Como dice Padre Swami en su Tonadita:

‘SHARANAM’ es entregarte, refugiarte, 
cobijarte, dedicarte y olvidarte;
es lograr el estado de la paz entregándote,
abandonando todo esfuerzo consciente
por distinguirte;
volviéndote humilde para salvarte,
sin juzgarte siempre observarte;
con espíritu de prosternarte 
ante Dios, disfrutarte.
¡RAMAKRISHNA te anima 
a darte, darte, darte!



sábado, 14 de marzo de 2026

Artículos : CCV : Lic. Cristina Viturro : Una reflexión sobre el camino espiritual

 

Una reflexión sobre el camino espiritual

“El infierno de los vivos no es algo por venir; hay uno, el que ya existe aquí, el infierno que habitamos todos los días, que formamos estando juntos. Hay dos maneras de no sufrirlo. La primera es fácil para muchos: aceptar el infierno y volverse parte de él hasta el punto de dejar de verlo. La segunda es arriesgada y exige atención y aprendizaje continuos: buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacer que dure, y dejarle espacio.”



Con esta frase, el autor italiano Ítalo Calvino cierra su obra Las ciudades invisibles. Se me ocurre que, en algún sentido, es una buena definición del camino espiritual en medio de las alternativas del mundo. 

Con más fuerza que en otros momentos, se me aparece este razonamiento: la vida espiritual (la mía, la de todos, diría), comienza cuando atisbamos en nuestro interior la creencia de que existe algo más importante y grande que nosotros mismos. Esa chispa, por nombrarla de alguna manera, nos va acercando a la idea de lo absoluto, y aparece el camino, en nuestro caso, el Vedanta. La chispa del Atman, que es lo mismo que Brahman, nos enseñan, y entonces, caminamos en esa dirección. Pero (y esto es lo que siento con más fuerza ahora), es muy difícil hacer que esa chispa se mantenga y, aún más, crezca. Nos vaya bien o mal, la Maia nos envuelve. 

“El mundo distrae”, dije yo, y Swami Pareshananda me contestó: “Peor, el mundo confunde.” La chispa está expuesta al viento y a la lluvia del mundo en cualquiera de sus formas. ¡Qué difícil es mantenerla! La conciencia de lo complejo y esforzado de la tarea me llevó a pensar qué importante es lo que tenemos disponible para llevarla a cabo: las tonaditas de Maharaj, su santa compañía y la de Swami Purnabodhananda, los aratis de los domingos y las fiestas, las reuniones que organizan nuestros compañeros, las lecturas, las visitas al Ashrama. En fin, un montón. 

Pensé entonces en la frase de Calvino (un señor que no era para nada religioso pero sí muy clarividente) y su asombroso parecido al camino espiritual, una tarea arriesgada (ojo al adjetivo) que exige atención y aprendizaje continuos detrás de algo que, en medio del infierno del mundo y de Maia, no lo es, y que, cuando se lo reconoce, es un deber (y por supuesto, un privilegio) hacer que dure y dejarle espacio para que no deje de crecer. 

Jai Thakur! Jai Ma!



jueves, 26 de febrero de 2026

Artículos : CCV : Profesora Leonor Bakún : Acerca de las metáforas

 



CCV, Acerca de las metáforas

Leonor Bakún

Il postino es una película que gira alrededor de un muchacho, Mario, que trabaja como cartero y la única persona a quien tiene que entregarle el correo es a Neruda que vive su exilio en una isla italiana.

Mario está enamorado y le pide consejos a Neruda para escribirle a ella, a quien va a  conquistar escribiéndole poesías sospechosamente similares a las poesías de Neruda. Neruda lo guía y le muestra el valor de las palabras que pueden mostrar una misma realidad en forma diferente y bella. Le enseña que “el mundo entero es una metáfora”. O sea, lo mismo dicho, mostrado, de otro modo.

La idea no es nueva. Para que las cosas tengan existencia deben ser nombradas. A partir del nombre, las cosas fueron: “Así Dios habló y nombró”. “Haya luz y hubo luz”. Luego separó la luz de las tinieblas y hubo atardecer y hubo amanecer y así también hubo cielos, tierra, mares y así sucesivamente completó su obra como recordarán aquellos que han leído el Génesis. Pero el tema del nombre no es tan sencillo.

Un filósofo que explica este tema es Walter Benjamin, él postuló que no hay posibilidad de pensar lo humano escindido del lenguaje. Plantea que quien posee el lenguaje verdadero es Dios. La expulsión del Paraíso es la pérdida de la comunidad del lenguaje con Dios, la condena a traducir el sentido del mundo en vez de poseerlo de antemano.

A partir de ello Dios le permite a Adán ponerle nombre a las criaturas del cielo, de la tierra y del mar. Eso es posiblemente el origen del lenguaje poético. Hay una aventura del lenguaje. Supone que hay un texto, hay  letras y uno puede combinarlas. Con las mismas letras se puede decir alergia y alegría. Es un tema de decisiones, de elegir cuál traducción del mundo preferimos. Este concepto es común a culturas antiguas.

Hay coincidencia en los textos sagrados en que el sonido fue el gran creador, el Om, el Verbo son algunos de sus nombres. Coinciden en que, en el principio fue el sonido. Todo el universo vibra, tiene un sonido. 

En enero de 1997, Shivamai dijo: “el hombre está tan contraído que sólo puede hacer un cambio interno a través del sonido.” Dijo que la única forma de revertir esta atmósfera que nos comprime es a través del sonido.

Cuando hacemos japa, cuando recitamos textos escritos por un ser santo se produce dentro de nuestro ser una vibración armoniosa en nuestro sistema corporal y psicológico. Estamos creando una vibración que no nos irrita, que no nos agita, que apaga toda ansiedad.

El canto o la expresión de una palabra, cualquiera sea, produce una vibración en nosotros. Tenemos una vibración que al producirse genera un sentimiento en nosotros. No son simples palabras, son vibraciones que están comunicando a todo nuestro ser, por medio de esas palabras, una cierta vibración.

Las capacidades de las personas, el estado de sus cuerpos, sus historias de vida, son diferentes y por eso el resultado de esa vibración, la energía, se manifiesta de diferentes maneras y con diferente intensidad en las personas. La energía trabaja dentro de nosotros, recorre el cuerpo, actúa de la manera más apropiada a la necesidad de cada uno.

Por eso es de suma importancia cuidar que metáfora, qué significado queremos transmitir, qué nos permitimos escuchar, qué nos permitimos pronunciar. Aquello que aceptemos, aquello que decidamos transmitir será parte de lo que hagamos con nosotros mismos. Podemos elegir una metáfora, una traducción del mundo que trasunte lo bueno o podemos aceptar palabras condenatorias. Sólo nosotros decidimos qué sonido queremos en nuestras vidas.

Hay un cuento talmúdico que ilustra esto:

“Tráeme el mejor bocado que encuentres en la carnicería, dijo un señor a su criado y éste le trajo una lengua.

Tráeme, le dijo otra vez, el bocado más ordinario que encuentres en la carnicería y éste le trajo una lengua.

¿Qué quiere decir esto? Preguntó el señor, asombrado. Y el sabio criado contestó: la lengua es cuánto hay en el mundo de mejor y de peor. Si es buena, nada hay mejor. Si es maldiciente, nada hay peor.”

Dijo Swami Vivekananda que “todo el conocimiento está dentro nuestro. Toda la perfección está ya allí en el alma, por lo tanto, cada hombre debe desarrollarse según su propia naturaleza.”  Tenemos en nuestras manos la posibilidad de construirnos a nosotros mismos y descubrir quiénes somos. Depende de nuestras elecciones.

Como dice Swami Pareshananda en una tonadita:

“De una comprensión correcta,

surge la verdadera convicción

que motiva a dedicarse a la práctica

repitiendo sinceramente la fórmula sagrada

otorgada por el Gurú bendito

para integrarse plenamente con el  Ideal espiritual.

¡Así, la comprensión correcta es esencial!

Repito mi mantra con amor

y me refugio en mi Ideal espiritual

y me integro en la paz divina

dejando todo lo irreal.”



martes, 24 de febrero de 2026

Artículos : CCV : Lic. Cristina Viturro : La fe en palabras de Vivekananda

 


La fe en palabras de Vivekananda :

Hace unos días vi en Liniers un predicador evangelista. Hacía mucho que no veía a uno, pero éste era el típico: camisa blanca y corbata, micrófono con parlante, la Biblia. Hablaba y nadie se paraba a escucharlo, ni siquiera yo me paré. Pero dijo algo que comparto de todo corazón. Dijo: “la fe es un don de Dios”.

Lo dice Cristo mismo: “Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe. Esto no procede de ustedes, sino que es el regalo de Dios y no por obras, para que nadie se jacte”. Efesios, 2:8-9.

Y personalmente, no busqué “tener fe”, sencillamente un día descubrí que la tenía. Que tenía una confianza, una certeza en que había algo en mí, más grande y duradero que yo misma. Entiendo que cada uno de nosotros, a su manera, tiene ese regalo de Dios, tiene esa certeza que lo ha llevado o que ha guiado su camino hasta aquí, donde Thakur y nuestro gurú nos acogen y acompañan para seguir profundizándola. 



¿Qué dice Swamiji de la fe? He traducido algunos fragmentos. Empiezo por éste:

“Fe, fe, fe en nosotros, fe, fe, fe en Dios: éste es el secreto de la grandeza. Si tienen fe en todos los trescientos treinta millones de dioses mitológicos y en todos los dioses que los extranjeros han traído una y otra vez a sus culturas y, sin embargo, no tienen fe en ustedes, no tienen salvación.” Se trata de un fragmento de una conferencia titulada “La misión del Vedanta”.


“La fe en nosotros hará todo. Lo experimenté toda mi vida y todavía lo sigo haciendo; y a medida que envejezco, mi fe se ha hecho más y más fuerte. Es un ateo el que no cree en sí mismo. Las viejas religiones decían que era un ateo el que no creía en Dios. La nueva religión dice que es un ateo el que no cree en sí mismo.” En estas líneas de Vedanta Práctica, la misma idea se repite: si llevamos una chispa divina en nuestro interior, creer en nosotros es creer en la divinidad que nos habita. Finalmente, según el Advaita Vedanta, Brahman y Atman son uno y lo mismo.

Y va más allá en Pláticas inspiradas cuando dice: “La fe no es una creencia: es la comprensión de lo supremo, una iluminación”.

Ahora bien: la fe no es un contrato individual entre uno y Dios, como quiera que uno lo vea. Es también fe en los semejantes. “Tengan fe en el hombre, así se les presente como alguien muy instruido o como el más ignorante. Tengan fe en el hombre, así se les presente como un ángel o como el mismo demonio en persona. Tengan fe en el hombre primero y después, teniendo fe en él, crean que, si tiene defectos, si comete errores, si abraza las más rudas y viles doctrinas, esto no es por su naturaleza real, sino por su deseo de ideales más elevados”. Esta frase es de Las bases comunes del hinduismo y me resulta muy interesante porque plantea la posibilidad del error y de la imperfección como inherentes a la naturaleza humana, pero como un desvío de propósitos más elevados, a los que no se pudo llegar. Finalmente, si tenemos una misión es ver la Verdad que Maya oculta y confunde.

Incluyo tres más: “Perder la fe en uno mismo significa perder la fe en Dios” (Las bases comunes del hinduismo); ésta que me encanta y es tan cierta: “Mientras tengan fe en su gurú, nada podrá obstruir su camino” (Carta a Alasinga, E.E. U. U., marzo, 1896) y, por último: “La historia del mundo es la historia de unos pocos hombres que tuvieron fe en ellos mismos. Esta fe convoca a la divinidad interior. Pueden hacer cualquier cosa. Se falla solamente cuando uno no se esfuerza lo suficiente para manifestar el poder infinito. Tan pronto como un hombre o una nación pierden la fe, sobreviene la muerte” (Jnana y Karma, Notas a una conferencia, Londres, 1985). 

Termino con ésta: “Donde hay maldad y donde hay ignorancia y falta de conocimiento, encontré por experiencia que todo mal sobreviene, como dicen nuestras escrituras, por confiar en las diferencias y que todo bien viene de la fe en la igualdad, en la mismidad y unidad subyacente de las cosas. Éste es el gran ideal vedántico.” (La misión del Vedanta).

Los fragmentos citados están disponibles en: https://vivekavani.com/swami-vivekananda-quotes-faith/


Buenos Aires, 21/2/26.