miércoles, 8 de abril de 2026

Artículos, CCV : Profesora Leonor Bakún : Sobre la indiferencia

 

CCV, Sobre la indiferencia




No hace mucho, en un programa, varios participantes coincidieron en recordar la conocida frase de Swami Vivekananda: “Levántate y no te detengas hasta alcanzar la meta”. Padre Swami, refiriéndose a eso dijo: “Para levantarse primero hay que despertarse”.

El tema es ¿Cómo saber si uno está despierto? ¿Cómo saber si ya podemos incorporarnos o simplemente estamos dormidos? Hay numerosas indicaciones en diversas culturas y a través del paso del tiempo para saber que no es un tema menor. Desde los relatos sobre Nárada y sobre Indra, atrapados en las redes de maia hasta Descartes enunciando su hipótesis del genio maligno tenemos numerosas advertencias sobre el peligro de creer que sabemos lo que no sabemos.

Descartes comienza su primera Meditación metafísica haciéndonos sentir que lo que él dice le puede pasar a todos. Nos cuenta que está sentado frente al fuego, vestido con ropa de entrecasa y un papel en la mano, lo cual le hace plantearse: ¿Cómo sé que no estoy soñando esto? ¿Cómo puedo distinguir entre sueño y vigilia?


El texto de Descartes por cierto podría hacer creer a un lector desprevenido que, más que un texto fundamental de la filosofía moderna, estamos frente a un texto propio de la filosofía Vedanta. Dice: “supondré que hay, no un verdadero Dios –que es fuente suprema de verdad–, sino cierto genio maligno, no menos artero y engañador que poderoso, el cual ha usado de toda su industria para engañarme. Pensaré que el cielo, el aire, la tierra, los colores, las figuras, los sonidos y las demás cosas exteriores no son sino ilusiones y ensueños, de los que él se sirve para atrapar mi credulidad.”

Y, de modo magistral escribe uno de los razonamientos fundantes en la historia de la filosofía. No voy a poner las palabras exactas pero dice que, si bien no puede saber si hay o no un genio maligno que lo engaña sobre todo, hay algo que tiene claro y es que no puede dudar de que está dudando, no puede dudar de que piensa y escribe una de las frases que han provocado ríos de tinta para explicarla, para combatirla y que pervive con claridad meridiana: “Pienso, luego existo”. No es casual, es el peldaño que necesita para llegar a lo que quiere demostrar: la existencia de Dios.

Independientemente del fin que persigue, esa frase marca un antes y un después, no sólo en la historia de la filosofía, sino en la concepción que el hombre tiene de sí mismo. No solo funda el racionalismo sino que, entendido como la aplicación extrema de la lógica instrumental y de la eficiencia técnica, se constituyó en uno de los fundamentos para transformar el exterminio en un proceso de trabajo rutinario y deshumanizado. 

Celebramos los avances de la ciencia y no los relacionamos con el retroceso que se produce, más de una vez, en nuestras vidas, a pesar de que se nos advierte de ello, sobre todo en la ficción, que en numerosas ocasiones nos plantea por adelantado, lo que después se va a convertir en nuestra vida cotidiana. Y así, discutir dónde reside la verdad y dónde reside la ilusión se convierte en un mero ejercicio dialéctico.

A veces no somos conscientes de las consecuencias directas que estas discusiones tienen en nuestras vidas. Pareciera que todo transcurre en un plano alejado y nos convertimos en espectadores indiferentes de una obra que se desarrolla frente a nuestros ojos y, cuando baja el telón, abrimos la boca con asombro y no siempre reaccionamos, precisamente por esa indiferencia donde da lo mismo que ocurra una cosa que otra.

Ni Thakur ni sus discípulos predicaron la indiferencia, ellos predicaron el servicio a Dios en el hombre. Eso significa registrar al otro, ver su necesidad, sus carencias no sólo económicas. Se puede tener dinero y ser carente de espiritualidad, ser carente de generosidad, de tantas cosas se puede carecer.

Swamiji, antes de proponer algo, quiso saber, en carne propia, como eran las cosas. Vivió privaciones para saber cómo vivían los que no tenían, porque él sabía que es fácil hablar cuando se tiene plata en el banco y comida en la mesa, entonces con ese resguardo es fácil decirle a un pobre lo que tiene que hacer o como tiene que vivir. Pero también sabía que las cosas no eran así y decidió vivir la pobreza desde adentro y así fue como percibió la necesidad de la educación para esas personas desprotegidas, y la necesidad de planes especiales para proteger y hacer crecer a las mujeres. Y también señaló que una persona con hambre mal puede hacer algo y que la solución era levantar al que está por debajo, levantar al chandala hasta la altura del brahmín, buscar la igualdad por medio de un proceso de elevación más que de descenso.

Esta es una semana pascual. El miércoles comenzó Pesaj, el jueves Semana Santa. O sea, estamos en Pascuas. Y hoy es Sábado de Gloria y también es Shabat jol hamoed pesaj.


Moisés tiene su carácter. Cuando Dios le dice lo que tiene que hacer, se enoja y le discute, pero obedece, confía y finalmente lleva a su pueblo hacia la Tierra Prometida, para lo cual hay que cruzar el Mar Rojo, que es un mar bastante embravecido y ocurre que, en el medio, el Faraón se arrepintió y salió en persecución del pueblo que había dejado salir.

Moisés y el pueblo que le sigue tienen detrás al ejército egipcio y delante el Mar Rojo y entonces Moisés se pone a rezar, podemos suponer que para pedir auxilio. ¿Y qué hace Dios? Le pregunta ¿Qué hacés parado ahí? Caminá. Solo cuando Moisés avanza, Dios abre las aguas y el pueblo cruza las aguas. ¿Hacia dónde? Hacia adelante.  


Es precisamente en Pesaj, cuando Cristo baja a Jerusalen. Es una de las tres fiestas de peregrinación. Todos van. La última cena de Jesús, es la primera cena de Pesaj. 

Cristo sabía perfectamente por lo que iba a pasar si acudía, pero no se negó, lo hizo, a sabiendas del sufrimiento por el que atravesaría y a pesar de eso siguió adelante.

Hay momentos de detenerse a rezar, hay momentos en que es necesario avanzar.

Una de las características de la IA es que aprende de lo que se le da como material y así se va transformando. Tal vez es hora de que los seres humanos nos humanicemos y aprendamos para crecer, para lograr despertarnos, para reconocer nuestras carencias. Que dejemos de ser indiferentes al sufrimiento del otro, que no lo provoquemos con nuestra actitud, que lo consideremos, que no lo humillemos ni lo dejemos de lado. Tal vez eso nos ayude a despertar y así, poder levantarnos para alcanzar la meta.

JT, JM





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