lunes, 14 de octubre de 2019

ENCUENTRO Y CONFERENCIAS EN PEHUAJÓ


El sábado 12 de octubre se realizaron 2 conferencias, “La mente y la espiritualidad” a cargo de Rev. Swami Pareshananda y “La esencia de la felicidad” a cargo de Rev. Swami Purnabodhananda. Dicho evento tuvo lugar en el Salón Blanco del Palacio Municipal de Pehuajó.









domingo, 6 de octubre de 2019

DURGA PUJA 2019



El domingo 6 de octubre celebramos en el Ashrama de Bella Vista el festival de Durga, con cantos y ofrendas a la Madre, junto a una numerosa presencia de amigos y devotos del Ramakrishna Ashrama de Argentina.



































domingo, 29 de septiembre de 2019

SEGUIR APRENDIENDO: Counselor Veronica Pomerane (20-9-19)




Señor, Te lo ruego! No Te ofendas si mi mano mortal carece de gracia para hacerTe Tu ofrenda. Aún así está mano es un don Tuyo, santificada por Tu toque. Yo la usaré humildamente y dejaré mi ofrenda de amor a Tus pies. 
Daré cálido albergue a mi mente, porque ella me ha traído pensamientos de Ti.
Abrazaré tiernamente a mi corazón porque él me ha dado Tu visión y recompensaré esta vida con una guirnalda de dicha porque ella me ha llevado hasta Tu puerta.
            Swami Paramananada


En las Visiones de estas dos santas vemos:

Hadewijch De Amberes (SXIII)
“…Y entonces me hizo ver el Rostro de indecible belleza, y este se me apareció como un gran río de fuego, más grande más profundo que el mar. Y escuché una voz potente que venia de ese río, y me dijo: «Tu gran anhelo de amor te ha dado el camino supremo hacia el gozo de la unión”.
Hildegard von Bingen (SXII)
“…Sucedió en el año 1141 después de la encarnación de Jesucristo. A la edad den cuarenta y dos años, vino del cielo abierto una luz ígnea que se derramó como una llama en todo mi cerebro, en todo mi corazón y en todo mi pecho…”

Sri Ramakrishna
Maestro: “Una vez tuve la visión de la Conciencia no-dual e indivisible.
Al principio me fue revelado que había innumerables hombres, animales y otras criaturas. Entre ellos había aristócratas, ingleses, musulmanes, yo mismo, barrenderos, perros y también un musulmán barbudo con una bandeja de arcilla en las manos llena de arroz. Puso algunos granos de arroz en la boca de cada uno y yo también probé un poquito.
"Otro día vi arroz, legumbres y otros alimentos y también basuras e inmundicias que yacían en derredor. De pronto el alma salió de mi cuerpo y como una llama, tocó todas las cosas. Era como una lengua de fuego alargada, que probó una vez cada cosa, hasta los excrementos.
Me fue revelado que todo esto era una única Sustancia, la Conciencia no-dual e indivisible.

Un día, cuando yo estaba meditando, mi mente, vagando, llegó a casa de Rashke. Es un basurero; dije a mi mente:
Quédate allí, pícara! La Divina Madre me reveló que hombres y mujeres en esa casa eran meras máscaras; dentro de ellos estaba el mismo Poder Divino Kundalini que sube a través de los seis centros espirituales del cuerpo.
El Maestro cantó:
Qué fiebre delirante es esta que sufro!
Oh Madre, Tu gracia es mi única cura...
De mi profunda aflicción sálvame, oh Redentora!
Estoy aterrorizado por las amenazas del Rey de la Muerte!
Abandonado a mí mismo, pronto pereceré;
Sálvame, oh sálvame ahora, Te ruego!
Madre de todos los mundos! ¡Tú, el Sostén de la humanidad!
Tú, la Hechicera de todo, la Madre de todo cuanto tiene vida!
La encantadora Radha de Vrindavan eres Tú,
La más querida compañera de juegos del Bienamado de Braya.
“Lo esencial es el amor a Dios y probar Su dulzura. Él es dulzura y el devoto es Su gozador. El devoto bebe la dulce Bienaventuranza de Dios. Además Dios es el Loto y el devoto la abeja. El devoto liba la miel del loto.
Como el devoto no puede vivir sin Dios, así también Dios no puede vivir sin Su devoto. Entonces el devoto se vuelve la dulzura y Dios su gozador. El devoto se vuelve el loto y Dios la abeja. Es la Deidad que se ha vuelto estos dos, para gozar Su propia Bienaventuranza. Este es el significado del episodio de Radha y Krishna”.

SEGUIR APRENDIENDO: Counselor Veronica Pomerane (Charla 28-09-19)




Cuando se enamora uno de alguien, la mente mora en esa persona todo el día, no importa lo que se esté haciendo. Esa es la manera en que debemos amar a Dios. Todos los días, de nuevo, nos tenemos que enamorar de Él.
El amor humano se acaba y deja de existir; pero el amor a Dios crece. Es siempre nuevo, nunca se cansa uno de Él. Aumenta en intensidad. 
Para cultivar este amor debemos tratar de ser conscientes de la presencia de Dios continuamente; y esto es posible solamente practicando meditación con regularidad, siendo una buena persona, viviendo una vida moral, y siendo inegoista en el servicio a otros. 
Por medio de la meditación se despierta el poder que está dentro de uno. Entonces comenzarás a ver el juego de Dios en el mundo exterior. Una vida moral y de servicio al prójimo son ayudas pero no son un fin en sí mismos. 
El fin es alcanzar la unión con Dios. Guarda tiempo todos los días para entregarte con todo tu corazón a la contemplación de Dios. Piensa solo en Él y así con el tiempo todo se facilita.
Dios es Omnipresente. Está más cerca de nosotros que ninguna otra cosa. Está dentro de nosotros. Tenemos que sentir esa presencia viviente dentro de la cámara de nuestro corazón. Entra en ella y entrégate ahí al Rey el universo, sin Él, no podrías respirar o actuar, y sin Él, no hay conciencia ni realidad. Entrégate completamente, de todo corazón a Él.
La vida del buscador debe ser una continua comunión con Dios. 
Debe vivir, mover y mantener su ser en Dios. Sin devoción y meditación en Dios la iluminación no es posible. Con los ojos cerrados se debe meditar, y con ellos abiertos también se tiene que comulgar con Dios. 
Trabajando, descansando, aún durmiendo, debemos aprender a vivir en Dios.

El elemento necesario, más importante para un aspirante espiritual, es el anhelo, el deseo de buscarLo y encontrarLo.

miércoles, 18 de septiembre de 2019

SEGUIR APRENDIENDO: Profesora Leonor Bakún (14/9/19). El grano de café




Una hija se quejaba a su padre acerca de su vida y de cómo las cosas le resultaban tan difíciles. No sabía cómo hacer para seguir adelante y creía que se daría por vencida. Estaba cansada de luchar. Parecía que cuando solucionaba un problema, aparecía otro.
Su padre, un chef de cocina, la llevó a su lugar de trabajo. Allí llenó tres ollas con agua y las colocó sobre el fuego fuerte. Pronto el agua de las tres ollas hirvió. En una colocó zanahorias, en otra huevos y en la última granos de café. Las dejó hervir sin decir palabra. La hija esperó pacientemente, preguntándose qué estaría haciendo su padre.
A los veinte minutos el padre apagó el fuego. Sacó las zanahorias y las colocó sobre un recipiente. Sacó los huevos y los colocó en un plato. Coló el café y lo puso en una taza.
Mirando a su hija, le preguntó qué veía.
Ella dijo: “zanahoria, huevos y café”.
La hizo acercarse y le pidió que tocara las zanahorias. Ella lo hizo y notó que estaban blandas. Luego le pidió que tomara el huevo y lo rompiera. Al sacarle la cáscara, observó que el huevo estaba duro. Luego le pidió que probara el café. Ella sonrió mientras disfrutaba de su rico aroma.
Humildemente la hija preguntó: “¿Qué significa esto, Padre?”
Él le explicó que los tres elementos habían enfrentado la misma adversidad: agua hirviendo, pero que habían reaccionado de manera diferente. La zanahoria llegó al agua, fuerte, dura. Pero después de pasar por el agua hirviendo se había vuelto débil, fácil de deshacer. El huevo había llegado al agua, frágil. Su cáscara fina protegía su interior líquido. Pero después de estar en agua hirviendo, su interior se había endurecido. Los granos de café, sin embargo, eran únicos. Después de estar en agua hirviendo, habían cambiado el agua.
¿Cuál eres tú?, le preguntó a su hija.
“Cuando la adversidad llega a tu puerta, ¿cómo respondes?, ¿cómo eres tú? ¿Una zanahoria que parece fuerte pero que cuando la adversidad y el dolor te tocan, te volvés débil y perdés tu fortaleza? ¿Un huevo, que comienza con un corazón maleable y debido al sufrimiento te volviste duro y rígido? ¿O un grano de café que cambia al agua hirviente, el elemento que le causa dolor, que cuando las cosas no van bien lográs que tu alrededor mejore?
Nietzche dijo que “quien tiene un por qué para vivir, encontrará casi siempre el cómo”.
El tema es determinar cuál es ese por qué que da sentido a una vida.
En la Ética nicomaquea, Aristóteles afirma que el bien es aquello hacia lo que todas las cosas tienden y que todos los hombres están de acuerdo en denominar felicidad al bien supremo. El problema es la divergencia de opiniones profesadas sobre la felicidad.
Séneca, filósofo estoico, afirma: “Todo el mundo desea vivir feliz, pero nadie ve claro cómo descubrir aquello que hace la vida feliz”.
Epicuro, filósofo hedonista, en su Carta a Meneceo afirma: Hay que meditar lo que produce la felicidad, ya que cuando está presente lo tenemos todo y, cuando falta, todo lo hacemos por poseerl
Lo cierto es que estas respuestas ocurren en medio de una profunda crisis que abarca todos los estratos de la sociedad griega. Las murallas de la ciudad han caído, la guerra ha hecho estragos de todo tipo. Hay peste y hay hambre y el hombre se encuentra solo e inerme ante un universo hostil. Las escuelas filosóficas van a proponer una vuelta hacia el interior, y el hombre va a buscar la felicidad en la actividad contemplativa, mediante la cual participa de lo divino. Esa actividad no necesita de mediaciones exteriores para ejercerse.
Siglos más tarde, en otra época de intenso sufrimiento para el mundo, Víctor Frankl recordará al hombre que “la última de las libertades humanas, que no se le puede arrebatar al hombre, es la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias.”

O sea, ante el agua hirviendo, seremos ¿zanahoria, huevo o granos de café?

Artículo: Profesora Leonor Bakún (7/9/19): El Hombre Como Constructor...




EL  HOMBRE COMO CONSTRUCTOR DE SU PROPIA HISTORIA

Tuve la suerte de cursar Filosofía de las Ciencias con Gregorio Klimovsky. Acababa de regresar a la Argentina y evidentemente nosotros éramos un auditorio diferente al que él estaba acostumbrado. Traducíamos con facilidad del griego y del latín y teníamos algunas nociones básicas de lógica clásica como pudo comprobar a pocas clases de haber iniciado el curso, cuando mencionó los conjuntos biunívocos como si todos supiéramos de qué estaba hablando. Ante nuestro evidente desconcierto dijo “se habla de conjuntos biunívocos cuando a cada elemento de un conjunto, le corresponde un elemento del otro.” Nos miró, y con aguda ironía prosiguió: “Desde aquí yo veo 35 cabezas, si se corresponden con 35 seres humanos podemos hablar de conjuntos biunívocos, pero eso no sucede siempre.”
No hace falta girar mucho la cabeza para descubrir que decía verdad, pero esto es aplicable, entre otras cosas, a todos los casos en que hay discriminación, del tipo que sea. Cuando hay discriminación no se cumple con el precepto fundamental de amar al prójimo como a sí mismo. Cuando hay discriminación los seres humanos y las cabezas de los que la practican ya no son conjuntos biunívocos, son simplemente cabezas.
Personalmente creo que los seres humanos compartimos algunas notas que a veces no registramos.
En primer lugar encontramos el anhelo de Dios. Hay temas que suelen debatirse en casi todas las épocas, uno central es el que tiene que ver con lo sagrado.
Swami Vivekananda dice en una conferencia que este anhelo surgió cuando algo de amor se despertó en el corazón del hombre. “Un poco de amor, una débil idea del deber hacia los otros, un poco de organización social. Luego, naturalmente, surgió la idea: “¿Cómo podemos vivir juntos si no sabemos ser pacientes y perdonar?”. ¿Cómo puede un hombre vivir con otro sin tener, algún día, que refrenar sus impulsos, contenerse, controlarse a sí mismo para no hacer las cosas a las cuales su mente lo impulsa? Es imposible. Así es como llega la idea del control sobre sí mismo. La textura social entera reposa sobre esta idea de la restricción, y todos sabemos que el hombre o la mujer que no ha aprendido esa gran lección de ser paciente e indulgente, lleva la más miserable de las vidas.”
La Cábala explica que el hombre trata de retornar a Dios porque fue él mismo quien se alejó de Él  es él mismo quien debe regresar. Esto se relaciona con la caída de lo absoluto a lo relativo. Maimónides dice ¿Por qué Dios prohíbe al hombre comer del árbol del saber? Porque este saber, responde, está referido al bien y al mal y lo bueno y lo malo son relativos al hombre, a la sociedad. Verdad y falsedad son absolutos, porque la verdad es la superación de los intereses mezquinos que nos diferencian. El hombre “cae” de lo absoluto a lo relativo. Ese es su mal y será su drama.
En segundo lugar, el servicio. Esa es una palabra que algunos confunden con solidaridad. Sin embargo, comporta algo más. Se trata de una actitud.
En tercer lugar, la alegría es fundamental. Cantamos para que el cielo se abra y la tierra se regocije.
Por último, y en la que me interesa detenerme es la responsabilidad del hombre como constructor de su propia historia. Todo lo que el hombre recibe en comunidad o individualmente, del placer o de los sufrimientos, es una retribución merecida a su hacer. De acuerdo a sus obras y decisiones, así será su vida. Cada uno de nosotros aspira a una vida más elevada o más amplia. En nosotros existe potencialmente un infinito poder y luchamos por romper la coraza finita que nos aprisiona. Y esto es la vida. 
La pregunta entonces es, si los hombres comparten estas notas, ¿por qué hay fricción entre los hombres, malentendidos, peleas, derramamiento de sangre?
Lo que se siembra se recoge es una verdad bíblica. Cosechamos el resultado de nuestras acciones. Somos responsables de nuestro destino. Tenemos la responsabilidad de nuestras vidas en nuestras propias manos. Construir o destruir, somos responsables. Todo está dentro nuestro. Tenemos la libertad de ejercer nuestra responsabilidad individual dice Swami Sarvagatananda.
Hay una historia que se trabaja mucho cuando hay situaciones de violencia y que algunos dan en llamar el síndrome del erizo que aquí llamaremos puercoespín. Dice así: Durante la era glacial, muchos animales morían por causa del frío. Los puercoespines, percibiendo esta situación, acordaron vivir en grupos, así se daban abrigo y se protegían mutuamente. Pero las espinas de cada uno herían a los vecinos más próximos, justamente a aquellos que le brindaban calor. Y, por eso, se separaron unos de otros. 
Nuevamente volvieron a sentir frío y tuvieron que tomar una decisión: o desaparecían de la faz de la tierra o aceptaban las espinas de sus vecinos. Con sabiduría, decidieron volver y vivir juntos. Se dieron cuenta de que lo que les importaba era el calor del otro y así aprendieron, no con mucha facilidad, a cuidar de que sus espinas, que eran parte de su naturaleza, no lastimaran. Fue así como sobrevivieron. 
La mejor relación no es aquella que une personas perfectas, es aquella donde cada uno acepta los defectos del otro y consigue perdón por los suyos propios. 
Desde el punto de vista de la creación, todo lo que hay es producto del deseo. El Ser, en un acto de voluntad totalmente libre, se contrae y esto hace que la creación se manifieste en el espejo de la existencia. Somos hijos del deseo de Dios y por eso somos perfectos, porque de lo perfecto nace lo perfecto, pero también somos productos del deseo y por eso somos seres contraídos.
Abraham recibe el mandato: “Aléjate de los tuyos y de ti mismo. Vete”. El “aléjate de ti mismo”, o sea separarse de la idea de que todo lo visible es realidad, se lo toma también como un acércate a ti mismo o idea de que la realidad es invisible. Y esto es exactamente lo mismo que proclama Sri Ramakrishna cuando dice “Sólo Dios es real”.
Del ser emanan una serie de fuerzas que mantienen relaciones entre ellas. El movimiento de la energía se expande, se equilibra o se constriñe. Depende de la etapa en que nos encontremos. Todo lo que existe es, en esencia, energía y vibración. La materia en general, todo es energía en movimiento. Esto no es una aseveración banal.
El origen de lo que “es” es un misterio. Los físicos contemporáneos hablan de “vacío quántico “original a partir del cual habría evolucionado el universo, pero aún así ese vacío no es pura nada. El vacío no es igual a nada, porque cuando hablo de vacío pienso en algo que lo contiene. Es un potencial. En el origen hay algo, una especie de energía de la que el universo toma forma y la pregunta es: ¿de dónde viene esa energía?
La física describe la aparición del mundo del siguiente modo: hace quince mil millones de años todo lo que contiene el gran universo estaba reunido en una “singularidad” microcósmica, de una pequeñez inimaginable. Apenas una chispa en el vacío. La física moderna nos dice que el universo nació a partir de una gigantesca explosión que provocó la expansión de la materia observable en la actualidad. La historia comienza en el momento preciso en que el universo entero tenía el tamaño de una cabeza de alfiler.
Así, luego de un arduo trabajo, la ciencia confirma en realidad, algo que ya explicaba el sistema filosófico hindú miles de años antes. En efecto, los hindúes explican el universo a partir del spanda (o estallido primero) del bindu, partícula pequeñísima de energía primordial en la que está contenida el universo.
Un físico conocido, John Wheeler, dijo al respecto: “Todo lo que conocemos encuentra su origen en un océano infinito de energía que tiene la apariencia de la nada.”
La presencia de la energía es la presencia del misterio. Hace de la vida una eterna aventura en pos de la eternidad. Nuestra búsqueda de eternidad es la búsqueda que emprendemos cuando recordamos, despertamos y nos damos cuenta. Entonces tratamos denodadamente de desprendernos de las cadenas que nos impiden fundirnos en aquello que ya somos, el Ser, y la oportunidad la tenemos por tener un cuerpo humano, lo cual es un privilegio que nos hemos ganado duramente a lo largo de la vida. El ser iluminado es el trabajo constante. La luz es infinita porque la vida misma es luminosa, sólo que la mayor parte de nosotros ignoramos nuestra propia luminosidad. 
Estamos tocados por la vida. Cada hombre tiene un territorio, un reino que construye él mismo. Nuestra magnitud es nuestro reino, por eso no hay tiempo que perder. Hay conocimientos básicos que han sobrevivido en el útero. Tienen que ver con la memoria. Es la sabiduría del saber ser, por ejemplo, del árbol que sabe cuando dejar caer las hojas, cuando volver a tenerlas. Que sabe estar abierto a lo que llega a él. A esa sabiduría, a la conciencia, es a lo que queremos acceder. 
Somos producto del deseo y por eso deseamos. El tema es ser honestos y saber qué queremos, porque cada deseo es una semilla que plantamos en nuestra vida y aunque protestamos por lo que nos pasa, nos olvidamos de que estamos viviendo lo que hemos querido. Somos el resultado de nuestro deseo. El mundo que vivimos es el que hemos creado con nuestro deseo. El mundo en que vivimos, en que nos movemos es nuestra propia creación y el mundo en que vivamos será el resultado de nuestra creación. El deseo produce movimiento en el tiempo y en el espacio porque contiene en germen todos los procesos necesarios para que se concrete. Es la concepción a la cual sobreviene el despliegue de la Creación.
El peligro es ir demasiado lejos en una u otra dirección y por eso la tarea es buscar el equilibrio, la armonía, saber qué quiero hacer para construirme, qué me acerca o me aleja de lo que quiero. Shivamai dijo: “Cuida tu energía, cuida tus palabras, desarrolla la paciencia, haz todo con mucho amor y no permitas que nada ni nadie te tuerza el rumbo.”
La vida tiene sentido porque soy libre y puedo definir ese sentido. Dicen los sabios que para lograrlo sería bueno prestar atención a las situaciones inconfortables de nuestra vida. Esas que parecen cumplir con la ley del eterno retorno. Que se instalan y reaparecen con continuidad y recurrencia. 
Nada está predeterminado. Todo puede darse, del hombre depende. El hombre aspira a una realización que denomina felicidad. Esto hay que hacerlo. El hombre se hace a cada instante. Se define cuando asume su responsabilidad por lo hecho. Sólo el hombre es capaz de percibir a la vez el mundo exterior y el interior, por eso la tarea es expandir la conciencia.
Dijo Swami Vivekananda que “todo el conocimiento está dentro nuestro. Toda la perfección está ya allí en el alma, por lo tanto, cada hombre debe desarrollarse según su propia naturaleza.”  Tenemos en nuestras manos la posibilidad de construirnos a nosotros mismos y descubrir que somos eso, una joya valiosa y única, el Ser.
Todo existe en el espíritu, en el Ser. El espíritu es infinito. Todo el universo está compuesto de una misma sustancia: energía. Dar y recibir son dos formas de comunicación primarias que el hombre tiene para conectarse con sus semejantes.
Una vez un mendigo que estaba tendido al lado de la calle vió venir de lejos al rey y pensó: "le voy a pedir, él es un buen hombre, de seguro me dará una limosna".
Cuando el rey pasó cerca, le dijo: "Majestad, ¿podría, por favor, regalarme una moneda?" El rey le miró y le respondió: "¿por qué no me das algo tú? ¿acaso no soy tu rey? " el mendigo no sabía que responder y sólo atinó a balbucear "¡pero majestad... yo no tengo nada"...
El rey contestó: "¡Algo debes tener! busca". Entre asombro y enojo. El mendigo buscó entre sus cosas y vio que tenía una naranja, un pan y unos granos de arroz. Pensó que el pan y la naranja eran mucho para darlos, así que con rabia tomó los 5 granos de arroz y se los dió al rey.
Complacido, él le dijo: "¡Ves como si tenías!" y le dio 5 monedas de oro, una por cada grano de arroz.
El mendigo dijo entonces: "Majestad... creo que aquí tengo otras cosas..." Pero el rey lo miró fijamente a los ojos y, con dulzura, le comentó: Solamente de lo que me has dado de corazón, yo te puedo dar".
Volviendo sobre algo que ya dije en otra ocasión, nosotros nacemos en el medio de la historia. Aparecemos en un mundo con circunstancias temporales, espaciales, históricas. Un mundo en el que ya están sucediendo cosas que tienen que ver con lo que pasó antes y que seguramente construirán, serán el fundamento de lo que suceda después. Pero nosotros, en tanto seres individuales, estamos en el principio de nuestra historia, y así nos insertamos en algo que está transcurriendo, intentando aprehenderlo, incorporarlo desde nuestro nuevo y a la vez repetido comienzo.
Walter Benjamin enuncia una serie de tesis sobre el concepto de historia. Entre otras cosas, dice que cada época cita de manera diferente al pasado. El pasado, jamás clausurado, muestra siempre abiertas las heridas del sufrimiento, las marcas del dolor y nos permite no sólo resignificar el pasado sino percibir las fallas del presente.
En la Tesis IX habla de la necesidad de la historia. Dice así: “Hay un cuadro de Klee que se titula Angelus Novus. Se ve en él un ángel, al parecer en el momento de alejarse de algo sobre lo cual clava la mirada. Tiene los ojos desorbitados, la boca abierta y las alas tendidas. El ángel de la historia debe tener ese aspecto. Su rostro está vuelto hacia el pasado. En lo que para nosotros aparece como una cadena de acontecimientos, él ve una catástrofe única, que arroja a sus pies ruina sobre ruina, amontonándolas sin cesar. El ángel quisiera detenerse, despertar a los muertos y recomponer lo destruido. Pero un huracán sopla desde el paraíso y se arremolina en sus alas, y es tan fuerte que el ángel ya no puede plegarlas. Este huracán lo arrastra irresistiblemente hacia el futuro, al cual vuelve las espaldas, mientras el cúmulo de ruinas crece ante él hasta el cielo. Este huracán es lo que nosotros llamamos progreso.”
Y si bien sería bueno detenerse, cribar nuestro pasado en busca de esas piedras que reaparecen, indagar las causas, nos dejamos arrastrar sin resistencia en aras del progreso. Esa tal vez sea la razón por la que el ser humano a lo largo de la historia formula las mismas preguntas: ¿De dónde vengo? ¿Hacia dónde voy? ¿Quién soy? ¿Qué soy? Y si bien las preguntas son las mismas, las que cambian son las respuestas.
Víctor Frankl, fue un psicólogo que estuvo prisionero en un campo de concentración. En su libro El hombre en busca de sentido, dice que “la escisión que separa el bien del mal, que atraviesa imaginariamente a todo ser humano, alcanza a las profundidades más hondas y se hizo manifiesta en el abismo que se abrió en los campos de concentración. ¿Qué es en realidad, el hombre? Es el ser que siempre decide lo que es.”
Dice también que al hombre se le puede arrebatar todo, salvo una cosa: “la última de las libertades humanas, la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias, para decidir su propio camino. Es esta libertad espiritual, que no se nos puede arrebatar, lo que hace que la vida tenga sentido y propósito”. Y concluye: “cuando uno conoce el porqué de su existencia, podrá soportar casi cualquier cómo.”
La ansiedad de la mente es causada por nuestra asociación con las consecuencias de nuestras acciones. Esto altera nuestra paz mental. La vida está llena de ansiedades y excitaciones que producen la condición febril de la mente. Con excepción del período de sueño profundo, disturbios de toda índole ocupan nuestra mente. Estas alteraciones perturban la paz mental. Su acumulación constituye la fiebre de la que debemos liberar la mente mientras ejecutamos las acciones. De hecho, las ansiedades pueden ser eliminadas por medio de la conciencia espiritual y cuando son eliminadas, obtenemos la paz.
El primer factor inmaterial que debe considerar un ser humano común es su propia mente. Es su mente la que siente necesidad de algo, trata de satisfacer esa necesidad, y busca en su interior o en lo exterior el objeto o los objetos capaces de producirle las deseadas satisfacciones.
Iniciamos nuestro viaje desde donde estamos hacia el verdadero objetivo de la vida, por lo tanto debemos ser pacientes. Nuestra vida se vuelve fructífera cuando hacemos las cosas con un motivo noble. El trabajo en sí no es ni bueno ni malo, es el motivo por el cual actuamos lo que determina el mérito o el demérito de cada acción. El más elevado motivo de toda acción es el inspirado por algún ideal espiritual.
Swami Vivekananda dijo que el amor es el bálsamo que suaviza todas nuestras acciones. Explicó que todo impulso de diferenciación proviene del menosprecio y del odio y muchos creen que hacer bien a los otros es un fin en sí. El don más elevado es la espiritualidad, luego el conocimiento intelectual y por último la ayuda física y material. Aquel don supremo implica, en su acrecentamiento, los dos inferiores.
Los sabios del Talmud afirmaron que el mundo se sostiene sobre tres pilares: la justicia, la verdad y la paz. Los intérpretes medievales dijeron que: “sin verdad no hay justicia y sin justicia no habrá paz”. Así, el actuar recto debería ser considerado como justo y de acuerdo a la verdad, y en tanto eso, conducente a la paz.

Si al menos intentamos actuar con amor y rectitud, tal vez podamos construir una historia diferente y un camino más sencillo de transitar.

martes, 3 de septiembre de 2019

Artículos: Profesora Leonor Bakún (31-8-19)



Maharaya (Swami Brahmananda), acompañado por Swami Subodhananda fueron a Dwaraka, un lugar de peregrinaje muy conocido. Lo cruza un río sagrado llamado Gomati, en el cual los peregrinos se bañan para adquirir méritos. Cada peregrino debe pagar una rupia por este privilegio, pero, ni Maharaya ni Swami Subodhananda tenían un centavo. Un rico mercader reconoció en ellos a hombres santos y les ofreció pagar la tasa, pero Maharaya rehusó. No quería comprar méritos religiosos, y prefería bañarse en el océano que estaba cerca. Esto causó tanta impresión en el mercader, que él también dejó de pagar la tasa y se fue a bañar con los dos swamis. Luego los invitó a su residencia y les dio albergue por tres días. Les ofreció dinero para sus viajes futuros, pero su ofrecimiento fue rechazado por Maharaya. entonces el mercader les sugirió que podía darles cartas de presentación para sus agentes situados en diferentes sitios del país, así encontrarían comodidad y atención en todas partes que fueran. Maharaya tampoco aceptó las cartas. “No necesito nada de nadie”, dijo, “El Señor es mi único refugio, y Él nos cuidará.” El mercader, entonces, les dio un ejemplar del Bhagavad Guita, que fue alegremente aceptado.
Swami Pareshananda explicó que Sri Ramakrishna dijo: "En el juego de dados llamado 'ashta kashta' las piezas deben pasar por las varias casillas del tablero antes de llegar a la casilla central de 'descanso y no retorno'. Pero hasta que una pieza no llegue a la casa central, está sujeta a volver una y otra vez al punto inicial y principiar de nuevo el difícil viaje. Sin embargo, si dos piezas parten juntas y se mueven unidas de una a otra casilla, no pueden ser forzadas a volver atrás por ningún vencedor. De modo similar, aquellos que comienzan sus prácticas de devoción, uniéndose primero a un Gurú y un Ishta, no deben temer los reveses y dificultades del camino. Su progreso será sin impedimentos, suave y sin retrocesos.”
La siguiente historia puede ayudar a ilustrar esto:
Había una vez, en un pequeño pueblo, un granjero a quien no le alcanzaba la plata para devolver una importante suma de dinero que le había sido prestada por un hombre muy antipático. 
Como el granjero tenía una hija muy linda que despertaba todas las ansias del prestamista, éste último le propuso un trato: le perdonaba su deuda si él le daba a su hija en matrimonio. El granjero y su hija quedaron horrorizados con esta propuesta. 
Entonces el viejo prestamista varió un poco su propuesta sugiriendo que fuera el azar quien determinara si la propuesta iba o no iba. 
Dijo que colocaría una piedra blanca y una piedra negra dentro de una bolsa vacía. La chica debía sacar una de las piedras sin mirar cuál estaba sacando de la bolsa. 
Si sacaba la piedra negra, se casaría con el viejo prestamista y la deuda de su padre se consideraría pagada.
Si sacaba la piedra blanca, no tendría que casarse con el viejo. Pero, para hacer atractiva esta manera de tomar la decisión, la deuda de su padre también en este caso quedaría perdonada. 
Por el contrario, si ella rehusaba entrar en este juego, su padre sería inmediatamente enviado a la cárcel. 
Siempre hablando, el viejo prestamista se agachó para recoger las dos piedras. La chica se dio cuenta de que había recogido dos piedras ambas negras y las había puesto rápidamente dentro de la bolsa. 
Pero ella no dijo nada. 
A continuación, el viejo prestamista le pidió a la chica que tomara una de las piedras que estaban dentro de la bolsa. 
Si uno analiza bien la situación, hay 3 posibilidades: 
1 La chica debería negarse a sacar una piedra.
2) la chica debería sacar las dos piedras negras de la bolsa y demostrar así que el viejo había hecho trampa. 
3) la chica debería sacar la inevitable piedra negra y sacrificarse  casándose para evitar la prisión de su padre.
El dilema de la chica parece que no puede resolverse de manera equitativa: si acepta la propuesta, pierde inevitablemente su felicidad; pero si la rechaza denunciando la trampa, su padre va inevitablemente a la cárcel.
Esto es lo que ella hizo: 
Ella metió la mano en la bolsa y sacó una cualquiera de las piedras pero de inmediato la dejó caer al suelo sin que nadie hubíese tenido tiempo de verla, y se disculpó asustada. Esta piedra se confundió inmediatamente con los cientos de piedras negras y blancas que formaban el camino de entrada a la casa. 
Ay, ¡qué torpe soy!, exclamó la chica. ¿Cómo puede pasarme algo así? Pero, no importa, prosiguió rápidamente. Todo tiene solución.
Se puede saber cuál es la primera piedra que saqué sacando la que queda en la bolsa. Porque si la que queda es blanca, habré sacado la negra y si la que queda es negra, habré sacado la blanca. ¿No es así? 
Le pidió al viejo prestamista que sacara la que quedaba y era negra…
Por consiguiente, la primera piedra que sacó la chica no podía ser sino blanca.
Y como el viejo prestamista no se atrevió a confesar su trampa, la chica transformó una situación que parecía imposible en un desenlace muy ventajoso. Existe una solución para la mayor parte de los problemas complejos. El problema se presenta cuando no miramos las cosas desde el ángulo adecuado.
El poder de la vida se manifiesta cuando hallamos la armonía de la vida. Cuando tenemos armonía interior, decimos la palabra correcta, hacemos las cosas correctas y perdemos todo pensamiento de cálculo. La verdad no habita en la mente de los que carecen de concentración o son esclavos de su egoísmo. 
Nuestras acciones en el mundo están determinadas por nuestra habilidad para diferenciar lo que es correcto de lo que no lo es. En la meditación la fuerza de nuestras facultades abren nuevas avenidas de actividad, se purifica nuestra visión.
Cuando uno se conoce un poco, solo un poco, deja de hacer muchas de las cosas que hace y que son causa de desdicha propia y a veces también ajena. El miedo es lo que trae la miseria, el miedo es lo que trae la muerte, el miedo es lo que engendra el mal. ¿Y qué causa miedo? La ignorancia de nuestra propia naturaleza. Todo el conocimiento está dentro nuestro. Toda la perfección está ya allí en el alma, por lo tanto, cada hombre debe desarrollarse según su propia naturaleza.
Swami Vivekananda decía para ejemplificar esto que acabo de decir: “Si esta habitación hubiera estado a oscuras durante miles de años y entraras y comenzaras a llorar y a quejarte por la oscuridad, ¿se desvanecería la oscuridad? Enciende un fósforo y la luz se hará en un momento. ¿Qué bien te hará pensar toda la vida: he hecho mal, he cometido muchos errores? No se requiere ningún espíritu para contestar esa pregunta. Pon luz y el mal desaparecerá.”

Y así volvemos al principio de nuestra historia, si confiamos en Dios, nos refugiamos en él, si hacemos nuestras prácticas, tal vez no sea difícil darnos cuenta cuál piedra sacar de la bolsa.