miércoles, 24 de junio de 2026

Artículos : CCV : Profesora Leonor Bakún : Acerca del servicio

 



Acerca del servicio

Leonor Bakún

Lo que voy a decir no es novedad para los que transitamos este camino, pero a veces vale la pena recordarlo. Hay cosas que se aprenden y quedan incorporadas a nuestro hacer, por ejemplo, las tablas de multiplicar. No digo el alfabeto porque de ahí a la ortografía hay un paso muy chiquito y confusiones muy grandes, y este no es el tema del que quiero ocuparme hoy.  Lo que sí estoy planteando es que hay saberes que tenemos y no siempre aplicamos y que hay saberes que no aplicamos y otros que deberíamos aplicar o al menos intentar aplicar. Estoy pensando, específicamente, en el servicio, palabra que no nos es desconocida.

Shivamai dijo: “el servicio es un gran secreto, tiene el poder de transformarnos si lo realizamos con la actitud correcta que es hacerlo sin esperar sus frutos, hacerlo por amor a Dios y a tus semejantes.”

El Dios que recibimos de Swamiji, el Dios que encontró Swamiji y que nos legó a nosotros, no es una deidad lejana, sino un Dios que lucha con los problemas del hombre para el bien del individuo y de todos. Es un Dios que da servicio y reclama servicio del hombre.

Sus hijos lo entendieron así. Swami Vivekananda y más tarde los Swamis Abhedananda y Turiyananda abrieron las puertas del corazón de Occidente al mensaje de amor vedántico. Delicado y penoso servicio en el que Swamiji dejó la poca salud que tenía y pasó por terribles padecimientos.

Sister Nivedita escribe: “Cuando Swami Vivekananda regresó de Occidente, la actividad tuvo un nuevo auge encarada sobre una base nacional. El monasterio enviaba sus monjes a prestar socorro en las zonas azotadas por hambrunas; a dirigir los trabajos sanitarios en una aldea o a cuidar a los enfermos y moribundos en un lugar de peregrinación. Un monje fundó un orfelinato y una escuela industrial en Murshidabad; otro, un centro de enseñanza en el Sur. "Estos hombres -decía el Swami- son los 'zapadores' en el ejército de la religión."”

Los Swamis sorprendieron a los sadhus de la época con este revolucionario concepto del servicio como práctica de la religión. La Orden no predicó, actuó y los devotos redescubrieron a Dios, un Dios que llenaba sus estómagos recordando lo que Thakur había dicho: “un estómago vacío no es apto para la religión”. No sólo les daban de comer, sino también curaban sus heridas y los socorrían en las desgracias. La Orden tenía un lema: “Por la propia liberación y por el bienestar del mundo”, y en su hacer lo ponía en práctica.

Thakur dio el ejemplo. A su puerta llegaban los que sufrían y Él los recibía, a veces,  a horas inusuales como cuando Guirish Ghosh llegó tarde, borracho y con dos amigos en el mismo estado. Thakur tomó las manos de Guirish y cantó y bailó sin hacerle reproche alguno. Servicio, amor y alegría fueron sinónimos gracias a Thakur y a sus hijos, que enseñaron que la meta de la vida es alcanzar a Dios y que sirviendo a Dios en el hombre se transita el sendero hacia la meta, porque todos somos iguales para Dios. 

Cuando Thakur le dijo a Narendra que el estómago vacío no es apto para la religión le estaba recordando que los seres humanos tenemos necesidades materiales y que lo inmediato demanda nuestra atención. No es lo mismo algo urgente que algo prioritario. Dios es prioritario, el hambre es inmediato, por eso se convierte en urgente, es vital y salvo muy raras excepciones lo filosófico no suele ser un asunto vital. Justamente por esa razón necesitamos recordatorios de la presencia de Dios. Cuando la convicción de que Dios es el único refugio aparece en una persona, su vida cambia porque su corazón se fortalece.

Shivamai dijo en un programa: “Las diferencias existen, porque cada envase es diferente, pero eso que mora dentro del corazón del universo y en el corazón de cada uno de ustedes, ahí no hay diferencia. Tenemos que ir más allá de las diferencias y una de las cosas que es muy bueno para ir más allá de las diferencias es el servicio. El servicio no pasa por hacer grandes cosas, pasa por tener la amabilidad, algo que se ha perdido tanto en la humanidad, de servir una taza de té a alguien. Eso es servicio. Si nosotros fuésemos capaces de cada acto nuestro hacerlo como servicio, servicio al otro y a nosotros mismos podríamos revertir  muchas cosas. El servicio es un gran, un gran misterio. Es fundamental en el sentido de que empecemos por nosotros mismos, de hacernos servicio a nosotros mismos. Acordarnos de que no somos solamente este cuerpo, querernos y amarnos un poco más. No es hacer grandes cosas hacia la humanidad. Nosotros no podemos dar aquello que no tenemos. El sentimiento de hacer grandes cosas por la humanidad es fabuloso, pero comenzá por vos, por tu familia. ¿De qué vale que de pronto seas muy bueno con la humanidad y tu familia es un desastre? No vale de nada. No busquen fórmulas mágicas, porque todo está bajo el sol hace mucho, mucho tiempo.”

La diferencia entre “servicio” y “ayuda” suele ser sutil, y requiere de aquel que lo practica ser sincero con uno mismo. El servicio es una forma de adoración, por lo tanto requiere que sea sincero, no especulativo y, por sobre todas las cosas, respeto hacia aquellos a quienes se sirve. El reino de Dios es incompatible con la miseria social, por eso la pobreza hay que prevenirla y cuidar que aquel que recibe no se sienta degradado. No es solo dar, es comprender, es tener delicadeza en el trato. Swami Pareshanandaji, en un programa en el que habló sobre este tema puntualizó: “la primera etapa es trabajo y adoración. La segunda etapa es cuando se hace el trabajo como adoración. La tercera es cuando el trabajo mismo es una adoración.”

Se trata de comprender lo que necesita el otro, de acercarse y obrar con amor en el corazón, del modo en que uno se acerca a Dios. El servicio, para que sea servicio, debe ser hecho con la actitud con la que se hace puja. Es a Dios a quien se sirve. El servicio es eso, puja.

Es como el caso del Maestro que le preguntó a un hombre rico que había ido a visitarlo acerca de lo que comía. El hombre respondió que tenía gustos muy sencillos. Vivía de pan, sal y agua. El Maestro se puso furioso y le dijo que un rico tenía que comer como corresponde, los manjares más refinados. El visitante se marchó, prometiendo cambiar su régimen. Los discípulos, sorprendidos, le preguntaron al Maestro la razón de su extraño consejo y éste respondió: “Si come manjares costosos, será capaz de comprender que los pobres necesitan pan. Pero si se alimenta con pan es capaz de imaginar que los pobres pueden arreglarse con piedras.”

Es no hacer alarde de servir a Dios. No hay una sola senda para servir a Dios. Puede hacerse de muchas maneras, a través de la enseñanza, de la oración, en el hombre, ayunando o comiendo son varias de las posibilidades. Cada uno debe observar, cuidadosamente, a dónde lo lleva su corazón. Como dijo Swami Turiyananda: “uno tiene que aprender a vivir dentro de su propia mente y discernir cuál es la actitud espiritual que allí reina.”

Padre Swami Pareshanandaji dijo que “el servicio real es amor. Mientras se siente amor por lo que se hace, esto es servicio. Cuando todavía estamos en el proceso de alcanzar ese amor, estamos tratando de lograr ese estado a través del servicio. Es el ego quien no nos permite manifestar ese amor. Para eso necesitamos de una disciplina espiritual. El trabajo, las prácticas espirituales implican siempre la necesidad de una disciplina, porque a través de ella se logra motivar el espíritu de servicio y ayuda a comprender y realizar las acciones desde el corazón.” 

La Santa Madre explicó que, si bien cuanto más intensamente una persona practica disciplinas espirituales, tanto más se acerca a Dios, también es cierto que no se puede estar dedicado a ello todo el tiempo y que es necesario hacer algún trabajo, considerándolo como dedicado a Dios.

Dijo que la inteligencia del hombre es muy precaria, es como la rosca de un tornillo, si se coloca mal, se pierde el juicio pero si se enrosca bien, uno sigue la senda recta y goza de paz y felicidad. Uno debe recordar a Dios y pedirle recto entendimiento. Por eso es mucho mejor trabajar que permitir a la mente que vague de una a otra parte, porque cuando la mente tiene rienda suelta, crea mucha confusión. Estar dedicado a servir a Dios en el hombre no es menos espiritual que practicar austeridades.

Estamos viviendo tiempos difíciles que hay que transitar con mucho cuidado para no herir sensibilidades. Tiempos en que el lema de la Orden: “Por la propia liberación y por el bienestar del mundo” se puede volver posible gracias a este precioso legado: “Servir a Dios en el hombre”.

Y nadie mejor para describir el servicio que la pluma poética de Swamiji en estas líneas que escribió en bengalí:

“¡Oíganme herederos de lo infinito!

Dentro de su corazón

está el océano de amor.

¡Den sin medida, den sin temor!

El océano del que pide recompensa

se reduce a una gota de agua.

Desde el más elevado Brahman

hasta el gusano y el átomo, 

por doquier el mismo Dios todo-amor.

Amigo mío: ofrece a Sus pies

tu mente, tu cuerpo y tu alma.

Ante ti están Sus múltiples formas.

Ignorándolas, ¿dónde buscas a Dios?

Quien ama a todos sin distinción

es quien mejor adora a su Dios.



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