sábado, 11 de julio de 2026

Artículos : Lic. Arturo Flier : Swami Vivekananda y el futuro: ¿vivimos en una época de oscuridad... o de oportunidad?

 


Swami Vivekananda y el futuro: ¿vivimos en una época de oscuridad... o de oportunidad?


Buenas tardes.

Quisiera comenzar con una pregunta.

¿En ocasiones no sienten que el mundo está perdiendo el rumbo?

Guerras, polarización política, ansiedad, desconfianza en las instituciones, relaciones humanas cada vez más frágiles.

Si alguien describiera nuestra época con esas palabras, pensaríamos que está hablando del siglo XXI.

Sin embargo, esa descripción tiene miles de años.

En la tradición hindú existe una idea fascinante: la humanidad atraviesa extensos ciclos históricos llamados Yugas. Hoy vivimos en el Kali Yuga, la era de mayor confusión espiritual y moral.

Pero antes de explicar qué significa eso, vale la pena detenernos en una idea central.

Para Swami Vivekananda, el universo no tiene un comienzo ni un final definitivos.

Respira- Se expande - Se contrae -Vuelve a nacer.

Cada uno de esos ciclos recibe el nombre de Kalpa y dura 4.320 millones de años.




Lo extraordinario es que S. Vivekananda hablaba de estas escalas cósmicas cuando gran parte de Occidente todavía pensaba que el universo tenía apenas unos pocos miles de años. 

Incluso científicos destacados como Nikola Tesla quedaron profundamente impresionados por esa visión de un universo dinámico y cíclico.

Pero para Swamiji lo importante no era la astronomía. 

Era la condición humana. Porque si todo cambia continuamente, entonces también nuestras propias crisis son transitorias. 

Lo permanente no es el mundo exterior. Lo permanente es nuestra verdadera y profunda naturaleza.

Ahora bien...

Si vivimos en el Kali Yuga, ¿qué caracteriza a esta época?

Los antiguos textos hablan de cuatro grandes rasgos.

Primero, el predominio del materialismo.

El éxito se mide por lo que tenemos más que por lo que somos.

Segundo, la pérdida de confianza.

La verdad se vuelve confusa y las relaciones se vuelven cada vez más transaccionales (te doy si me das”).

Tercero, la agitación mental.

Vivimos hiperestimulados, incapaces de sostener la atención durante mucho tiempo.

Y cuarto, el crecimiento del egoísmo y la fragmentación social.

¿Les resulta familiar?

Lo interesante es que S. Vivekananda no veía esto como una condena.

Veía exactamente lo contrario.

Decía que los tiempos difíciles son los que producen las almas más fuertes.

Y afirmaba algo que parece paradójico:

En la era más oscura es también donde el crecimiento espiritual puede ser más rápido.

¿Por qué?

Porque un pequeño acto de conciencia tiene un efecto mucho mayor cuando todo alrededor parece perder el equilibrio.

Por eso proponía cuatro prácticas extraordinariamente simples.

La primera era el Karma Yoga.

Trabajar con excelencia, pero sin quedar esclavos del resultado.

Hacer del servicio a los demás una forma de crecimiento personal. "Aquel que sirve a los seres vivos, sirve a Dios"

La segunda era el Raja Yoga.

Dedicar cada día algunos minutos a entrenar la mente.

No dejar que la ansiedad gobierne nuestra vida.

La tercera era el Jnana Yoga.

Aprender a preguntarnos quiénes somos realmente.

No identificarnos completamente con nuestros miedos, nuestros fracasos o nuestras circunstancias. "Yo no soy este cuerpo físico propenso a enfermar, ni esta mente propensa a la ansiedad; soy el Atman (el Ser eterno)"

Y la cuarta era el Bhakti Yoga.

Transformar nuestras emociones en amor, compasión y servicio.

No desperdiciar nuestra energía emocional en resentimientos permanentes. Es el amor universal: dado que el Kali Yuga debilita la voluntad racional, el sendero del amor es el más accesible. Consiste en dirigir la inmensa carga emocional que el ser humano desperdicia en pasiones mundanas hacia un ideal divino supremo o hacia el bienestar de la humanidad

Quizás hoy podríamos resumir toda la enseñanza de Vivekananda en una sola frase.

No podemos elegir la época que nos tocó vivir.

Pero sí podemos elegir la conciencia con la que la atravesamos.

Tal vez el verdadero desafío del siglo XXI no sea únicamente desarrollar inteligencia artificial.

Sino desarrollar seres humanos más conscientes.

Porque, como repetía S. Vivekananda:

"Cada alma es potencialmente divina."

Y nuestra tarea no consiste simplemente en sobrevivir a esta época.

Consiste en manifestar esa divinidad en medio de ella.





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