jueves, 15 de agosto de 2019

Articulo: Counselor Veronica Pomerane (3-08-19)




Ya que ninguno de nosotros somos conscientes de que la realización de Dios es nuestro verdadero próposito en la vida, continuamos repitiendo los mismos goces y sufrimientos una y otra vez. Desgastamos nuestras energías en objetivos efímeros con la esperanza de encontrar la infinita recompensa en lo finito. Solo después de decepciones y adversidades es cuando, por fin, el discernimiento espiritual comienza a despertar en nosotros pues comenzamos a aprender que nada en este mundo nos puede dar satisfacción duradera. Es entonces cuando empezamos a ver que nuestro deseo por una felicidad permanente se puede realizar únicamente en la verdad eterna de Dios.
Esta perfección es nuestra herencia. En las palabras de San Pablo: 
"Porque el mismo Espíritu da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios: Y si somos hijos, tambien herederos: herederos de Dios y coherederos
de Cristo". 
Pero donde debemos buscar la perfección?
Dónde esta Dios? Vedanta señala que hay un cimiento divino debajo del universo con nombre y forma. Los hindués lo llaman Brahman, los cristianos lo llaman Divinidad. Ya que la Divinidad es omnipresente, debe estar dentro de cada criatura y objeto en el universo. En su aspecto inmanente, los hindúes lo llaman Atman, el Ser interior.
Atman y Brahman son uno y lo mismo. El ser humano primero tiene que realizar el Atman dentro de si mismo, para que después pueda realizar a Brahman en cualquier parte.
Patanjali, el padre de la psicología india, explicó la existencia de la divinidad en el ser humano por medio de una ilustración agrícola. El granjero que riega una de sus siembras con el agua de una represa no necesita traerla de otra parte. El agua ya está ahí. Todo lo que tiene que hacer es abrir la compuerta y el agua correrá a la siembra impulsada por la fuerza de la gravedad. El "agua" es la fuerza de la evolución que, según Patanjali, todos tenemos dentro y solo espera ser liberada de la represa. Por nuestros esfuerzos y por la gracia de Dios, "las compuertas se abren", el agua corre y riega la siembra: esta da su cosecha, y por lo tanto, se transforma.
Cristo dijo muy claramente, como lo han hecho otros grandes maestros espirituales, que el ser humano debe buscar a Dios dentro de sí mismo. El Evangelio según San Lucas dice:
 "El reino de Dios no vendrá con advertencia;
Ni dirán: Helo aquí, o helo allí: porque he aquí que el reino de Dios está entre vosotros". 
Algunos teólogos han interpretado "entre vosotros" como decir "en medio de
vosotros", como si Cristo hubiese querido decir que el reino de Dios estaba entre sus discípulos. Pero si no aceptamos la declaración de Cristo refiriéndose a la divinidad dentro del ser humano, ¿Cómo vamos a entender su oración al Padre:
"Yo en ellos y Tú en mi, para que sea consumadamente una cosa. “.
 Y el recordatorio de San Pablo a los Corintios: "¿Oh no saben que sus cuerpos son templo del Espíritu Santo, que habita en ustedes y que han recibido de Dios?"
Los Upanishads enfatizan:
"Alcanza la liberación aquí y ahora, no después que caiga el cuerpo”.
Si no hemos sido capaces de trascender el odio, los celos y las pasiones en esta vida, no podremos trascenderlos después de muertos: porque nos llevamos las mismas cualidades de la mente al otro mundo. Es aquí en la tierra, en esta vida, que tenemos que alcanzar el Conocimiento unificador de la Divinidad y gozar de la Dicha celestial.
Sri Ramakrishna acostumbraba a decir:
"Un fósforo mojado no enciende, no importa cuántas veces lo intentes; sólo echa humo. Pero una cerilla seca enciende inmediatamente, aún frotándola ligeramente una sola vez. El corazón del devoto sincero es como la seca, la mera mención del nombre del Señor enciende el fuego del amor en su corazón. Mientras la mente del hombre mundano, que está remojado en la lujuria y apego a las riquezas, resiste todo a ser encendido, tal como la cerilla
mojada. Mientras perdure un solo deseo mundano, Dios no se podrá encontrar”.
La renunciación total nos conduce al amor de Dios tal y como está expresado en la oración de Sri Ramakrishna a la Divina Madre: 
"Aqui está Tu ignorancia y aquí está Tu conocimiento; tómalos y otórgame puro amor por Ti. Aquí está Tu virtud y aquí está Tu pecado; aquí está Tu mérito y aquí Tu demérito; aquí está el bien y el mal; Tómalos todos y Dame sólo puro amor por Ti”. 
Hay muy pocos aspirantes que desde el principio de su vida espiritual tienen discernimiento y amor por Dios sin interés, reconociendo que es la única Realidad singular. 
La mayoría de los devotos se entregan a Dios, para liberarse de las tribulaciones y miserias de la vida o para satisfacer algún deseo incumplido. Esto no importa. Como Sri Krishna señala en el Bhagavad-Guita:
“El aspirante, sin importar por qué busca a Dios, en realidad es noble. 
Pero aquellos que conocen las vanidades del mundo transitorio y buscan a Dios solamente por amor a Él, Ellos son mi mero Ser; son mis queridos". 
En el transcurso de nuestro progreso espiritual llega un momento en que aprendemos a amar a Dios por amor, sin ningún otro motivo.
Hay dos características de la pureza: la primera es elevarse por encima de la dualidad o relatividad; y la otra es amar a Dios con amor y, por lo tanto, entrar en Su reino.
Este amor puro es sinónimo de aquella pureza que nos da la visión de Dios.
La pureza de corazón está en el recuerdo constante de Dios.
El constante recuerdo de Dios nos da unión con Dios.
Cuando la mente se tranquiliza como una laguna en calma sin ninguna ola, entonces Dios, que mora en lo más recóndito del corazón, se nos revela.
¿Cómo calmamos la mente y la liberamos de las ondas del pensamiento? Algunas personas creen, erróneamente, que se controla la mente tratando de ponerla en blanco o inconsciente. Por ejemplo, cuando estamos en un sueño profundo, no hay ola o pensamiento o contenido de conciencia. Estamos inconscientes. Y¿qué realizamos con eso? Cuando despertamos de ese estado nos encontramos que todavía tenemos el mismo bulto de viejas impresiones y memorias. La calma que necesitamos adquirir no es la inconsciencia, sino la más elevada forma de actividad.
Imaginen un carruaje tirado por cuatro caballos poderosos, puestos en la orilla de un precipicio. El carretero tiene las riendas con las manos apretadas, y así mantiene un control perfecto sobre los caballos. 
Este control, es el estado de una mente libre de distracciones. Se puede alcanzar solo después de una limpieza total de la mugre y barro que se han acumulado en la mente. 
San Pablo expresó la misma verdad cuando dijo: 
"Transfórmense mediante la renovación de su mente".
Para que pueda haber una renovación completa de la mente, debemos encontrar las causas principales de las impresiones que nos estorban. Patanjali, el gran psicólogo de India, señaló las causas principales:
- ignorancia, egoísmo, apego y el deseo de adherirse a la vida. 
De éstas, la ignorancia es la madre. Esta ignorancia es universal, afectando a los cultos y también a los iletrados.
El conocimiento enciclopédico no es sabiduría. La sabiduría verdadera surge cuando nuestro ser verdadero, la realidad suprema del universo, nos es revelado.
¿Cuál es la naturaleza de esa ignorancia que es declarada universal? 
Tiene dos funciones: primero, nos hace olvidar nuestra verdadera naturaleza. En segundo lugar, desarrolla algo que no existe. Nuestro sentido del ego.
Todos los grandes santos y profetas nos enseñaron que la realidad fundamental, nuestra naturaleza verdadera, es una con Dios. Cristo dijo: 
"Yo y el Padre una cosa somos". 
Los videntes védicos declararon: 
"Aquello eres tú". 
Pero ¿somos concientes de que nuestra naturaleza es pura, perfecta y divina? La ignorancia nos ha hecho olvidar quiénes somos de verdad, a la vez que ha creado un sentido del ego en cada uno de nosotros. Es este sentido del ego el que nos separa de Dios y hace de la humanidad una multitud de individuos separados. Con paciencia y perseverancia debemos disciplinar la mente hasta que alcancemos la raíz de la ignorancia, el ego. Este ego, entonces, se entrega a Dios. 
Identificarse con la divinidad interior reconociendo que uno no es el cuerpo, ni la mente, ni los sentidos, ni ningunas de las fundas que cubren el ser verdadero.
Shankara dice: 
"El hombre no nace para desear la vida en el mundo de los sentidos, sino para realizar la dicha de ser un alma libre en unión con Brahman".
Alcanzar la perfección en unión con la Divinidad y así gozar la dicha de un alma libre, es el único propósito de la vida. 
Si retomamos el tema del Amor:
Todos queremos y necesitamos el cariño de un padre, una madre, un amigo o un bienamado, no reconociendo que es, en verdad, un deseo de amor por Dios y nada más.
Eso explica por qué, en nuestras relaciones humanas, nos sentimos frustrados y solos, porque el amor que conocemos y expresamos es meramente una sombra. No somos conscientes de que es sólo un reflejo del infinito Dios, que mora en cada corazón esperando ser manifestado.
Esta es la verdad que tenemos que reconocer: que ese gran amor de Dios nos atrae, pero lo interpretamos mal.
Y para entenderlo de manera acertada, para encontrar consumación dentro de nosotros mismos, debemos dirigir ese amor hacia Dios, que mora en nuestro corazón, y que es el Amor mismo.
Esto no quiere decir que el amor humano sea algo Impropio o erróneo y se deba evitar. Al contrario, es una experiencia por la que cada alma tiene que pasar antes de que pueda realizar a Dios. A través del amor humano, cualidades como la bondad y el desinterés, son desplegadas.
Pero cuando el alma aprende que a través del repetido sufrimiento la naturaleza de este amor es transitoria porque es humano, comienza a añorar un sentimiento eterno que solo se puede lograr en el plano espiritual. El cariño
humano no necesariamente se tiene que desenraizar; se puede transformar en un amor divino cuando el objeto de adoración no es un ser humano, sino Dios mismo. Después de todo, la verdad es que el universo que percibimos, está compuesto de nombres y formas, y ellas están súper impuestas por nuestras mentes sobre nuestro Ser verdadero, el Espíritu que todo lo penetra.
En los Upanishads leemos que el sabio Yayñavalkia instruyó a su esposa Maitreyi:
"No es por el interés del esposo que es querido, sino por el interés del Ser. No es por el interés de la esposa que es querida, sino por el interés del Ser. No es por el interés de los hijos que son queridos, sino por el interés del Ser. No es
por el interés en sí mismo que cualquier cosa es estimada sino por el interés del Ser".

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