domingo, 25 de noviembre de 2018

SEGUIR APRENDIENDO: Counselor Veronica Pomerane: (24/11/18)




Con la concentración en “Om” se obtiene una gran percepción, eliminando otros pensamientos y cerrando los sentidos a cualquier otra cosa. Así se obtiene una gran
ayuda. Esta repetición de “Om” se convierte en un maestro de concentración y facilita el perfeccionamiento.
En realidad se está influido permanentemente por todo lo externo y por las percepciones sensoriales, pero podemos evitarlo a través de la concentración.
Cualquiera que posea aspiraciones elevadas debe superar todo obstáculo y captar del exterior energías para la elevación, aprovechando cualquier circunstancia o situación. La práctica perseverante nos convertirá en maestros en el control de nuestro cuerpo y nuestros pensamientos.
Autoconocimiento y autorealización es conocer nuestra auténtica naturaleza. No hay diferencia entre el Yo y el Yo universal. Hay que trascender todo egotismo y alcanzar el
yo real. Quién soy yo? Tal es la pregunta.
No se puede expresar que es exactamente el yo. El hombre lo identifica con su cuerpo, su mente, sus emociones. Pero yo es mucho más que eso. No es nada fácil comprender
que es realmente. Uno dice” mi mano soy yo”, pero yo soy algo más. La verdad es que con el yo se quieren decir muchas cosas diferentes. Pero hay que tomar consciencia
lúcida del yo como algo más que el cuerpo, la mente y las emociones. El hombre ordinario se identifica con ellos, pero esto es completamente diferente con el jivanmukta, pues él sabe que no es nada de eso. Tiene conciencia de su yo. Es la pura conciencia, que es lo que hay que tratar de rescatar. Esta consciencia no es un objeto y hay que indagar sobre ella. La pura consciencia es el Sí-mismo.
Aunque uno no lo haya descubierto, está en todos nosotros, igual que los objetos están en una habitación, aunque por no haber luz no los veamos. La consciencia pura es el conocimiento más elevado. Hay que buscar y buscar.
La gente se conoce a través del nombre, las formas y las apariencias, pero eso es sólo las vestiduras y el hombre es mucho más que eso. Esta identificación nos hace felices, alegres, desgraciados o apenados, pero cuando desaparece,
todo problema desaparece. Si uno se dice, por ejemplo, "este libro es mio uno se identifica con él y si no lo posee, ya no es feliz. Ese es el gran problema;
pero si uno no se identifica con el libro, siguiendo con el mismo ejemplo, no habrá ausencia de felicidad, aunque uno no lo posea. Uno obtiene entonces la libertad y la independencia; se ha conseguido el autocontrol y el
autoconocimiento. El verdadero conocimiento, tengámoslo siempre presente, es el conocimiento del yo. Es el conocimiento que nos hace libres para siempre. La mente está dispersa porque hay demasiados deseos. Hay, además, muchas cosas que se quieren hacer: hablar, ver, degustar, etc., y no hay concentración. Se hacen muchas cosas, pero no se hace ninguna. Saltamos con nuestra mente de una a otra cosa de continuo. Pero cuando de veras se hace algo, con toda atención, entonces hay una auténtica concentración. La mente se concentra con mucha intensidad si la canalizamos sobre algo que despierte al
máximo toda nuestra atencion.
Hay que encontrar aquello que realmente queremos y perseguirio con tenacidad. Debemos aprender a controlar nuestros pensamientos, sobre todo aprender a
eliminar cualquier pensamiento que adormezca o deteriore la mente. Cuando estamos muy interesados en algo, la mente se mantiene muy alerta.
Debemos elegir algo que despierte nuestro interés e intensificar al máximo nuestra atención mental. Asi nos preparamos para la concentración y la meditación.
La meditación no es nada fácil, porque la mente se dispersa y acuden ideas parásitas.
La concentración exige también la canalización de la mente. En el yoga, la meditación es una concentración muy profunda. Toda la mente se deposita en un solo punto.
La meditación verdaderamente yóguica debe llegar a ser pura, es decir, libre de todo pensamiento. Entonces todo el ser se llena del soporte de la meditación y a través de ella llegamos a experimentar nuestra naturaleza real y lo hacemos de una manera plena, total.
La quietud interior nos permite ir hacia nuestra naturaleza real, nos facilita enormemente el camino.