miércoles, 24 de octubre de 2018

Artículo: Desenvolviendo la Realidad por Prof. José Astigueta




Desenvolviendo la Realidad

Si juntara todas las opiniones de los aquí presentes acerca de “qué es la realidad”, seguramente obtendría muchas opiniones distintas, porque la realidad en la que vive cada uno depende fuertemente de  experiencias de cada uno y de la filosofía que adoptamos para entender este mundo tan complejo. En esta charla vamos a ir pelando esta cebolla que llamamos realidad y vamos a ir quitándole las distintas capas que encontremos, para llegar al meollo de la cuestión.
En esta realidad que vivimos existe una base común que nos permite comunicarnos. Por ejemplo, ahora les estoy hablando y seguramente estamos de acuerdo en que esta es una realidad que todos  estamos viviendo. Ustedes escuchando y el que les habla, hablando. ¿De qué se trata esta realidad? Es una realidad basada en los sentidos, en donde lo material juega su papel de actor principal. Las palabras hacen vibrar sus tímpanos y de ahí la señal va al oído medio en donde se convierte en vibraciones mecánicas,  en sutiles corrientes eléctricas. Estas actúan sobre determinadas neuronas en sus cerebros, es aquí donde se combinan para convertirse en “información”, de aquí van al hipotálamo u otros centros para confrontar esta nueva información con lo que ya tenemos en la memoria. Si esta nueva información armoniza con lo anterior sentimos gusto o agrado. Si no es así y contradice lo anterior, sentimos disgusto y posiblemente se producirá enfrentamiento pues nos irrita la información contradictoria. Por el simple hecho que la información contradictoria es desinformación. Es aquí que la filosofía o la religión que adoptamos nos ayuda a descartar la información que no encaja. Es necesario que la “realidad” que aceptamos sea coherente, de lo contrario caemos oscuras confusiones. En estas condiciones nos invaden preguntas como: ¿Por dónde ir? ¿Qué hacer? ¿Qué es todo esto?
La ciencia se jacta de desnudar los secretos de la “Realidad” y es verdad que el entendimiento de las leyes de la Naturaleza, nos ha permitido hacer maravillas: como ir y volver a la luna, producir enormes energías del átomo mismo y ¿cuántas cosas más? Sin embargo, todo esto queda limitado a nuestro mundo exterior. Por otro lado, no hemos cambiado mucho nuestro mundo interior seguimos siendo: codiciosos, lujuriosos, envidiosos, miserables y etc… Eso es viéndolo desde nuestro lado oscuro, pero desde nuestro lado luminoso también somos: generosos, amorosos, incondicionales, bondadosos…

La Primera capa: lo material.
Comencemos analizando un poco esta “realidad material” que la ciencia ha estudiado minuciosamente y ha concebido con sólidos conocimientos. La ciencia nos ha brindado una buena coherencia en el entendimiento de todo lo que vemos, oímos, gustamos, tocamos y olemos. Sin embargo, la ciencia nos enseña que los objetos sólidos que vemos y tocamos están compuestos, en un 99%, de vacío. Sí, nuestro mundo material es hueco. La teoría atómica nos explica que la materia está compuesta por subpartículas que se agrupan formando átomos; estos a su vez también se agrupan y forman moléculas. Estas se congregan en formas geométricas para formar sistemas aún más complejos, pero en realidad, entre todos estos átomos, moléculas y sistemas todo es casi vacío. Así, esta realidad material tan sólida que percibimos es solo una ilusión fantasmagórica… Antes de Einstein el mundo material se dividía en dos categorías la Masa y la Energía, la masa era el cuerpo del universo y la energía lo que manejaba ese cuerpo.  En ese tiempo había dos leyes clásicas:
La masa con su ley de Lavoisier o la ley de conservación de la materia:  La masa no se pierde ni se crea solo se transforma.
La primera ley de la termodinámica: La energía no se pierde ni se crea, cambia de forma ya sea en la forma de calor o en la forma de trabajo.
Einstein unió estas leyes en su famosa ecuación: E=M. C2
La realidad material finalmente se reduce todo a “Energía”, de este modo el universo todo pasa a convertirse en una enorme pileta de energía.
Después vino la teoría cuántica, que agregó un saber más profundo de lo que es la materia, estudiando lo super pequeño. Enseña que todo lo material tiene un comportamiento dual, puede comportarse como una partícula que tiene su masa, posición y movimiento. Pero también, se puede comportar como una onda con su frecuencia y amplitud. Hasta ese momento eran dos cosas diametralmente distintas.
Acá apareció lo impensable en la ciencia, pues esta situación, invalidaba el método científico de Descartes. La materia ahora podía comportarse como una partícula o como una onda, y esto depende del diseño del experimento (la voluntad) del observador. De aquí salen los siguientes corolarios:
-El observador no es independiente del experimento.
-Solo podemos conocer parte de la realidad, por ejemplo, si conocemos con exactitud la energía de un electrón es a costa de no saber adónde está.
-Por ser la materia en parte una onda, las ondas interactúan entre sí. Así, todo queda interrelacionado entre sí.
-La energía puede tomar ciertos valores permitidos, la energía está cuantificada.
Esta situación es algo muy distinto de lo que nos enseñaron en el colegio. La materia, tal como la conocíamos, se ha desdibujado y se torna muy distinta a lo que percibimos a través de los sentidos, se ha vuelto vacua, sutil y misteriosa.
Segunda capa: Lo mental
Vivekananda decía que al percibir un objeto “X” en realidad estamos percibiendo un “X+Y”, el componente “Y” es lo que sobrecarga nuestra mente sobre el “X” percibido exterior.
Cuando hablamos de la “Realidad” debemos incluir nuestro mundo interno (el Y). Es aquí donde asimilamos la información que tomamos del exterior. Es en nuestro mundo interior donde digerimos la información exterior (X) para armar algo que sea coherente y que satisfaga nuestro entendimiento de esa realidad. Las experiencias que cada uno procesa se van a ir coloreado con el “Y” (tonalidad) de la mente que lo elabora. No hay dos mentes iguales, no existe una mente “tabula rasa”. Cada mente que entra a este mundo ya viene marcada. Esto hace que la percepción de cada uno sea algo distinta. Un mismo hecho a algunos les producirá una alegría enorme, mientras que a otros les dará fastidio e irritación (algo muy común en los hechos políticos).
Nuestros deseos y las perspectivas de nuestra vida, colorean nuestra mente de una manera muy personal, y por eso son verdaderas huellas digitales que determinan nuestra personalidad. Cuanto menos deseos tengamos, más libre va a estar nuestra personalidad, nuestra “Y”, entonces nuestra percepción va a estar menos coloreada”. Cuanto más pura sea nuestra percepción menos distorsionada va a ser la “realidad” que percibimos todos los días. La famosa componente “Y” va a ir desapareciendo paso a paso.
Cada uno de nosotros tiene su propia mente que se alimenta de dos fuentes: Primero, lo que percibe del mundo externo, Segundo, la inspiración que proviene de lo más íntimo de nosotros mismos, digamos “nuestro mundo interno”.
La palabra “pureza” se define como la propiedad que determina la contaminación de una substancia. Si digo que algo es 100% puro indica que eso está formado por una sola substancia. Por ejemplo, si digo que tengo oro puro, estoy diciendo que tengo oro al 100%. La pureza mental indica que no tengo ningún deseo, o que tengo un sólo deseo que la ocupa. Lamentablemente, nuestras mentes corren detrás de miles de deseos creando fuertes corrientes de pensamientos, llenos de vórtices y remolinos que despilfarran la energía mental en forma improductiva. Esta situación nos sumerge en la más negra confusión. También existe en nosotros una fuerte tendencia de proyectarnos al futuro y eso nos saca del contexto del presente, para vivir situaciones imaginarias del futuro. Estos ejercicios mentales también consumen enormes cantidades de energía empobreciendo la base energética, que necesitamos para percibir y entender el presente.  
Si nuestra mente logra disminuir de algún modo sus muchos deseos, va a escuchar una voz desde lo profundo de su alma. Una voz que nos enseña lo que es bueno para nosotros. Esa es la voz de la consciencia que desde lo íntimo nos indica el buen camino:
-Esa voz es pasiva, no impone nada, está en nuestro libre albedrío escucharla o no.
-Esa voz en la base de toda ética y moral.
-Esa voz nos enseña a interpretar la Realidad y a vivirla dignamente.
-Es esa voz la que nos regala poemas, cantos, e inspiraciones de todo tipo.
-Es la voz que reclama nuestras faltas, y que nos permite arrepentirnos del mal hecho.
Hay gente que se ha vuelto completamente sorda a esa voz, ya sea por su continua indiferencia o porque ya venía así desde que entró al mundo. Los casos más extremos son llamados psicópatas, porque ya presentan una destacada anomalía mental. Ellos al cometer actos despreciables no sienten remordimiento alguno, pues han aniquilado su voz de la consciencia. Algunos hasta llegan a ser “asesinos seriales” que hasta se jactan de serlo.
Tercera capa: La espiritual
Algunos entre miles van comprendiendo que la “Realidad” no es cosa de ningún mundo. Comienzan entonces a esforzarse mediante prácticas espirituales para descubrir esa “Realidad”. Entre miles, solo algunos la llegan a percibir con claridad. A estas alturas ya no hay “X” pues nos hemos vuelto 100% introspectivos, ni tampoco un “Y” ya que la mente se ha purificado, y entendemos finalmente que tanto el “X” y el “Y” eran pálidos reflejos de esa “Luz de luces” que proviene de Brahman: “Lo Uno sin segundo”.
Pero antes de llegar a ese sublime estado, vamos comprendiendo poco a poco que esa famosa “X” del mundo exterior, es lo que justamente dice la física de hoy: un vacuo fantasmagórico. Descubrimos que lo sólido del mundo exterior viene de lo sutil, y esto a su vez de lo más sutil hasta llegar a un último o primer pensamiento: ¡Qué se haga la luz!
Vamos descubriendo que nuestra vida cotidiana de vigilia, se nos hace tan “real” simplemente por los apegos que tenemos. A medida que vamos aflojando los nudos que nos atan a tan rígidas estructuras, vamos dándonos cuenta de que el mundo de nuestros sueños no es algo disparatado como lo creemos ahora. Sri Ramakrishna en varias partes de su Evangelio pregunta a varios devotos si han tenido sueños con su persona, si han recibido algún mantra en el sueño, pues él consideraba eso como algo muy auspicioso. En el Mandukya Upanishad, el Rishi nos enseña que en el estado de sueño con ensueño uno está más cerca de la “Realidad” que en el estado de vigilia. También enseña que el estado de sueño profundo o sin ensueño está aún más cerca de la Realidad que el estado del sueño con ensueño. Estos tres estados los vivimos diariamente, pero por lo visto, nuestro sentido de la realidad esta totalmente invertido. Es un hecho que si no tenemos el descanso reparador del sueño profundo, nos enfermamos o enloquecemos. Es una tortura muy usada hoy en día, el no permitir que la persona entre en su sueño profundo, quiebra rápidamente al torturado, sin dejar marca alguna.
Finalmente, una persona avanzada en la experiencia espiritual entra en el Cuarto Estado llamado “Turiya” que es la “Realidad” misma. Allí, comprende que nunca hubo otra realidad más que Brahman: Existencia, Conocimiento y Dicha absolutos.

Así desenvolvimos la cebolla de la realidad capa tras capa, para darnos cuenta que nada especial hay afuera o adentro, que es la cebolla en sí la única “Realidad”.