miércoles, 24 de octubre de 2018

Artículo: Avisos a un religioso... Counselor Veronica Pomerane (20.10.18)






SAN JUAN DE LA CRUZ
AVISOS A UN RELIGIOSO PARA ALCANZAR LA PERFECCIÓN (Cuatro Avisos a un religioso)

El que quiera ser verdadero religioso y cumplir Dios, y aprovechar de las virtudes y gozar de las consolaciones y suavidad del Espíritu Santo, no podrá si no procura ejercitar con grandísimo cuidado los cuatro avisos siguientes, que son: resignación, mortificación, ejercicio de virtudes, soledad corporal y espiritual.
1. Para guardar lo primero, que es resignación, le conviene que viva de tal manera en el monasterio como si otra persona en él no viviese. Y así, jamás se entremeta, ni en palabra ni de pensamiento, en las cosas que pasan en la comunidad ni con las personas, no queriendo notar ni sus bienes, ni sus males, ni aunque se hunda el mundo. Ni querer advertir ni entremeterse en ello, para guardar el sosiego de su alma; acordándose de la mujer de Lot, que, porque volvió la cabeza a mirar los clamores y ruido de los que perecían, se volvió en dura piedra (Gn. 19, 26).
Esto es menester guardar con gran fuerza, porque con ello se librará de muchos pecados e imperfecciones y guardará el sosiego y quietud de su alma.
Y esto importa tanto, que por no guardarlo muchos religiosos, no sólo nunca les lucieron las otras obras de virtud y de religión que hicieron, mas bien fueron siempre hacia atrás de mal en peor.
2. Para obrar lo segundo y aprovecharse en ello, que es mortificación (molestias), le conviene poner en su corazón esta verdad, y es que no ha venido a otra cosa al convento sino para que lo trabajen y ejerciten en la virtud, y que es como la piedra, que la han de pulir y labrar antes que la asienten en el edificio.
Y así, ha de entender que todos los que están en el convento no son más que oficiales que tiene Dios allí puestos para que solamente lo trabajen y pulan y que unos le han de labrar con la palabra, diciéndole lo que no quiera oír; otros con lo que haga, haciendo contra él lo que no quisiera sufrir; otros con la condición, siéndole molestos y pesados en sí y en su manera de proceder; otros con los pensamientos, sintiendo en ellos o pensando en ellos que no le estiman ni aman.
Y todas estas molestias debe sufrir con paciencia interior, callando por amor de Dios, entendiendo que no vino a la Religión para otra cosa sino para que lo labrasen así y fuese digno del cielo. Que, si para esto no fuera, no habría para qué venir a la Religión, sino estarse en el mundo buscando su consuelo, honra y crédito y sus anchuras.
Y este segundo aviso es totalmente necesario al religioso hallar la verdadera humildad, quietud interior y gozo en el Espíritu Santo. Y, si así no lo ejercita, ni sabe ser religioso, ni aun a lo que vino a la Religión; ni sabe buscar a Cristo, sino a sí mismo; ni hallará paz en su alma, ni dejará de pecar ni de turbarse muchas veces.
Porque nunca han de faltar ocasiones en la Religión, ni Dios quiere que falten, porque, como trae allí a las almas para que se prueben y purifiquen, como el oro con fuego y martillo (Eccli. 2, 5), conviene que no falten pruebas y tentaciones de hombres y de demonios, fuego de angustias y desconsuelos.
En las cuales se ha de ejercitar el religioso, procurando siempre llevarlas con paciencia y conformidad con la voluntad de Dios.
3. Para obrar el ejercicio de virtudes, le conviene tener constancia en obrar las cosas de su Religión y de la obediencia, sin ningún respeto al mundo, sino solamente por Dios. Y para hacer esto así y sin engaño, nunca ponga los ojos en el gusto o disgusto que se le ofrece en la obra para hacerla o dejarla de hacer, sino a que hay que hacerla por Dios. Y así, ha de hacer todas las cosas, sabrosas o desabridas, solo para servir a Dios con ellas.
Y para obrar fuertemente y con esta constancia y llevar a cabo las virtudes, tenga siempre cuidado de inclinarse más a lo dificultoso que a lo fácil, a lo áspero que a lo suave, y a lo penoso de la obra y desabrido que a lo sabroso y gustoso de ella, y no andar escogiendo lo que es menos pesado, pues es carga liviana y cuanto más carga, más leve es, llevada por Dios. Procure también siempre que tus Hermanos sean preferidos a él en todas las comodidades, poniéndose siempre en el más bajo lugar, y esto muy de corazón, porque éste es el modo de ser mayor en lo espiritual, como nos dice Dios en su Evangelio.(Lc. 14, 11).
4. Para obrar lo cuarto, que es soledad, le conviene tener todas las cosas del mundo por acabadas.
Y de las cosas de allá fuera no tome en cuenta ninguna, pues Dios te ha ya sacado y descuidado de ellas. El negocio que pudiere tratar por tercera persona no lo haga.
No quiero decir por esto que deje de hacer el oficio que tiene, y cualquiera otro que la obediencia le mande, con toda la solicitud posible que fuere necesaria, sino que de tal manera lo haga que nada se le pegue en él de culpa, porque esto no lo quiere Dios ni la obediencia.
Para esto procure ser continuo en la oración, y en medio de los ejercicios corporales no la deje. Ahora coma, ahora beba, o hable o haga cualquier otra cosa, siempre ande deseando a Dios y aficionando a él su corazón, que es cosa muy necesaria para la soledad interior, en la cual se requiere no dejar el alma parar ningún pensamiento que no sea enderezado a Dios y en olvido de todas las cosas que son y pasan en esta mísera y breve vida.
Si estas cuatro cosas guarde, muy en breve será perfecto, las cuales de tal manera se ayudan una a otra, que, si en una falte, lo que por las otras va aprovechando y ganando, la que le falta se le va perdiendo.