viernes, 21 de septiembre de 2018

SEGUIR APRENDIENDO: DO Graciela Mabel Vitangeli (15/9/18)



El loro que pide libertad


Resultado de imagen para imagen de loro agarrado a los barrotes de su jaula
Ésta es la historia de un loro muy contradictorio. Desde hacía un buen número de años vivía enjaulado, y su propietario era un anciano al que el animal hacía compañía. Cierto día, el anciano invitó a un amigo a su casa a deleitar un sabroso té de Cachemira.
Los dos hombres pasaron al salón donde, cerca de la ventana y en su jaula, estaba el loro. Se encontraban los dos hombres tomando té, cuando el loro comenzó a gritar insistentemente y vehementemente:
  • ¡Libertad, libertad, libertad!.
No cesaba de pedir libertad. Durante todo el tiempo en que estuvo el invitado en la casa, el animal no dejó de reclamar libertad. Hasta tal punto era desgarradora su solicitud, que el invitado se sintió muy apenado y ni siquiera pudo terminar de saborear su taza. Estaba saliendo por la puerta y el loro seguía gritando: “Libertad, libertad!”.
Pasaron dos días. El invitado no podía dejar de pensar con compasión en el loro. Tanto le atribulaba es estado del animalito que dicidió que era necesario ponerlo en libertad. Tramó un plan. Sabía cuándo dejaba el anciano su casa para ir a efectuar la compra. Iba a aprovechar esa ausencia y a liberar al pobre loro. Un día después, el invitado se apostó cerca de la casa del anciano y, en cuanto lo vio salir, corrió hacia su casa, abrió la puerta con una ganzúa y entró en el salón, donde el loro continuaba gritando:
  • ¡Libertad, libertad!.
Al invitado se le partió el corazón.
¿Quién no hubiera sentido piedad por el animalito? Presto, se acercó a la jaula y abrió la puertecilla de la misma. Entonces el loro, aterrado, se lanzó al lado opuesto de la jaula y se aferró con su pico y uñas a los barrotes de la jaula, negándose a abandonarla. El loro seguía gritando: “¡Libetad, libertad!”.


Así como este loro, somos muchos los seres humanos que queremos madurar y hallar la libertad interior. Pero nos hemos acostumbrado a nuestra jaula interna y no queremos abandonarla. Esto sucede porque nacemos con dos tendencias: Vidia, que es la tendencia a buscar el sendero de la liberación, y Avidia, que es la inclinación a la mundanalidad y la esclavitud. Si nuestra mente elige el mundo con sus goces y placeres, somos atraídos al mundo; si elige el Espíritu, se eleva a Dios.
Sri Ramakrishna nos enseña: “Conoce al Uno y conocerás el Todo”. Colocando ceros después del Uno se obtienen valores de cientos y miles, pero si se borra el Uno, los ceros pierden todo valor. La multiplicidad tiene valor a causa de lo Uno. Primero lo Uno y después lo múltiple. Primero gana a Dios y luego las riquezas, pero no trates de hacer lo contrario. Si después de adquirir la espiritualidad vives en el mundo, nunca perderás tu paz mental.   

El proceso de conocer el Uno puede llevar vidas y vidas. Igualmente, debemos orientar día a día nuestra mente hacia todo lo que nos conduce a Dios, evitando todo lo que nos aleja de Él. Sintiendo que Dios es nuestro único protector, podremos soltarnos de los barrotes de nuestro pequeño yo y así poder entregarnos humildemente a Su Voluntad cuando nos abra la puerta.