viernes, 21 de septiembre de 2018

SEGUIR APRENDIENDO: Counselor Veronica Pomerane (19/9/18)





Por medio de la austeridad, los grandes sabios, los rishis de los vedas, llegaron a descubrir una única Realidad y allí encontraron Paz y Beatitud Suprema.
El objetivo de la vida humana es alcanzar la Conciencia Suprema. La absorción en Lo Impersonal, en lo Divino trascendente.
La salvación se describe bajo cuatro formas:


  1. Una vida íntima con el Señor.
  2. Una vida parecida a la del Señor.
  3. Una vida cosciente del Señor.
  4. Una comunión constante con Dios, lo que casi constituye la identidad con Él.


Bajo estas cuatro formas, se refiere el Vedanta a la liberación, objetivo de nuestra vida terrenal. Esta liberación nos emancipa de la esclavitud del tiempo.
El Vedanta es la explicación que los sabios dan de sus experiencias individuales.
La conciencia ordinaria en el mundo temporal se ve coartada por las limitaciones de nuestra personalidad, nuestros pensamientos y acciones.
En el estado de liberación el ser humano está libre de pecados. Así el hombre liberado se emancipa de la esclavitud mortal.
Liberación como un conocimiento en el que no existe ni un deseo. El ser humano no puede desear nada ya, porque siente su completa unidad con todo.
En nuestra vida diaria, atribuimos gran importancia a todo aquello que gira alrededor de nuestro ego. Pero cuando examinamos el ego más de cerca, encontramos en él una combinación de experiencias diversas realizadas a lo largo de nuestra vida y que han nacido del contacto con objetos exteriores.
De esos objetos, cada uno de nosotros se hace una imagen. No es más que una imagen, pero con el conjunto de imágenes que nos fabricamos llegamos a crear nuestra individualidad. Eso es nuestro ego.
Si queremos llegar a conocernos a nosotros mismos, llegaremos a comprender que esas imágenes se reflejan siempre sobre la misma pantalla.
Por lo general, no alcanzamos ese conocimiento interior e ignoramos que existe en nosotros la Conciencia pura sobre la que se reflejan las imagenes, que está oculta tras nuestra propia idea de nosotros mismos.
Los Upanishads enseñan que la Realidad absoluta se encuentra en las profundides de nuestro ser. Y que el objetivo de nuestra vida es llegar a conocerla. Todas las disciplinas morales, los cultos religiosos y los yogas, tienen como finalidad la realización de ese ideal.
Para llegar a esa experiencia es necesario desarrollar un intenso trabajo interior y muchos esfuerzos, ya que la mente humana se encuentra sujeta entre el Atman y el cuerpo al que el individuo está fuertemente vinculado.
La mente humana conserva las huellas de innumerables experiencias, Samskaras.
A todas estas huellas antiguas se suman además las nuevas de cada día. Si tuvieramos que describir con una imagen nuestra personalidad, podríamos compararla con un grueso vidrio a través del cual la luz no consiigue pasar plenamente.
Nuestra personalidad es una composición de nuestras impresiones pasadas y actuales.
Mediante la purificación de nuestra mente podemos limpiar el vidrio de nuestra visión. Este sin duda es un trabajo muy duro aunque absolutamente necesario para alcanzar la realización. Debe realizarse en nuestro cuerpo, nuestra mente, nuestra esfera emocional, y nuestro terreno intelectual.
Bajo una u otra forma, todas las Escrituras coinciden en afirmar que la visión interior es la realización de la verdadera naturaleza de nuestro Sí. Para ello es necesario superar las dualidades de nuestra existencia.
El Espíritu del hombre es el principio fundamental, la base misma de su vida y de todas las experiencias por las que atraviesa.
La conciencia de nosotros mismos es el sujeto. Yo veo, yo pienso, yo sueño, son las experiencias del yo. El yo es siempre el sujeto que realiza las experiencias. Estas experiencias cambian constantemente, mientras que el que las experimenta, sigue siendo él mismo, inmutable. El testigo de las experiencias.
En las experiencias cotidianas de la vida normal, el “yo” no se entristece, ni se alegra por la pena o los placeres. Pero no lo sabemos hasta que realizamos por nosotros mismos la experiencia de vivir como testigos, libres de toda suerte de experiencias físicas, mentales y emotivas.
Los psicólogos hindúes afirman que durante el sueño profundo estamos en el estado de sujeto sin objeto.
Estamos acostumbrados a considerar el sueño profundo como un estado sin conciencia. Si bien es cierto que es un estado sin conciencia de los objetos exteriores, no por ello puede decirse que haya desaparecido la conciencia del sujeto. En ese estado no estamos muertos. Tenemos conciencia del yo constantemente, sin interrupción.
La conciencia no se considera una cualidad que aparece y desaparece.
En cada ser humano está presente un Principio eterno, que es la fuente de la conciencia. Este permanece a lo largo de los estados de vigilia, sueño y sueño profundo. Existe incluso después de la muerte. No hay momento en que no exista la conciencia.
Cuando se está despierto y durante el sueño, la conciencia conoce los objetos de este mundo, mientras que durante el sueño profundo, y durante una anestesia, la Conciencia está totalmente interiorizada. Existe siempre. Esta es la explicación que da el pensamiento hindú.
La Conciencia es la raíz de todo conocimiento.

La vida mental comienza en la Conciencia pura, es decir, sin ninguna idea ni pensamiento. Es como la luz que ilumina todos los objetos que tiene ante sí.