lunes, 17 de septiembre de 2018

Artículo: IMPORTANCIA DE LA AMABILIDAD: Profesora Marta Siva




IMPORTANCIA DE LA AMABILIDAD
La palabra amabilidad, (latín, amabilitas-atis )  significa calidad de amable. Parte del verbo amare,  amar, y el sufijo idad, cualidad. “La amabilidad es la cualidad de amable”. Esto ha sido comprendido como algo o alguien digno de ser amado. En ese sentido muchos autores  han visto en  una persona amable  a quien desea ser amado o preferido, que quiere causar buena impresión y que, tal vez, sería capaz de recurrir a la mentira  para obtener su propósito. Pero también hay otra interpretación del vocablo. Vemos, en este aspecto, varias opiniones de destacados personajes de la humanidad.
La Madre Teresa de Calcuta decía: “Las palabras suaves pueden ser cortas y fáciles de de decir, pero su eco es realmente interminable”.   Henry James ( escritor estadounidense) expresaba: “Sé amable, pues cada persona con la que te cruzas está librando una ardua batalla”. Según Albert Einstein:" Los ideales que iluminaron mi camino una y otra vez, y me han dado coraje para enfrentar la vida con alegría han sido: la amabilidad, la belleza y la bondad”. Alex Rovira (Español) Empresario, escritor, etc. define a quien es amable:
“Amable es quien regala cortesía, respeto, simpatía y sensibilidad, valores esenciales en la construcción de la convivencia…promueve cordialidad frente a la apatía, crea un puente, un camino hacia el otro, hacia el mundo”. Creemos que tal manifestación es fundamental porque nace de un sentimiento de amor. 
El Antiguo Testamento –Proverbios 16:24, dice: “Panal de miel son los dichos suaves,  suavidad al alma y medicina a los huesos”. Y la sabiduría popular, siempre graciosa y a veces irónica, expresa: “Haz que tus palabras sean dulces, por si tienes que tragártelas”.
Así es como nos encontramos con una persona de palabra afable, armoniosa y de buena actitud. Hasta aquí  es una manifestación externa, pero para que sea un auténtico gesto de amabilidad, deberá ser sentido por dentro. Entonces, mi amabilidad, tu amabilidad, su amabilidad serán una virtud, que es “ el hábito de obrar bien por la sola bondad de la acción en conformidad con la razón natural”. Y me pregunto: ¿Con qué actitud estoy siendo amable? ¿Recuerdo lo que aprendí sobre ver a Dios en el otro? ¿Y si mi amabilidad  está siendo tristemente modificada por los males de la ilusión?   La Sra. Noemí Lavagno describió magníficamente, la semana pasada, algunas de las afecciones que sufrimos los seres humanos, y que Tulsidas evoca descarnadamente. Así: la bilis de la pasión, la lepra del egoísmo, la sarna de la envidia, la ciática de la hipocresía, la vanidad el orgullo y otros. ¿Qué hacer entonces?
El Rdo. Sw. Pareshanandaji Maharaj  dice:
 “El ser humano, cuya verdadera naturaleza es divina, continúa tanteando en la oscuridad de la ignorancia…el egoísmo, los celos, el odio  la sospecha y el miedo aumentan. La vida se llena de preocupaciones, tensiones y depresiones …La sincera práctica del yoga quita todas las irregularidades físicas, mentales y espirituales. Lo único necesario es un  íntimo anhelo por despertar, el que debe ser seguido por el intento  de no ser indulgente en la búsqueda de bhoga, los goces. Debe haber una fuerte determinación de no cometer los mismos errores y sufrir en consecuencia. Esforzándose en el autocontrol, el sacrificio y las prácticas espirituales, puede recuperarse el estado de armonía y equilibrio natural”. (1)
En este momento consultamos con la Psicología. Transmito en un sencillo y básico resumen, con perdón de los psicólogos: la Neurociencia  ( cuyas teorías, como todas, son aceptadas por unos y discutidas por otros)   dice que nuestro cerebro está constituido de tres cerebros:  el reptiliano, compartido con los animales que se arrastran , el sistema límbico, que compartimos con  todos los animales ( propio de los mamíferos) y el tercero que es la corteza, la fina capa que recubre los otros dos, y nos hace específicamente humanos. Cuando tenemos una conducta antisocial, de desprecio, odio o  violencia, y queremos atacar a alguien, segregamos las neuro hormonas necesarias para el momento. Si el agredido  responde con amabilidad, y se presenta amigable,  segrega  hormonas que por sí mismas proporcionan tranquilidad y paz, y es posible que baje la actividad cerebral del atacante y la violencia vaya desarmándose. Por lo que ha sido muy importante tener ese gesto de amabilidad.
Y pensamos: ¿nadie es verdaderamente amable, capaz de concordar la expresión externa con su sinceridad interior? Nosotros conocemos algunos monjes de la Orden Ramakrishna. Estos Swamiyis son siempre amables, y si en esta o en alguna otra vida sufrieron de esas terribles enfermedades, evidentemente están curados. Los vemos con su media sonrisa, siempre bien dispuestos hacia quien sea, con una actitud pacífica que parece expresar, más allá de las palabras, un veraz ”bienvenido”. ¿Por qué será así?  Creemos que es porque en ellos surge el amor que está en la base de su amabilidad externa. El punto sería tener también ese sentimiento, ese amor sustentando cada ocasión, y convertir la amabilidad, más allá de lo ocasional, en una actitud constantemente apoyada en el amor. En realidad  el amor ya está en cada uno de nosotros, pero nuestra mente, ofuscada, enredada en la nubosidad de la ilusión, no nos lo  permite. Todos reconocemos el problema de las enfermedades de la ilusión que se interponen en el camino hacia la meta de la vida, que es “Realizar a Dios” dijo Thakur, pues sólo en el Infinito hay dicha, pero no habíamos pensado en  las posibilidades de la mente. El Rdo. Sw. Pareshananda nos lo aclara:
“Todos podemos elevar nuestras más elevadas facultades, para eso es necesario decidirse a luchar contra la naturaleza inferior. Si realmente deseamos controlar y purificar la mente, si queremos utilizar el tremendo poder que yace en ella, tenemos que amar la religión, amar a Dios”. (2)
Pero si yo no amo a Dios ¿qué puedo hacer?  Sw. Pareshanandaji Maharaj , que todo lo enseña y todo lo explica, dice: “Cuando un aspirante consigue rememorar a Dios continuamente, desarrolla amor divino”. (3) 
Hemos visto:
*La amabilidad del que exige ser amado (ut des, doy para que des, decían en Roma).
*La amabilidad como acción del que da y desea amar.
*Necesidad de coincidencia entre  la expresión externa y el sentimiento interno.
*A quienes lo han conseguido porque sus mentes limpias transparentan el amor de su corazón.
*Cómo despertar nuestra “Intrínseca Divinidad”,
El hombre está dotado para ser verdaderamente humano. La verdadera amabilidad, en sí misma es integradora y pacificadora. Su ventaja es que son  muchos los momentos en que se puede cultivar. Nos enfrentamos con otras personas en el hogar, en la calle en el tren, con los vecinos, etc. y muchas son nuestras oportunidades para desarrollar amabilidad. Es una gran posibilidad de práctica espiritual que tenemos en el día. Es su ventaja, pero en realidad es también como cualquier otro pensamiento, palabra u obra: cualquier momento puede y debe divinizarse recordando a Dios, aprovechando a ser menos egoístas, y modificar, en lo necesario, nuestra conducta.  
Porque el hecho importante, cualquiera sea nuestra actividad, es espiritualizar la vida.

(1) y (2) en:"Ramakrishna Vivekananda Vedanta", ParteII de Swami Pareshananda.
(3) en: " La práctica Universal de 'Yapayoga' ". Pág.29.