martes, 16 de enero de 2018

SEGUIR APRENDIENDO: Lic. Cristina Viturro






SEGUIR APRENDIENDO: Lic. Cristina Viturro

Hace relativamente pocos días recibí un video de esos que llegan por WhatsApp y que, generalmente, son para tirar. Algo me llamó la atención de este, lo abrí y me encontré con una reflexión de Carl Sagan, el cosmólogo, sobre una foto que tomaron de la Tierra, desde la sonda Voyager 1, desde 6.000 millones de kilómetros. Seguro la conocen, se llama “ Un punto azul pálido” porque así se ve nuestro planeta a esa distancia, como “una mota de polvo suspendida en un rayo de sol.” Les recomiendo que busquen y vean el video en el que Sagan, claro, reflexiona sobre la necesidad de ser humilde y de cuidar y querer lo único que uno tiene.
También hace poco, leí y compartí en Facebook un fragmento de un texto que, en el último tiempo de su vida, escribió Oliver Sacks, un conocido neurólogo fallecido hace un par de años. El texto mayor se llama Gratitud, y el fragmentito dice: “No va a existir nadie como nosotros cuando perezcamos, y eso implica que no va a haber nadie igual a ningún otro, nunca. Cuando las personas mueren, no pueden ser reemplazadas. Dejan huellas que no pueden ser rellenadas, dado que el destino – el genético y neural- de cualquier ser humano es ser un único individuo, encontrar su propio camino, vivir su propia vida y morir su propia muerte.”
Es decir, somos un micrón, una infinitesimal parte del universo y sin embargo, cada uno de nosotros es único, irrepetible, y, sobre todo, tiene a Dios en su interior y puede honrarlo. Una paradoja que no por habitual deja de ser tremenda: toda nuestra vida, nuestros trabajos y dolores, nuestros sacrificios y también nuestras alegrías y logros, todo lo que somos visto a la distancia es menos que un granito de arena.
Ayer Swami Pareshananda me preguntó si estaba agradecida a Thakur y yo le dije que sí, que estaba segurísima de eso. Porque solo con su luz y la de la Santa Madre, la guía de nuestros Swamis y la compañía de nuestros compañeros en la devoción, uno puede seguir este camino que por momentos se hace duro y, a pesar de todo, encontrar regocijo y alegría en la esperanza de algún día, como dijo Noemí Lavagno, contemplar la belleza de Dios.