viernes, 27 de febrero de 2015

Prof. Eva Schneider: LA HISTORIA DE RASIK








COMO VIVIR CON DIOS, de Swami Chetanananda-Capítulo 10: LA HISTORIA DE RASIK
COMO  VIVIR  CON  DIOS,  de  SWAMI CHETANANANDA

Capítulo 10 : LA  HISTORIA  DE  RASIK
           


               Rasik era un barrendero en la quinta de los templos de Dakshineswar. Como era pobre y había nacido en una familia de casta baja, entre los visitantes del templo casi ninguno lo conocía. Sólo unos pocos devotos de Sri Ramakrishna habían reparado en él. La tarea de Rasik consistía en barrer los senderos de la quinta y el patio, limpiar las letrinas, etc. Por su bajo status le estaba vedado entrar al templo; ni siquiera podía tocar a los sacerdotes debido a las restricciones sociales. Su parte en el divino drama Ramakrishna le tocó jugarla entre bastidores. Los peregrinos y los visitantes no estaban interesados en encontrarse con el barrendero de la quinta de los templos. Su salario mensual probablemente no superaba una o dos rupias.(Ramakrishna, como sacerdote, ganaba sólo cinco rupias por mes). Además, Rasik era un hombre solitario, no conocía mucha gente además de Ramakrishna y los empleados del templo que lo habían contratado.

               Nosotros tratamos de conocer a Dios practicando japa, meditación, austeridades y estudiando las escrituras; pero el Katha Upanishad nos dice: "El Atman es alcanzado sólo por aquel a quien Él elige". Realizamos a Dios por Su gracia. 

                  Rasik era iletrado, por lo tanto no podía usar su intelecto para entender a Ramakrishna. Pero era simple, sin doblez y espiritual. También el Maestro era extremadamente simple. Así fue que le otorgó su gracia al barrendero de la quinta de los templos. 

               Swami Vishuddhananda relata: Yo lo escuché al Hermano Ramlal cuando contaba cómo el Maestro derramó sobre Rasik su gracia incondicional. Él era el barrendero de la quinta de los tempos. Todos los días veía al Maestro desde cierta distancia. Observaba que mucha gente iba a visitarlo a su cuarto. Y pensaba: "Yo estoy tan cerca del Maestro y sin embargo no puedo ir a su cuarto para tocar sus pies. ¿Qué clase de pecado habré cometido? El Maestro está salvando a tantas almas, - buenas y malas. ¡Qué desafortunado soy! Lo veo de cierta distancia pero no puedo acercármele". Así, una tormenta estuvo azotando su alma durante algunos años. No tenía paz. 

                Cierto día llegó la dorada oportunidad: el Maestro fue al pinar para responder al llamado de la naturaleza y el Hermano Ramlal estaba esperándolo cerca del Panchavati. Rasik se escondió detrás de un árbol y pensaba: "No me importa nada lo que pase. No aguanto más". Cuando el Maestro volvía en dirección al Nahabat, Rasik  rápidamente cayó sobre el sendero de la quinta y asiéndose de sus pies, exclamó: "Padre, ¿qué va a pasar conmigo?" Este acercamiento inesperado sobresaltó un poco al Maestro, quien luego entró en samadhi. Así pasó algún tiempo. Rasik lavó los pies del Maestro con sus lágrimas y así se liberó del dolor acumulado en su corazón.  El Maestro retornó a su estado habitual, tocó la cabeza de Rasik y dijo: "Tú ya lograste todo". 

               Kedarnath Bandyopadyay de Dakshineswar escribió en sus memorias: "Rasik Hari, del pueblo de Dakshineswar, pertenecía a la casta de los barrenderos. Yo lo vi al Maestro hablándole a Rasik, parado en su patio, como si fueran amigos. Viendo que Rasik estaba un poco borracho, El Maestro, con una sonrisa, le estaba diciendo: 'Ya entiendo lo que pasó. No bebas demasiado' . Rasik cayó a los pies del Maestro diciendo: 'Padre, ¿quién va a darme un poco de alcohol? Yo no puedo darme el lujo de beber. Felizmente murió la madre de Natabar Panja y por eso conseguí algún dinero extra haciendo un poco de limpieza. Pero ¿a quienes se le va a morir la madre todos los días, Padre?  Van a morir después que me muera yo' ".

                  Christopher Isherwood dijo: "Un gran gurú es primero y ante todo un gran discípulo". Ramakrishna es un ejemplo ideal de esta afirmación. Les decía a sus discípulos: "Mientras vivo, aprendo", Ramakrishna aprendía continuamente. Nunca cerraba la puerta de su corazón. Aprendía de barrenderos, de borrachos, de artistas de circo. Es por eso que en sus enseñanzas hay una variedad tan grande. El importante rol que Rasik jugó en la vida de Ramakrishna no es ampliamente conocido.

        En cierta ocasión, mientras meditaba, la mente de Ramakrishna corrió a la casa de Rasik. Esto puede sorprender al lector, pero realmente ocurrió. El Maestro describió el incidente así: "La Chitshakti, Mahamaya, se transformó en los veinticuatro principios cósmicos. Un día, mientras yo estaba meditando, mi mente se escapó hacia la casa de Rasik. Él es un barrendero. Yo le dije a mi mente: '¡Quédate ahí, bribona!' La Divina Madre me reveló que los hombres y mujeres en esa casa eran meras máscaras. Dentro de ellas estaba el mismo Divino Poder, la Kundalini, que sube por los seis centros espirituales en el cuerpo".

               Ramakrishna no se limitó a visitar la casa de Rasik durante su meditación, sino que realmente fue allí en medio de la noche y limpió el retrete de Rasik. Ramakrishna estaba desesperadamente tratando de destruir los grilletes que nos atan: odio, vergüenza, linaje, orgullo por tener buena conducta, miedo, ocultamiento, rango social y pesar. Los empleados del templo no sabían nada de esta secreta sádhana del Maestro. Hubieran hecho un escándalo si se hubieran enterado, porque Ramakrishna era un bramín de clase alta y además era el sacerdote del templo de la Madre Kali. Swami Vivekananda mencionó este incidente en su conferencia "Mi Maestro" :

              Se puso a practicar humildad porque había descubierto que la  idea que todas las religiones comparten es: "No yo sinoTú", y     que el Señor llena el corazón de aquel que dice "No yo". Cuanto menos haya de este pequeño yo en uno, tanto más habrá de Dios. Él encontró que esto es lo que enseñan todas y cada una e las religiones del mundo y se puso a realizarlo. Cada vez que       quería hacer algo, nunca se limitaba a teorías sino que entraba de     inmediato a ponerlo en práctica. Había una familia de parias (intocables) que vivía cerca del templo. En toda la India, los parias suman varios millones, y son considerados tan bajos en la sociedad, que varios de nuestros libros dicen que si un bramín, al salir de su casa, ve el rostro de un paria, tiene que ayunar ese día y recitar ciertas plegarias para volverse santo otra vez. En medio de la noche, cuando todos estaban durmiendo, mi Maestro entraba a la casa de los parias y limpiaba lo que encontraba sucio allí, a la par que decía: "Oh Madre, haceme el sirviente del paria, haceme sentir que yo soy inferior incluso al paria".

          Este paria era Rasik, un gran devoto. Sin saberlo, Rasik ayudó al Maestro a cumplir su práctica de humildad. 

            Ramakrishna barría los senderos de la quinta de los templos y les decía a los devotos que la Divina Madre caminaba por ahí. Cierta vez un visitante pensó que el Maestro era un jardinero y le pidió que cortara unas flores para él, lo cual hizo. 

          M. registró un incidente similar: Un joven discípulo, Latu, acostumbraba a vivir con el Maestro en Dakshineswar y servirlo. Una vez, un devoto padre de familia le regaló a Latú un nuevo par de sandalias. Pero como él la mayor parte del tiempo estaba ocupado sirviendo al Maestro, no tenía tiempo de usarlas. Una noche, un chacal se llevó una de las sandalias. Cuando el Maestro se enteró de esto, buscó en el jardín. Al fin, después de una hora, la encontró y se la dio a su joven discípulo. Latu inmediatamente exclamó:  "Señor, ¿qué hizo? ¡Se supone que yo debo servirlo a usted, no al revés!" y diciendo esto, tomó la sandalia de la mano del Maestro. ¡Cuánto cariño tenía el Maestro por sus devotos!

            El ego de Ramakrishna había muerto para siempre y su "Yo" estaba completamente poseído por la Divina Madre. Como resultado, Su voluntad y la de la Divina Madre eran una. Les decía a sus devotos: "Saben, no hay ningún show ni engaño aquí. Simplemente Le dije a la Divina Madre en mi ánimo extático: 'Oh Madre, haz que los sinceros buscadores que vienen aquí (refiriéndose a Él mismo) obtengan la perfección'".  El sincero y franco Rasik reconoció la divinidad del Maestro por Su gracia. Se sentía sinceramente atraído por el Maestro y así obtuvo la perfección.


                           LA  MUERTE  DE  RASIK 

          Existen  varias narraciones sobre la muerte de Rasik. Cada una difiere un poco de las demás, pero eso no debe extrañarnos. Cuando leemos la biblia, encontramos las mismas historias de Jesús narradas de forma diferente por Mateo, por Marcos, Lucas o Juan.

              M. cuenta así la historia de Rasik: 

       Rasik era un barrendero de la quinta de los templos de Dakshineswar. El Maestro nos contó que un día Rasik le preguntó:   "Señor ¿qué va a pasar conmigo?" Bendiciéndolo, el  Maestro dijo: "Vas a verme en el momento de la muerte" .        

             En el patio de su casa, Rasik plantó un bosquecillo de tulsi y allí practicaba disciplinas espirituales. Más adelante se enfermó   y finalmente, un día al mediodía, le pidió a su esposa que                 llamara a sus hijos  y que lo llevaran al bosquecillo de tulsi. Allí, plenamente consciente, dejó su cuerpo mientras cantaba el nombre   del Maestro.

       Rasik era una gran alma. No sólo pudo ver al Maestro durante largo tiempo, sino que además lo reconoció como una         encarnación de Dios. Por la gracia del Maestro se sintió movido a hacerle esa pregunta vital:"Qué va a pasar conmigo?" A pesar de que Rasik era un barrendero, el Maestro le otorgó la       inmortalidad. El Maestro mismo nos contó que en una ocasión       limpió la alcantarilla de la casa de Rasik con su propio cabello mientras rogaba con lágrimas en los ojos: "Madre, destruye el orgullo que tengo por ser bramín".  


               Swami Shivananda dijo:

           Cualquiera que tome refugio en el Maestro con toda       sinceridad y con todo su ser, cualquiera que ame al Maestro inevitablemente obtendrá la liberación. ¿No escucharon la historia de ese barrendero que se llamaba Rasik y que vivía en Dakshineswar? Él lo llamaba 'padre' al Maestro. Cierto día, el Maestro estaba volviendo desde el Panchavati absorto en un ánimo espiritual. En ese instante, Rasik se arrodilló ante Él y le rogó con las manos juntas: "Padre ¿por qué no me bendices? ¿Cuál será mi destino?" El Maestro entonces, le aseguró: "No necesitas temer nada. Tu deseo se cumplirá. Vas a verme en el momento de la muerte". Y es exactamente eso lo que sucedió. Un ratito antes de su muerte, lo llevaron cerca del bosquecillo de tulsi. Y cuando se acercó el momento de la muerte, Rasik exclamó: "¡Llegaste! ¡Viniste a mi, Padre! ¡Realmente viniste!" Y así, Rasik expiró. 


             Swami Sankarananda  narra:

             Rasik era un gran devoto. En su casa tenía un bosquecito de tulsi. Como pertenecía  a la casta más baja, se mantenía alejado de la gente. Se conformaba con ver al Maestro desde una distancia. Cuando el Maestro iba al pinar, Rasik tocaba las huellas de sus pies con su frente. Cierta vez, el Maestro vio esto y lo miró con compasión. Rasik preguntó: "¿Padre, ¿no lograré nada en esta vida?" El Maestro replicó: "Por supuesto, vas a lograr todo. Tantos devotos vienen aquí y tú los sirves limpiando esta quinta de los templos". Después de la muerte del Maestro, Rasik estaba agobiado de pena. Su salud se quebrantó. Ya no podía  trabajar. Gradualmente dejó de venir a barrer el patio. Su hija comenzó a barrer, ocupando el cargo del padre. Rasik estaba muy enfermo. Antes de su muerte, le pidió a su mujer y otros familiares: "Todos ustedes almuercen temprano hoy. No vengan cerca mío hasta que no los llame. Eran las 10 de la mañana. De repente, su rostro se llenó de alegría y exclamó: "¡Padre, viniste! Así que no me olvidaste." 


             Kumudbandhu Sen registró la siguiente reminiscencia de Ramlal, un sobrino de Ramakrishna:

          Escucha: Una tarde, el tío estaba descansando en su cuarto. Entonces se levantó y fue a la veranda. Señalando a Rasik, el barrendero del templo, me dijo: "Rasik no es un mortal insignificante sino un ciudadano del cielo en forma humana". Otro día el Maestro fue al pinar y yo le llevé la jarra con agua y la toalla. Rasik estaba barriendo el área del Panchavati. Cuando el Maestro volvía a su cuarto, Rasik se prosternó a sus pies. Sonriendo, el Maestro inquirió sobre su bienestar. Rasik se levantó y dijo que no podía remediar el accidente de haber nacido en una casta baja, lo cual lo condenaba a llevar la despreciable vida de un barrendero. Rápidamente, el Maestro replicó  que no debería lamentar su status social ya que después de todo había nacido como ser humano, lo más elevado de la creación de Dios. Y que el Ser Supremo moraba en él.

          El Maestro le recordó que no existe ocupación alguna que sea incompatible con la aspiración espiritual más elevada. Fue la buena fortuna de Rasik haber sido encomendado con la sagrada tarea de barrer el patio y las escalinatas del templo, santificados por el polvo de los pies de miles de devotos que venían a adorar a los santuarios. Con los ojos bañados en lágrimas, Rasik preguntó: "Padre ¿voy a ser salvado?" Con una graciosa sonrisa, el Maestro le pidió que plantara un bosquecillo de tulsi en un rincón de su patio y que allí cantara el nombre de Dios. 

            Dos años después de que el Maestro dejara su cuerpo, el hermano Ramlal encontró a la esposa de Rasik cerca del Panchavati. Estaba llorando desconsoladamente. El hermano Ramlal le preguntó qué había sucedido. ¿Cómo estaba Rasik? Ella replicó que su esposo estaba muy enfermo. Los hijos habían llamado a un doctor, pero él se rehusaba a tomar cualquier medicina. Insistía en que le dieran charanámrita (agua santificada). Como Rasik era un devoto vaishnava, el hermano Ramlal inmediatamente fue al templo de Radhakanta, juntó algo de agua santificada y unas hojas de tulsi y se las dio a la mujer de Rasik. Como el hermano Ramlal no volvió a verla, fue a su choza unos días después. La mujer y los hijos lloraban y dijeron que Rasik había muerto.   

          Contaron así cómo fueron los últimos días de Rasik: El agua santificada del templo de Radhakanta parecía tener sobre él un efecto estimulante. Se sentía mejor. Su fiebre bajó y pasaba sus horas de vigilia cantando los nombres del Señor y rezando fervorosamente. Un día, después del mediodía, cuando habían regresado de su trabajo, él insistió en que almorzaran inmediatamente. Cuando acabaron de cumplir con ese deseo suyo, les pidió que lo llevaran afuera al bosquecillo de tulsi. Hacía calor afuera. De poca gana cumplieron su deseo. Se acostó sobre una estera con su rosario en la mano y les pidió que cantaran el nombre del Señor. Cuando había pasado media hora, su rostro se iluminó. Su mirada se volvió ardiente y en sus labios jugaba una sonrisa. Exclamó: "¡Oh, por fin viniste! ¡Qué belleza inigualable, gloriosa y resplandeciente!" Entonces cerró lo ojos y les pareció ver un halo rodear  su rostro sereno y radiante cuando entró en el sueño eterno.         
          Rasik no fue un actor prominente en el divino drama de Ramakrishna. Aunque el público no lo vio sobre el escenario, fue él quien tuvo la responsabilidad de mantener limpio ese escenario - la quinta de los templos de Dakshineswar. En su vida demostró que el trabajo es adoración y que cada uno es grande en su lugar.