miércoles, 25 de febrero de 2015

Prof. Eva Maria Schneider: Enseñanzas vivientes de Sri Ramakrishna



COMO VIVIR CON DIOS de SWAMI CHETANANANDA-Cap. 9: Ramakrishna en calles y praderas



               Estamos acostumbrados a ver imágenes de Sri Ramakrishna en los templos de los monasterios, en los altares de oratorios, en casas particulares, en las paredes de nuestras habitaciones, y sobre nuestros escritorios. Pero ¿está Él limitado sólo a esos lugares? El Maestro dijo: "Voy a ser adorado de casa en casa"; ahora Su presencia se esparció por todas partes. En las aldeas, se lo puede ver en las chozas con techo de paja de los granjeros, en las mansiones de los ricos en las ciudades, en las cabañas de los Himalayas, en negocios y en taxis. Los viajeros lo llevan incluso en sus carteras y billeteras.

               Así como Ramakrishna amaba viajar por las calles de Calcutta y los caminos del campo y las aldeas, del mismo modo disfrutaba recorrer diversos senderos religiosos. Le enseñaba a la gente cómo moverse por este mundo transitorio. Sin embargo, su cuerpo era muy delicado, por lo cual se lamentaba: "Gaur y Nitai llevaban el mensaje de Dios de puerta en puerta y yo no puedo ir a ningún lado sin un carruaje". Llevado por su deseo de rescatar a la gente del remolino de maya, iba a visitar a sus devotos caminando, o viajando en palanquín, en carreta de bueyes, en carro de caballos o en tren. Cada vez que oía de alguien que tenía un sincero anhelo por Dios, corría a ver a esa persona. No le interesaban las invitaciones formales e ignoraba las etiquetas sociales. Su actitud era: "¡Hola! tú eres un devoto y piensas en Dios, por eso vine a verte". Decía: "Si alguien da un paso hacia Dios, Dios da cien pasos hacia él". Hubo un devoto que dijo: "Yo no di ni siquiera un solo paso, pero el Maestro dio cientos de pasos y vino a mi".


               Aunque Ramakrishna estaba casi siempre absorto en un estado de conciencia espiritual, solía andar por todas partes al encuentro de almas anhelantes de Dios. Cierta vez le dijo a M.: "Tú no esperas nada de mi, pero te gusta verme y escuchar mis palabras. Mi mente también piensa en ti. Me pregunto cómo estás y por qué no vienes. ¿Podrías darme tu dirección? " Juntando así las direcciones de los devotos, el Maestro recorría las calles de Calcutta para ocuparse de su bienestar. Algunas veces, el anhelo muy intenso de algún devoto lo atraía a Ramakrishna desde Dakshineswar a Calcutta por la noche. Si alguien tenía dificultades para ir a verlo a Dakshieswar, hacía llamar a esa persona cuando estaba visitando la casa de otro devoto en Calcutta.

               M., el autor del  Evangelio de Sri Ramakrishna, vivía de sus recuerdos del Maestro. Cuando pasaba por el lugar en la calle Bechu Chatterjee donde el hermano mayor del Maestro había conducido una escuela, saludaba ese sitio con una reverencia. También mostraba su respeto a la casa de la familia Mitra en Jhamapukur donde el Maestro había trabajado una vez como sacerdote. Al observar la sorpresa de quienes lo acompañaban, M. decía: "¿Sabías que cualquiera que camine por esta calle va a volverse un iogui?" La gente que no comprendía la locura divina de M. pensaba que él estaba simplemente desequilibrado.  

               M. no solo vivía de las memorias de Ramakrishna, sino que además registró esas vívidas imágenes de la vida de su gurú  en su inmortal libro El evangelio de Sri Ramakrishna. En este capítulo ayudaré al lector a visualizar los viajes de Ramakrishna a través de las praderas, a lugares sagrados y por las calles de Calcutta. Basados en los apuntes de M. y los registros que nos dejaron otros testigos oculares, vamos a seguir las sagradas huellas del Maestro. Al tiempo que mentalmente vamos viajando con Él, escucharemos su fascinante conversación y aprenderemos muchas cosas interesantes reveladas por su mente sagaz. No siempre será placentero viajar con Él. La mayor parte del tiempo estaba en un estado de intoxicación divina. Mientras viajemos, estaremos ansiosos temiendo que el Maestro en cualquier momento pueda sufrir un accidente.

               Este capítulo está dividido en tres secciones: Días en Kamarpukur, peregrinando, y viajes por Calcutta.

                        Días en Kamarpukur 

                Hasta los diecisiete años de edad, Ramakrishna vivió en el Kamarpukur rural. Libremente caminaba por sus caminos, jardines y praderas. Se identificaba con el entorno hermoso e incontaminado de su lugar natal. En vez de estudiar en la escuela, estudiaba intensamente la naturaleza del universo así como la naturaleza de la mente humana. Swami Vivekananda observó: "El hombre a cuyos pies estuve sentado toda la vida - y lo que estoy tratando de enseñar son sólo unas pocas de sus ideas - apenas sabía escribir su nombre. En toda mi vida no vi ningún hombre como él, y viajé por todo el mundo. Cuando pienso en ese hombre, me siento como un tonto, porque yo quiero leer libros y él nunca lo hizo. Nunca quiso lamer los platos que dejaron otros después de comer. Es por eso que él mismo era su propio libro".

               La diversión comienza cuando uno empieza a estudiar su propia mente. Ramakrishna estudió su propia mente a fondo. La mayor parte de las enseñanzas del Maestro proviene de su estudio de la naturaleza y su observación de la vida en las aldeas. Un ejemplo: le preguntaron: "¿Cómo deberíamos vivir en este mundo?" Respondió: "Cumple con tus deberes mundanos guardando a Dios en tu mente, del mismo modo que una joven bailarina baila y al mismo tiempo mantiene en equilibrio jarras o bandejas sobre su cabeza". El Maestro les decía a sus devotos:

               "En Kamarpukur vi a las mujeres de las familias de los carpinteros cómo vendían arroz aplastado. Déjenme contarles hasta qué punto están alertas mientras hacen su negocio. El majadero de la máquina de descascarar arroz entero que aplasta el arroz continuamente cae en el hueco del mortero. Con una mano, la mujer revuelve el arroz en el hueco y con la otra, sostiene a su bebe en la falda mientras lo amamanta. Entretanto llegan los clientes. La máquina sigue machacando el arroz y ella lleva adelante sus negocios con los clientes. Esto se llama el ioga de la práctica. Quince partes de su mente, sobre un total de dieciseis, están fijas en el majadero de la máquina por miedo a que le machaque la mano. Y con sólo una dieciseisava parte de su mente ella alimenta a su bebe y les habla a los clientes. Del mismo modo un hogareño, sobre un total de dieciseis partes de su mente, debería dedicarle quince a Dios  . . .  y usar sólo una para cumplir con sus deberes en el mundo. 

               Si quieres enseñarles a otros, debes tener un encargo de Dios. Para ilustrar esto, Ramakrishna dio un ejemplo de su pueblo: En Kamarpukur hay un pequeño lago llamado Haldarpukur. Había gente que acostumbraba ensuciar sus orillas todos los días. Otros que llegaban allí por la mañana para bañarse, insultaban a los ofensores en voz alta. Pero a la mañana siguiente volvían a encontrarse con lo mismo. La molestia no paraba. Finalmente, los aldeanos informaron a las autoridades de lo que sucedía. Éste envió a un oficial que puso sobre la ribera un cartel que decía: "Prohibido arrojar basura". Esto detuvo las molestias al instante. 

               Ramakrishna caminaba por los arrozales y recorría las huertas de mangos. Aveces, cuando los aldeanos iban a visitar los santuarios de los alrededores, él los acompañaba. Ramakrishna tuvo su primera experiencia de la conciencia cósmica en un campo cerca de Kamarpukur. Más tarde describió este incidente así: 

               En aquella región se acostumbra darles a los niños arroz inflado en pequeños canastitos. Los que son pobres y no tienen canastitos, atan el arroz inflado en un ángulo de su vestimenta. Los varones salen a jugar a las calles o a los campos llevando el arroz inflado ya sea en un canastito o en un ángulo de su ropa. Estábamos en junio o julio. Yo tenía seis o siete años. Una mañana puse un poco de arroz inflado en una canastita y estaba comiéndolo mientras caminaba a lo largo de los angostos límites entre los arrozales. En una parte del cielo apareció una hermosa nube negra cargada de lluvia. Yo la miraba mientras comía el arroz inflado. Rápidamente, la nube cubrió la mayor parte del cielo. En ese momento una bandada de grullas vino volando, blancas como la leche, sobre el fondo de la nube negra. Era tan hermoso que quedé absorto en la vista; perdí la conciencia de todo lo que me rodeaba. Caí al suelo y el arroz inflado se esparció por el piso. No puedo decir por cuánto tiempo quedé en ese estado. Algunas personas me vieron y me llevaron a casa. Esa fue la primera vez que perdí la conciencia externa a causa de un éxtasis.

               También habló sobre su segunda experiencia espiritual, que tuvo lugar cuando estaba camino a Anur, un pueblo cercano. "Experimenté uno de mis primeros éxtasis cuando tenía diez u once años de edad, mientras atravesaba una pradera camino al santuario de Vishalakshi. ¡Qué visión! Me volví completamente inconciente del mundo exterior.

               Un vecino de Ramakrishna, Durgadas Pyne, mantenía a las mujeres de su familia en estricto purdah  (costumbre hindú y musulmana por la cual se mantiene a las mujeres aisladas de los hombres, salvo los parientes)  y no les permitía escuchar las conversaciones espirituales del Maestro. El Maestro le dijo: "¿Se puede proteger a las mujeres por medio del purdah? Sólo se las puede proteger por medio de una educación moral y devoción a Dios. Si quiero, puedo visitar a las mujeres de tu familia y enterarme de todo acerca de ellas". Durgadas lo desafió con arrogancia, diciendo: "Me gustaría ver cómo lo harías". "Muy bien, ya verás", replicó Ramakrishna. Un tiempo después, una noche, se disfrazó de tejedora, y después de pasar por la inspección que hacía el mismo Durgadas, entró a la casa y se reunió con su familia. Esto humilló la arrogancia de Durgadas. 

               Cuando Ramakrishna era un niño pequeño, se bañaba con sus amigos en el ghat (escalinata) de las mujeres de Haldarpukur, el pequeño lago de Kamarpukur. Una señora mayor cierta vez le dijo que era malo para él mirar a las mujeres mientras se bañaban, pero no le dio ninguna razón específica. Y le dijo que no volviera a hacerlo. El pequeño Ramakrishna, en aquel entonces llamado Gadadhar, era curioso. Por varios días se escondió entre los árboles cerca del ghat y después le dijo a la señora: "Anteayer vi a cuatro mujeres bañándose, ayer a seis y hoy a ocho. Pero no me sucedió nada". Entonces la mujer fue a verla a Chandradevi y riéndose le contó lo que su hijo había dicho. Más tarde, mientras estaban descansando, Chandra le dijo a Gadadhar dulcemente y en un tono convincente: "Hijo mío, es verdad que si miras a las mujeres bañándose no te ocurrirá nada malo, pero ellas se sentirán humilladas. Ellas son como yo. Si les faltas el respeto, es lo mismo que si me lo faltaras a mi. Por eso, en el futuro, no seas irrespetuoso hacia ellas. "¿Acaso es bueno herirlas a ellas o a mi?" Gadadhar comprendió y no hizo aquello nunca más.

               Chinu Sankari, un anciano artesano que se dedicaba a hacer brazaletes, pudo reconocer la divinidad de Gadadhar.  Un día, en una pradera cerca de Kamarpukur, Chinu adoró al joven muchacho poniendo una guirnalda de flores alrededor de su cuello y alimentándolo con jilipi. Con los ojos llenos de lágrimas, Chinu le dijo: "Gadai, yo estoy viejo y ya no voy a vivir mucho. No podré presenciar tu divino juego. Sin embargo no me quejaré por eso. Te ruego que me concedas tu gracia y cumplas el propósito de mi vida".

               Es cierto que a todos los niños les gusta jugar; pero pero pero no es nada frecuente encontrar a un niño que rasga su ropa para hacer un taparrabos, se pone marcas religiosas sobre el cuerpo y finge que es un monje. Gadadhar regularmente visitaba a los monjes errantes que paraban en la posada al borde del camino de Kamarpukur. Y rara vez vemos a un niño organizar la interpretación de escenas religiosas por diversión.  Gadadhar y sus amigos representaban el Ram Lila y el Krishna Lila en el huerto de mangos de Manikraja bajo su dirección. La gente quedaba maravillada al ver su inventiva y su interpretación experta. 

               Generalmente nos gusta rumiar sobre los recuerdos dulces y tristes de nuestra infancia. Ramakrishna recordaba: "Durante mi infancia y adolescencia tanto los hombres como las mujeres de Kamarpukur me querían mucho. Les gustaba escucharme cantar. A mi me gustaba visitar los lugares donde se daba de comer gratuitamente a los hombres santos y a los pobres y los observaba durante horas. . . . . . Me encantaba escuchar la lectura de textos sagrados como el Ramayana y el Bhagavata. Si los lectores tenían alguna afectación, podía fácilmente imitarlos y así divertía a los demás con mi parodia. Podía reproducir de memoria el drama entero. 

               Hubiera sido maravilloso ver a Ramakrishna vestido de novio, llevando una guirnalda en su cuello y ungido con pasta de sándalo, cuando caminaba de Kamarpukur a Jairambati. Akshai Sen describe con humor la procesión nupcial de Ramakrishna en su famoso libro Sri Ramakrishna Punthi. Compara el casamiento de Ramakrishna con el de Shiva, acompañado por Nandi y Bhringi. 

              Cuando comenzó a funcionar el ferrocarril  entre Burdwan y Calcutta, Ramakrishna tomaba un tren a Burdwan y luego seguía el viaje a su pueblo natal, Kamarpukur, en carreta de bueyes. Más tarde, les contaba a sus devotos lo que ocurría durante estos viajes: "Una vez, estaba yo yendo de Burdwan a Kamarpukur en una carreta tirada por bueyes, cuando llegó una gran tormenta. Aparecieron algunas personas que se reunieron cerca de la carreta. Mis compañeros dijeron que eran asaltantes. Entonces yo comencé a repetir los nombres de Dios, llamando unas veces a Kali, otras a Rama, otras a Hanuman".

          Más tarde, les contó otra historia: "Una vez, iba camino a Burdwan, viniendo de Kamarpukur. En un lugar corrí a una pradera para observar cómo se sustentan los seres vivientes. Vi a las hormigas caminando por ahí. Percibí que no había ningún lugar que no estuviera pleno de Conciencia. También percibí que los seres vivos son como diferentes flores con varias capas de pétalos. También me fue revelado que son como burbujas, algunas pequeñas y otras grandes". 

               A pesar de que Ramakrishna se había desvinculado de los asuntos mundanos, en varias ocasiones tuvo que comparecer ante la justicia: una vez para registrar un campo y en otra ocasión, como testigo en una causa. El lector podrá preguntarse cómo es posible que lo involucraran en estos asuntos si la mayor parte del tiempo él estaba absorto en la conciencia de Dios. Ramakrishna dijo:  "Sin la renunciación a lujuria y codicia no es posible ningún progreso espiritual. Yo renuncié a estos tres: tierra, mujer y riqueza. Una vez fui al Registro de la Propiedad para registrar unas tierras cuyo título estaba a nombre de Raghuvir. El empleado me pidió que firmara con mi nombre, pero yo no lo hice porque no podía sentir que esas tierras fueran 'mías'. Como gurú de Keshab Sen, me mostraron mucho respeto. Me obsequiaron algunos mangos, pero yo no pude llevarlos a casa. Un sannyasin no debe almacenar nada."

               Una vez, cuando Ramakrishna visitó Sihar, su sobrino Rajaram tuvo una pelea con un vecino y lo insultó. El hombre le entabló juicio a Rajaram y le pidió a Ramakrishna que compareciera como testigo en el caso. Sabía que el Maestro era un hombre veraz. Ramakrishna no pudo ignorar las citaciones y así tuvo que viajar cerca de treinta millas de Sihar a Vishnupur. Cuando llegó allí, lo retó a Rajaram, diciéndole que resolviera el caso fuera de la corte ya que sino debería someterse a la condena. Asustado, Rajaram resolvió el caso y el Maestro no tuvo necesidad de comparecer ante el juez. 

               Algunas veces, podemos verlo a Ramakrishna como babysitter, cuidando a sus sobrinos Akshay y Shivaram. Dijo: "Un paramahamsa ( alma iluminada) es como un niño de cinco años. Ve todo cargado de Conciencia. En una ocasión, cuando yo vivía en Kamarpukur, Shivaram tenía cuatro o cinco años. Un día estaba tratando de cazar langostas cerca del estanque. Las hojas se movían. Para parar el susurro de las hojas, les decía: "¡Shshsh, shshsh! que quiero cazar una langosta" . Otro día había tormenta y llovía torrencialmente. Shivaram estaba conmigo en la casa. Había relámpagos. Él quería abrir la puerta y salir. Yo lo reté y lo detuve, pero aún así espiaba hacia afuera cada tanto. Cuando veía un relámpago, exclamaba: "¡Mira, tío! ¡Están encendiendo fósforos de nuevo!"

          En otra oportunidad, dijo: "Cuando yo vivía en Kamarpukur, el hijo de Hriday, un niño de cuatro o cinco años de edad, solía pasar el día entero conmigo. Jugaba con sus juguetes y olvidaba prácticamente todo lo demás, pero apenas empezaba a anochecer, decía: "Quiero ir con mi mamá". Yo trataba de engatusarlo de varios modos. Solía decirle: "Mira, voy a darte una paloma". Pero él no se consolaba con esas cosas, lloraba y gritaba: "Yo quiero ir con mi mamá".  Ya no disfrutaba más de sus juegos. Yo mismo lloraba al ver su estado. Uno debería llorar por Dios así, como un niño."

               Swami Saradananda escribió:

Un día, el Maestro estaba viajando en palanquín desde Kamarpukur hasta la casa de Hriday en Sihar. Durante ese viaje, el Maestro disfrutó viendo los vastos campos bajo el cielo azul, los extensos arrozales, las hileras de banianos que brindaban su fresca sombra a lo largo del sendero, y las enredaderas cubiertas de flores con dulces fragancias, y escuchando el melodioso canto de los pájaros. De pronto, dos hermosos jóvenes adolescentes surgieron de su cuerpo. Se fueron caminando lejos al medio del campo en busca de flores silvestres y luego volvieron cerca del palanquín, riendo, bromeando y hablando alegremente. Esto lo hicieron con mucha dicha por largo rato y luego volvieron a entrar en el cuerpo del Maestro. Más tarde, la Bhairavi Brahmani explicó el significado de esta visión: "Hijo mío, tu visión fue real. Esta vez, Chaitanya se manifestó en el cuerpo de Nityananda. Ambos Chaitanya y Nityananda surgieron de ti y están residiendo en ti ahora. Es por eso que tuviste esa visión".

          Ramakrishna era tremendamente atractivo y mucha gente se congregaba a su alrededor. Estaban ansiosos por escuchar sus palabras inmortales. Es por eso que le quedaba muy poco tiempo para comer o dormir. Él mismo describió lo que sucedió en ese tiempo: "Una vez visité la casa da Hriday en Sihar. De allí me llevaron a Shyambazar. Por siete días y noches estuve rodeado por una enorme multitud. ¡Qué atracción! Nada más que kirtan y baile, día y noche. La gente estaba parada en hileras sobre las paredes y hasta estaban en los árboles. Hriday me arrastraba por la fuerza lejos de la multitud hasta un arrozal por miedo a que el calor me causara un ataque de apoplejía. En Shyambazar comprendí lo que significa la atracción divina. Cuando Dios encarna en la tierra atrae a la gente con la ayuda de Yogamaya, Su divino poder."

               Swami Saradananda escribió: 
Una vez, cuando el Maestro estaba en Kamarpukur, se hicieron arreglos para que visitara Jayrambati y Sihar. Él estaba constantemente en bhava samadhi y como consecuencia sus miembros eran tan delicados como los de un niño o de una mujer. No podía caminar ni siquiera una corta distancia y necesitaba un palanquín o un carruaje que lo llevara. Para su viaje a Sihar vía Jayrambati habían hecho traer un palanquín. Hriday también estaba listo para partir. Después de almorzar, el Maestro se puso ropa de seda color rojo y sujetó su amuleto de oro en uno de sus brazos. Sus labios se habían puesto color carmesí por el betel que masticaba. Cuando estaba a punto de subir al palanquín, notó que en la calle cercana se había juntado una gran multitud. Al ver tantos hombres y mujeres allí, el Maestro asombrado le preguntó a Hriday: "¿Hriday, por qué está toda esa gente ahí?" 

Hriday: "Luces tan hermoso con esa ropa de seda y tus labios brillan con su color carmesí. Es por eso que quieren verte."

Maestro: "¿Qué?¡La gente se reúne sólo para ver a un hombre! No voy a ir. A cualquier lugar que vaya, la gente se va a agolpar como aquí". Muy disgustado, el Maestro retornó a su cuarto y se quitó la ropa de seda. Pleno de humildad, como estaba, el Maestro ese día no fue a Jayrambati ni a Sihar.

Lakshmi, la sobrina del Maestro, recuerda: "Cuando el Maestro estaba en su pueblo natal, todas las noches se sentaba a la puerta de su casa paterna, observando a la gente que pasaba por la calle. Todas las mujeres tenían que pasar por allí cuando traían agua de la cisterna. Pasaban con sus cántaros. Cuando lo veían en la puerta, se sentaban en el patio frente a la casa, con sus cántaros a un costado, y olvidaban todo en su alegría por escucharlo hablar o cantar sobre Dios. Temiendo que estuvieran desatendiendo sus obligaciones, les preguntaba sobre ellas. Cierta vez, una muchacha le dijo: 'Tengo una vaca. Cuando me enteré que usted vendría, corté pasto como para un mes y llené mi pieza con él.' A otra mujer le preguntó: '¿Cómo está tu bebé?' '¡Oh, me olvidé!', exclamó, 'lo dejé con una vecina.' Ella había caminado más de una milla para venir a verlo".

               No podemos realizar a Dios si no tenemos una fe cándida. El Maestro tenía una fe así, como indica el siguiente incidente: Dijo:
               "Un día, algo me mordió cuando estaba sentado en el pasto en Kamarpukur. Temí que podría haber sido una serpiente, y no sabía qué hacer. Había oído decir que si una serpiente le muerde a uno de nuevo inmediatamente después de su primera mordedura, recibe de vuelta su propio veneno. Inmediatamente me puse a buscar el hoyo de la serpiente para que pudiera morderme de nuevo. Mientras estaba buscando, un hombre me preguntó:"¿Qué estás buscando?" Después de escuchar mi relato, dijo: "Pero la serpiente tiene que morder en el mismo lugar donde mordió antes". Entonces, me fui. Quizás me había picado un escorpión o algún otro insecto. 
     Yo había escuchado decir a Ramlal que el frío del otoño es bueno para la salud. Ramlal había citado un verso pasa confirmar lo dicho. Un día, mientras estaba volviendo de Calcutta en carruaje, saqué la cabeza por la ventanilla para poder recibir todo el frío. Después caí enfermo."

               A veces el Maestro narraba historias de su vida en el pueblo a las personas que venía a verlo desde Calcutta, para que pudieran desarrollar su fe. Por ejemplo, les contó este cuento popular:

               Ranjit Roy era el terrateniente de aquella parte del país. Gracias al poder de la austeridad que había practicado, logró que la Divina Madre naciera como su hija. Un día estaba concentrado en las tareas relacionadas con su propiedad. La niña, con su naturaleza infantil, lo interrumpía continuamente, diciendo: "¿Papá, qué es esto? ¿Qué es eso?" Ranjit Roy trató de persuadirla con dulces palabras, de que no lo molestara. Pero la niña no se iba. Al final, distraído, el padre dijo: 'Sal de aquí!' Con ese pretexto, ella se fue de la casa. Un vendedor  ambulante que ofrecía artículos hechos con conchillas estaba pasando por la carretera. Ella tomó de él un par de brazaletes para sus muñecas. Cuando él le pidió que le pagara, ella dijo que podía obtener el dinero de una caja determinada que estaba en su casa. Y luego desapareció. Un rato después, el vendedor llegó a la casa y reclamó el pago de sus brazaletes. Tal como ella lo había indicado, el dinero que se le debía al vendedor se encontraba en la caja. Ranjit Roy estaba llorando amargamente cuando unas personas llegaron corriendo hasta él y le dijeron que habían visto algo en el lago.Todos corrieron hasta allí y vieron un brazo con un brazalete de conchillas que salía del agua haciendo señales con la mano. Al momento siguiente desapareció. Aún hoy en día, la gente la adora como la Divina Madre en su festival anual.

               Cierta vez, un devoto le preguntó a Sri Ramakrishna: "¿Cómo puede uno recibir la gracia de Dios?" El Maestro respondió a su pregunta citando cosas que había visto en las calles de Calcutta y en las praderas de su pueblo. Dijo: "Constantemente debes cantar el nombre y las glorias de Dios y renunciar lo más que puedas a los pensamientos mundanos. Con el mayor de los esfuerzos puedes tratar de traer agua a tus campos para tus cosechas pero se va a escurrir toda por los agujeros en los caballones. Entonces todos tus esfuerzos para traer el agua cavando un canal van a ser en vano.                                                                                                                                                                         

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