sábado, 27 de junio de 2026

Artículos : Counselor Veronica Pomerane : Swami Prabhavananda

 



Swami Prabhavananda


Dios es júbilo y amor. Por medio de la práctica y recuerdo

constante de Él, gradualmente llegaremos a probar el júbilo

de la vida espiritual.

El Amor surge en nuestros corazones y el deseo de

aferrase a la vida superficial, esta conciencia normal, se

desvanece. Llegaremos así a ser almas libres mientras

vivimos sobre la tierra.

Todos los conflictos surgen del amor por aquello que es

transitorio, pero un amor por algo infinito y eterno llena la

mente con júbilo.

Por lo tanto, debe ser deseado y buscado con toda nuestra

fuerza.

¿Qué no saben que son templos de Dios?" (San Pablo)

Cuando vayas a orar y meditar no mires hacia el cielo; mira

hacia dentro, al santuario de tu propio corazón. Ahí está Su

presencia.

Si le diriges la palabra, Él lo sabe. Si tú escuchas, Él lo

sabe. Uno no puede respirar, uno no puede hablar, uno no

puede moverse, sin esa Presencia.

El ideal del sendero de la devoción es estar unido con Dios,

verLo. Es el Ser singular que habita todo ser. No podremos

ver a Dios en el prójimo, si no lo vemos dentro de nuestros

corazones primero.

Surge la pregunta: ¿Cómo podemos amar a Dios si no Lo

conocemos? Vedanta y la Cristiandad señalan que

debemos adorar un aspecto. Una oración Hindú reza:

“Te llaman por muchos nombres y por lo tanto Te dividen,

aún así, en cada uno de ellos Manifiestas Tu Omnipotencia.

Eres alcanzado por cualquiera de ellos". Sea que

adoremos al Señor como personal o impersonal, con o sin

atributos, con o sin forma, debemos adquirir un amor fijo

por el aspecto que hemos escogido. Pero al mismo tiempo,

debemos recordar que nuestro Ideal predilecto se

manifiesta también en cada uno de los otros aspectos de

Dios. Por ejemplo, si adoramos a Cristo, debemos saber


que Él es el Atman, el Ser dentro de nosotros, y al mismo

tiempo, la Divinidad trascendente.

Swami Vivekananda ha explicado la necesidad de aceptar

un Ideal predilecto de la siguiente manera:

"Dios es las dos cosas, sujeto y objeto. Él es el "Yo" y el

"Tu".

¿Cómo puede ser esto? El conocedor no se puede conocer

a sí mismo; Yo veo todo, pero no me veo yo mismo. El Ser,

el conocedor, el Señor de todo, el Ser Real, es la causa de

toda visión en el universo.

Uno no puede ver su propia cara excepto con la ayuda de

un espejo, entonces el Atman, el Ser, no puede ver su

propia naturaleza hasta que es reflejado, y este universo

entero, por lo tanto, es el Ser tratando de realizarse. Este

reflejo, primero rebota en un protoplasma, y después en

plantas y animales, luego va a mejores reflectores, hasta

llegar al mejor, el hombre perfecto. Así como un hombre

que deseando ver su cara, primero se mira en un charco de

agua lodosa, allí ve sólo su contorno sin detalles. Entonces

luego se observa en agua limpia y ve una imagen mejor,

hasta que por fin se percibe en un espejo y se ve como es

en realidad. Por lo tanto, el hombre perfecto es el reflejo

más elevado de aquel Ser que es el sujeto y el objeto. Esta

es la razón por la que los hombres perfectos son adorados,

instintivamente, como Dios, en diferentes países. Ellos son

las más perfectas manifestaciones del Ser eterno. Esa es

la razón por la cual los seres humanos adoran a

Encarnaciones como Cristo y Buda.

"Es verdad que Tú y yo, el más pobre de todos nosotros, el

más malévolo aún, encarnamos a ese Dios, e incluso lo

reflejamos.



BOLETÍN RA-SA-VI : 247, 27-6-26

 


miércoles, 24 de junio de 2026

Artículos : CCV : Profesora Leonor Bakún : Acerca del servicio

 



Acerca del servicio

Leonor Bakún

Lo que voy a decir no es novedad para los que transitamos este camino, pero a veces vale la pena recordarlo. Hay cosas que se aprenden y quedan incorporadas a nuestro hacer, por ejemplo, las tablas de multiplicar. No digo el alfabeto porque de ahí a la ortografía hay un paso muy chiquito y confusiones muy grandes, y este no es el tema del que quiero ocuparme hoy.  Lo que sí estoy planteando es que hay saberes que tenemos y no siempre aplicamos y que hay saberes que no aplicamos y otros que deberíamos aplicar o al menos intentar aplicar. Estoy pensando, específicamente, en el servicio, palabra que no nos es desconocida.

Shivamai dijo: “el servicio es un gran secreto, tiene el poder de transformarnos si lo realizamos con la actitud correcta que es hacerlo sin esperar sus frutos, hacerlo por amor a Dios y a tus semejantes.”

El Dios que recibimos de Swamiji, el Dios que encontró Swamiji y que nos legó a nosotros, no es una deidad lejana, sino un Dios que lucha con los problemas del hombre para el bien del individuo y de todos. Es un Dios que da servicio y reclama servicio del hombre.

Sus hijos lo entendieron así. Swami Vivekananda y más tarde los Swamis Abhedananda y Turiyananda abrieron las puertas del corazón de Occidente al mensaje de amor vedántico. Delicado y penoso servicio en el que Swamiji dejó la poca salud que tenía y pasó por terribles padecimientos.

Sister Nivedita escribe: “Cuando Swami Vivekananda regresó de Occidente, la actividad tuvo un nuevo auge encarada sobre una base nacional. El monasterio enviaba sus monjes a prestar socorro en las zonas azotadas por hambrunas; a dirigir los trabajos sanitarios en una aldea o a cuidar a los enfermos y moribundos en un lugar de peregrinación. Un monje fundó un orfelinato y una escuela industrial en Murshidabad; otro, un centro de enseñanza en el Sur. "Estos hombres -decía el Swami- son los 'zapadores' en el ejército de la religión."”

Los Swamis sorprendieron a los sadhus de la época con este revolucionario concepto del servicio como práctica de la religión. La Orden no predicó, actuó y los devotos redescubrieron a Dios, un Dios que llenaba sus estómagos recordando lo que Thakur había dicho: “un estómago vacío no es apto para la religión”. No sólo les daban de comer, sino también curaban sus heridas y los socorrían en las desgracias. La Orden tenía un lema: “Por la propia liberación y por el bienestar del mundo”, y en su hacer lo ponía en práctica.

Thakur dio el ejemplo. A su puerta llegaban los que sufrían y Él los recibía, a veces,  a horas inusuales como cuando Guirish Ghosh llegó tarde, borracho y con dos amigos en el mismo estado. Thakur tomó las manos de Guirish y cantó y bailó sin hacerle reproche alguno. Servicio, amor y alegría fueron sinónimos gracias a Thakur y a sus hijos, que enseñaron que la meta de la vida es alcanzar a Dios y que sirviendo a Dios en el hombre se transita el sendero hacia la meta, porque todos somos iguales para Dios. 

Cuando Thakur le dijo a Narendra que el estómago vacío no es apto para la religión le estaba recordando que los seres humanos tenemos necesidades materiales y que lo inmediato demanda nuestra atención. No es lo mismo algo urgente que algo prioritario. Dios es prioritario, el hambre es inmediato, por eso se convierte en urgente, es vital y salvo muy raras excepciones lo filosófico no suele ser un asunto vital. Justamente por esa razón necesitamos recordatorios de la presencia de Dios. Cuando la convicción de que Dios es el único refugio aparece en una persona, su vida cambia porque su corazón se fortalece.

Shivamai dijo en un programa: “Las diferencias existen, porque cada envase es diferente, pero eso que mora dentro del corazón del universo y en el corazón de cada uno de ustedes, ahí no hay diferencia. Tenemos que ir más allá de las diferencias y una de las cosas que es muy bueno para ir más allá de las diferencias es el servicio. El servicio no pasa por hacer grandes cosas, pasa por tener la amabilidad, algo que se ha perdido tanto en la humanidad, de servir una taza de té a alguien. Eso es servicio. Si nosotros fuésemos capaces de cada acto nuestro hacerlo como servicio, servicio al otro y a nosotros mismos podríamos revertir  muchas cosas. El servicio es un gran, un gran misterio. Es fundamental en el sentido de que empecemos por nosotros mismos, de hacernos servicio a nosotros mismos. Acordarnos de que no somos solamente este cuerpo, querernos y amarnos un poco más. No es hacer grandes cosas hacia la humanidad. Nosotros no podemos dar aquello que no tenemos. El sentimiento de hacer grandes cosas por la humanidad es fabuloso, pero comenzá por vos, por tu familia. ¿De qué vale que de pronto seas muy bueno con la humanidad y tu familia es un desastre? No vale de nada. No busquen fórmulas mágicas, porque todo está bajo el sol hace mucho, mucho tiempo.”

La diferencia entre “servicio” y “ayuda” suele ser sutil, y requiere de aquel que lo practica ser sincero con uno mismo. El servicio es una forma de adoración, por lo tanto requiere que sea sincero, no especulativo y, por sobre todas las cosas, respeto hacia aquellos a quienes se sirve. El reino de Dios es incompatible con la miseria social, por eso la pobreza hay que prevenirla y cuidar que aquel que recibe no se sienta degradado. No es solo dar, es comprender, es tener delicadeza en el trato. Swami Pareshanandaji, en un programa en el que habló sobre este tema puntualizó: “la primera etapa es trabajo y adoración. La segunda etapa es cuando se hace el trabajo como adoración. La tercera es cuando el trabajo mismo es una adoración.”

Se trata de comprender lo que necesita el otro, de acercarse y obrar con amor en el corazón, del modo en que uno se acerca a Dios. El servicio, para que sea servicio, debe ser hecho con la actitud con la que se hace puja. Es a Dios a quien se sirve. El servicio es eso, puja.

Es como el caso del Maestro que le preguntó a un hombre rico que había ido a visitarlo acerca de lo que comía. El hombre respondió que tenía gustos muy sencillos. Vivía de pan, sal y agua. El Maestro se puso furioso y le dijo que un rico tenía que comer como corresponde, los manjares más refinados. El visitante se marchó, prometiendo cambiar su régimen. Los discípulos, sorprendidos, le preguntaron al Maestro la razón de su extraño consejo y éste respondió: “Si come manjares costosos, será capaz de comprender que los pobres necesitan pan. Pero si se alimenta con pan es capaz de imaginar que los pobres pueden arreglarse con piedras.”

Es no hacer alarde de servir a Dios. No hay una sola senda para servir a Dios. Puede hacerse de muchas maneras, a través de la enseñanza, de la oración, en el hombre, ayunando o comiendo son varias de las posibilidades. Cada uno debe observar, cuidadosamente, a dónde lo lleva su corazón. Como dijo Swami Turiyananda: “uno tiene que aprender a vivir dentro de su propia mente y discernir cuál es la actitud espiritual que allí reina.”

Padre Swami Pareshanandaji dijo que “el servicio real es amor. Mientras se siente amor por lo que se hace, esto es servicio. Cuando todavía estamos en el proceso de alcanzar ese amor, estamos tratando de lograr ese estado a través del servicio. Es el ego quien no nos permite manifestar ese amor. Para eso necesitamos de una disciplina espiritual. El trabajo, las prácticas espirituales implican siempre la necesidad de una disciplina, porque a través de ella se logra motivar el espíritu de servicio y ayuda a comprender y realizar las acciones desde el corazón.” 

La Santa Madre explicó que, si bien cuanto más intensamente una persona practica disciplinas espirituales, tanto más se acerca a Dios, también es cierto que no se puede estar dedicado a ello todo el tiempo y que es necesario hacer algún trabajo, considerándolo como dedicado a Dios.

Dijo que la inteligencia del hombre es muy precaria, es como la rosca de un tornillo, si se coloca mal, se pierde el juicio pero si se enrosca bien, uno sigue la senda recta y goza de paz y felicidad. Uno debe recordar a Dios y pedirle recto entendimiento. Por eso es mucho mejor trabajar que permitir a la mente que vague de una a otra parte, porque cuando la mente tiene rienda suelta, crea mucha confusión. Estar dedicado a servir a Dios en el hombre no es menos espiritual que practicar austeridades.

Estamos viviendo tiempos difíciles que hay que transitar con mucho cuidado para no herir sensibilidades. Tiempos en que el lema de la Orden: “Por la propia liberación y por el bienestar del mundo” se puede volver posible gracias a este precioso legado: “Servir a Dios en el hombre”.

Y nadie mejor para describir el servicio que la pluma poética de Swamiji en estas líneas que escribió en bengalí:

“¡Oíganme herederos de lo infinito!

Dentro de su corazón

está el océano de amor.

¡Den sin medida, den sin temor!

El océano del que pide recompensa

se reduce a una gota de agua.

Desde el más elevado Brahman

hasta el gusano y el átomo, 

por doquier el mismo Dios todo-amor.

Amigo mío: ofrece a Sus pies

tu mente, tu cuerpo y tu alma.

Ante ti están Sus múltiples formas.

Ignorándolas, ¿dónde buscas a Dios?

Quien ama a todos sin distinción

es quien mejor adora a su Dios.



lunes, 15 de junio de 2026

REVISTA SIGUE CAMINANDO N° 37

 Con alegría les compartimos la edición N° 37 del ejemplar de la revista bimestral "Sigue caminando", realizada por el Ramakrishna Ashrama Argentina.



Para acceder haga un clic en  la imagen o haga clic aquí 

miércoles, 13 de mayo de 2026

Artículos CCV: Maria Eugenia Peldoza Castro, Superstición y Fanatismo en Vivekananda: Una crítica a la intolerancia



Corren vientos de guerra que afectan nuestro continente de una y otra manera y al mundo entero. Pero estos vientos no son provocados por el clima, son provocados por la intolerancia, el ego, el fanatismo, el poder e incluso por la religión. ¿De quién? De nosotros, los seres humanos. 

Esto trae separaciones, odio, guerras y muertes brutales e innecesarias. Y, Vivekananda con su gran visión, con mensajes absolutamente vigentes hasta el día de hoy, hablaba no necesariamente de la guerra, sino aquello que las provoca – la intolerancia del ser humano. Siendo esto, el principal tema del cual hablaré el día de hoy.

Superstición y Fanatismo en Vivekananda: Una crítica a la intolerancia

Lo siguiente es una recopilación de mensajes e ideas expuestas por Swami Vivekananda. 

La famosa frase atribuida a Swami Vivekananda – “la superstición es nuestro gran enemigo, pero el fanatismo es peor” – no aparece de forma literal en una sola línea verificable dentro de sus obras completas. Sin embargo, lejos de ser una invención arbitraria, constituye una síntesis extremadamente fiel de su pensamiento, el cual puede reconstruirse con precisión a partir de sus discursos y escritos, especialmente en la colección Obras Completas de Swami Vivekananda )Advaita Ashrama). 

Para comprender esta idea, es necesario distinguir los dos conceptos clave que Vivekananda analiza: la superstición y el fanatismo. 

En primer lugar, la superstición aparece en su obra como una forma de ignorancia. En el Volumen II de sus Obras Completas, en textos relacionados con Vedanta Práctico y conferencias sobre educación, afirma de manera contundente: 

“Es mejor ser ateo que ser un necio supersticioso” – Obras Completas de Swami Vivekananda, Vol. 2, sección Vedanta Práctica (conferencia de Londres de 1896)

Esta declaración revela que para Vivekananda la superstición no es simplemente un error inocente, sino un obstáculo serio para el desarrollo intelectual y espiritual. La superstición implica aceptar creencias sin comprensión ni cuestionamiento, lo que debilita la capacidad humana de razonar y buscar la verdad. 

Sin embargo, aunque crítica duramente la superstición, Vivekananda reserva su condena más severa para el fanatismo. En su célebre discurso en el Parlamento de las Religiones de Chicago (1893), recogido en el Volumen I de sus obras completas, declara: 

“El sectarismo, la intolerancia y su horrible descendiente, el fanatismo han poseído durante mucho tiempo esta hermosa tierra… y la han llenado de violencia…” – Discurso en la Respuesta a la Bienvenida (11 de septiembre se 1893). 

Aquí el fanatismo no aparece como un simple error intelectual, sino como una fuerza histórica destructiva, responsable de la violencia, persecución y atraso social. A diferencia de la superstición que puede ser pasiva, el fanatismo es activo: no solo cree sin cuestionar, sino que impone, excluye y ataca. 

Esta diferencia se profundiza en sus enseñanzas filosóficas sobre la mente y el conocimiento. En textos de Jnana Yoga, Vivekananda insiste que “el peligro de la rigidez mental, señalando que aferrarse a una idea como absoluta impide el crecimiento espiritual”. 

Desde el punto de vista filosófico, esta crítica se basa en la tradición Vedanta, que sostiene que la verdad es una, pero puede expresarse de múltiples maneras. Por ello, negar otras visiones no solo es intolerante, sino también filosóficamente incorrecto. 

A partir de estas fuentes se puede reconstruir con precisión el sentido profundo de la frase popular. Para Vivekananda, la superstición representa la ignorancia y limita al individuo, pero el fanatismo va más allá: combina ignorancia con certeza absoluta y agresividad, convirtiéndose en una amenaza social. En otras palabras, mientras la superstición oscurece la mente, el fanatismo endurece el corazón. 

En este marco, la frase difundida – aunque no textual – resume adecuadamente su pensamiento: el verdadero peligro no es simplemente estar equivocado, sino creer que no se puede estar equivocado. Esta actitud, según Vivekananda, es la base de la intolerancia y la raíz de gran parte del sufrimiento humano. 

En conclusión, el contraste entre superstición y fanatismo en Vivekananda no es meramente retórico, sino profundamente ético y filosófico. Su mensaje sigue siendo relevante: la humanidad no avanza solo eliminando el error, sino superando la rigidez mental que impide reconocerlo. 

Un monje budista, poeta y activista por la paz Thich Nhat Hanh dijo, “Si queremos paz, tenemos que ser paz. La paz es una práctica, no una esperanza.” 

Om Ramakrishna Om 

Om Ramakrishna Om 

Om Ramakrisna Om