Los enemigos de la mente
Swami Vijoyananda
Para mantener al intelecto en estado constante de
vigilancia debemos educar nuestra mente de modo
que reciba bien las impresiones.
Se nos hace, pues, cosa fácil y natural el tener un
cuerpo sano y una mente robusta cuando nace en
nosotros el deseo de ser nuestros propios guías; de
lo contrario permanecemos inválidos a perpetuidad.
¡Cuántas veces te quejaste de que tenías el deseo
de ser mejor pero que te faltaba la voluntad! ¿Se te
ocurrió alguna vez que esta falta de determinación
no es otra cosa sino falta de práctica?
Te atraen las teorías y te dedicas a ellas, visitas una
institución tras otra, una biblioteca entera de libros
roe tus células cerebrales, y mientras tanto tratas
torpemente de convencerte de que has aprendido
mucho. Pero cuando llegamos al problema de tu
vida observas que poco has adelantado; sigues
siendo el mismo individuo que eras en el pasado, la
menor cosita te perturba, cualquier argumento o
persona te derriba. ¿Por qué no pones en práctica
todo cuanto aprendiste o por lo menos una parte de
ello? ¿Por qué no haces una pausa y te dices a ti
mismo: Ahora haré algo, ahora yo mismo descubriré
lo que hay de eficaz y cierto en lo que he
aprendido?
La práctica del poder volitivo es como cualquier otra
práctica: simple repetición. Si fallas una vez, ensaya
dos veces; si de nuevo fallas, prueba una vez más.
Sigue practicando hasta conseguir tu objetivo. En
cuanto empieza a actuar nuestro poder volitivo, en
cuanto el intelecto guía nuestra vida, hemos dado el
primer empujón a la puerta hasta entonces cerrada
del depósito de los conocimientos, Muchas veces
sentiste en tu vida como relámpagos de dicha o
dolor que fuiste incapaz de interpretar, y otras tantas
veces te contentaste con tomarlos como cosas de la
mente subconsciente. Esta nuestra mente
subconciente, este depósito de conocimientos, este
lago cuyo oleaje impide que el Ser se refleje en
forma completa, constituye el tema de estudio en el
cual se especializan los yogis. Dice el yogi: Tengo
cuerpo humano y mente humana, ¿por qué pues he
de actuar como un animal? Y para averiguar la
causa se sumerge muy, muy profundamente en sí
mismo. No le resultan indispensables ni los libros, ni
los consejos, ni los amigos. Es el yogi mismo, y eres
tú y soy yo quienes debemos elevar el
subconsciente al plano consciente. Somos hijos de
la luz y nada debe permanecer oculto o desconocido
para nosotros; no hay rincón por oscuro que sea
donde no pueda brillar la luz de la sabiduría. no hay
debilidad que no pueda ser conquistada por la
voluntad. Tal es nuestro objetivo, y como buenos
yogis, como sinceros aspirantes religiosos, tú y yo
purificaremos nuestro intelecto y trataremos de
explicarnos la razón de ser de cada burbuja que
sube a la superficie del siempre agitado lago.


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