miércoles, 7 de noviembre de 2018

ARTÍCULO: Counselor Veronica Pomerane (6//11/18)



“Por su naturaleza la mente-intelecto se proyecta hacia fuera para adquirir conocimientos sobre el universo y su funcionamiento. Pero así solo se puede conocer aquello que es en sí mismo ilusorio e irreal. La persecución de tales conocimientos simplemente prolonga la ignorancia a través de la continuidad de la falsa identidad del conocedor. A no ser que este proceso cambie radicalmente, y la indagación se dirija hacia dentro, será imposible acercarse al descubrimiento de las auténticas naturalezas del hombre y del universo”.

En el sistema hindú, el primer estado de la evolución, partiendo de la indiferenciada Prakriti, es Ilamado Mahat, "la gran causa". Mahat es el sentido del ego cósmico, la primera luz del amanecer de la consciencia diferenciada.
De Mahat evolucionó buddhi, la facultad de discernimiento. De buddhi evolucionó ahamkara, el sentido del ego individual. De ahamkara las líneas de la evolución se ramificaron en tres direcciones diferentes: para producir manas, -la facultad registradora; los cinco poderes de percepción-vista, olfato, oído, gusto y tacto; los cinco órganos de acción-lengua, pies, manos y los órganos de evacuación y procreación y los cinco tanmatras o sea las cinco esencias sutiles: sonido, tacto, aspecto, sabor y olor. Se dice que estos tanmatras sutiles, en sus combinaciones y recombinaciones, producen los cinco elementos densos: tierra, agua, fuego, aire y éter, de los cuales está compuesto el universo exterior.
Se describe a la creación como una evolución hacia el exterior, desde lo indiferenciado hacia la conciencia diferenciada, de la mente a la materia. La consciencia pura, por así decir, queda gradualmente cubierta por sucesivas capas de ignorancia y diferenciación, siendo cada capa más densa y oscura que la anterior hasta que el proceso termina en la superficie física externa del mundo visible y tangible.
Si queremos comprender la técnica de meditación, debemos mantener esta idea de la evolución bien clara en nuestra mente, porque meditación es evolución en sentido contrario. Meditación es un proceso de (volver al estado anterior). Comenzando a nivel de superficie de la vida, la mente meditativa va hacia lo interior en una constante búsqueda de la causa detrás de la causa, hasta alcanzar la más recóndita Realidad.
Qué es este cosmos? ¿De qué está hecho?
Vedanta enseña que el cosmos está hecho de Prakriti, la materia elemental, indistinguible y homogénea, de mente y materia.
Se define a Prakriti como el poder o efecto de Brahman. En el mismo sentido que el calor es un poder o efecto del fuego. Así como el calor no puede existir separado del fuego que lo causa, así Prakriti no podría existir separada de Brahman. Los dos son eternamente inseparables. El último causa al primero.
¿Por qué Brahman causa Prakriti? Esta pregunta probablemente no pueda ser contestada en términos de ninguna filosofía creada por el hombre porque el intelecto humano está dentro de Prakriti y por lo tanto, no puede comprender su naturaleza. Sólo un ser iluminado puede experimentar la naturaleza de la relación Brahman-Prakriti mientras se halle en el estado de perfecta unión o yoga, pero no puede comunicar su conocimiento en términos de lógica y lenguaje porque desde el punto de vista absoluto, Prakriti no existe. Es la Realidad como aparece ante nuestros sentidos humanos, la Realidad distorsionada, limitada, mal interpretada.
Shelley:
“La vida, como una cúpula de vidrio multicolor,
mancilla el inmaculado esplendor de la eternidad”.
Imagen práctica y hermosa si pensamos en Brahman como el inmaculado esplendor entonces Prakriti estaría representada por los colores que velan la verdadera naturaleza de su fulgor.
La filosofía Hindú considera a la creación y la disolución como un proceso indefinidamente repetido. Cuando, de ciclo en ciclo, el universo se disuelve-o aparentemente se disuelve- se dice que este retorna y queda dentro de la Prakriti indiferenciada y allí permanece en 'estado de simiente' potencial, durante cierto período.
Cuál es, entonces, el mecanismo de recreación de la Prakriti?
Se dice que Prakriti está compuesta de tres fuerzas: sattwa, rayas y tamas, conocidas en conjunto como los tres gunas.
Los gunas proveen la fuerza motrız para el proceso creativo.
Estos gunas pasan a través de fases de equilibrio y desequilibrio; la naturaleza de la relación entre ellas está sujeta a perpetuo cambio.
Mientras los gunas mantienen equilibrio entre sí Prakriti permanece indiferenciada y el
universo existe únicamente en un estado potencial. Tan pronto como se altera el equilibrio comienza una recreación del universo. Los gunas entran en una enorme variedad de combinaciones, todas ellas irregulares, con preponderancia de uno u otro de los gunas sobre el resto.
De aquí que haya tal variedad de fenómenos fiísicos y psiquicos en nuestro mundo aparente. El mundo, en ese estado continúa multiplicando y variando sus formas hasta que los gunas hallan nuevamente un equilibrio temporario y luego comienza una nueva fase de potencialidad indiferenciada.
Algunas veces los gunas son descritos como "energías', otras veces como cualidades.
En conjunto pueden ser imaginados como un triángulo de fuerzas opuestas y aun así complementarias.
En el proceso de evolución sattwa es la esencia de la forma que ha de ser realizada; tamas es el obstáculo inherente a esa realización y rayas es el poder mediante el cual ese obstáculo es quitado para que la forma esencial se manifieste.
A modo de ilustración, un ejemplo:
Un escultor decide modelar la figura de un caballo.
La idea de este caballo, cuya forma él ve en su imaginacion es inspirada por sattwa. Luego consigue una buena porción de arcilla, la que representa el poder de tamas; su ausencia de forma es un obstáculo que es necesario vencer. Tal vez haya también un elemento de tamas en la propia mente del escultor, quien puede pensar: Esto me va traer muchos problemas. Es demasiado complicado; estoy cansando. Para qué hacer el esfuerzo?". Pero aquí la fuerza de rayas viene en su ayuda.
Rayas, en este caso, representa la voluntad del escultor para conquistar su propia inercia y las dificultades de las circunstancias; representa también el esfuerzo muscular que él pone en funcionamiento con el fin de terminar su obra. Si logra generar suficiente cantidad de rayas, el obstáculo de tamas será vencido y la forma ideada por sattwa se personificará en un objeto tangible hecho de arcilla.
De este ejemplo es evidente que los tres gunas son necesarios para un acto de creación. Sattwa sería únicamente una idea no realizada; rayas sin sattwa seria una simple energía sin dirección; rayas sin tamas sería como una palanca sin un punto de apoyo.
Si deseamos describir los gunas individualmente, podemos decir que sattwa representa todo aquello que es puro, ideal y tranquilo; rayas se expresa en acción, movimiento y violencia y tamas es el principio de la solidez, de la resistencia inamovible y de la inercia.
Como ya hemos dicho, los tres gunas se hallan presentes en todo, predominando uno sobre los otros dos en todos los casos, rayas en el volcán en erupción y tamas en un bloque de granito.
En la mente del hombre, los gunas por lo general se encuentran en una relación de extrema inestabilidad, de ahí los muchos estados por los cuales pasamos en el curso de un solo día.
Rayas causa nuestras explosiones de ira y nuestros deseos furiosos; nos vuelve intranquilos y descontentos y sin enbargo es a su vez responsable de nuestros mejores aspectos de actividad.,
Al aspirante espiritual se le aconseja trascenderlos mediante una disciplina de constante discernimiento.
Las olas de pensamiento, son, por supuesto, proyecciones de las fuerzas de los gunas.
La filosofía yoga nos enseña que son los samskaras los que nos conducen de nacimiento a nacimiento, de la misma manera que el vicio profundamente enraizado lleva a un hombre a tomar una droga una y otra vez, a pesar de sentir un rechazo conciente por ella, y a pesar de los esfuerzos de su voluntad moral.
Podemos decir y sinceramente creer que estamos hastiados del mundo con su recíproca relación de placeres y sufrimientos- los frutos dulces y amargos del árbol-, sin embargo, no estamos tan hastiados mientras esas tendencias subconcientes permanezcan. Nuestra deseo de volver a sumergirnos una vez más en la experiencia sensoria es mucho más profundo de lo que nosotros creemos.
Cuando los samskaras han sido arrancados de raíz y destruidos, ya no habrá más impulso hacia el renacimiento.
El que logra el yoga, él se unirá con el Atman para siempre.
El logro de unión perfecta, no significa necesariamente el inmediato fin de la vida mortal. Hay santos que han alcanzado la suprema experiencia espiritual y aun así, siguen viviendo durante muchos años, Continúan pensando, hablando y actuando en el plano de los fenómenos externos pero, los pensamientos palabras y actos de un hombre liberado son como semillas quemadas, es decir, ya no son fértiles, nunca más pueden producir samskaras y tampoco crear ligaduras.
Sus acciones dejan de producir karma.
Para un hindú cielo e infierno están dentro de Prakriti. Él cree en muchos planos de existencia aparte de este plano terrenal, algunos infernalmente dolorosos, otros celestialmente placenteros. Podemos ir a estos planos cierto tiempo después de la muerte, impulsados por el karma que hemos acumulado aquí en la tierra, pero en ninguno de ellos, permaneceremos eternamente. Cuando el karma acumulado, bueno o malo, se agote, renaceremos en esta vida mortal.
El nacimiento humano, es la única condición, de acuerdo con la creencia hindú, bajo la cual somos libres para practicar el yoga y unirnos con el Atman.

Emerson – Brahmán:

“ Los poderosos dioses anhelan mi morada
  Y en vano, los siete sabios la anhelan.
  Pero tú, humilde amante del bien!
  Hállame y vuelve tu espalda a los cielos!”.

En el Katha Upanishad, Yama, el dios de la muerte, admite cuando dice a Nachiketa:
” Bueno, yo sé que los tesoros terrenales sólo duran un día. Es que fui yo mismo quién, deseando ser el Rey de la muerte, hice sacrificios con fuego. Pero el sacrificio fue una cosa pasajera, realizado con objetivos transitorios e insignificante es mi recompensa, veo que mi reinado durará un instante”.

Yama sabe que llegará el día en que tendrá que dejar su reino y renacer como hombre.
Entonces, y sólo entonces, el tendrá otra oportunidad de dar su espalda a los cielos y buscar esa unión con el Atman que es la única verdadera inmortalidad.
Nuestro progreso se demora debido a nuestros pasados karmas , nuestros presentes temores y deseos y la relativa fortaleza de nuestra energía.
Ningún esfuerzo por pequeño que parezca, se pierde y cuanto más firmemente lo intentemos, más pronto triunfaremos.
La concentración sobre un único objeto, si se practica intensamente puede llevar a la mente muy lejos, directamente a las orillas de la materia indiferenciada.
Ishwara es Dios tal como aparece dentro de Prakriti.
La devoción a un Dios ideal, personal, crea una inclinación natural hacia la humildad y el servicio, endulza la sequedad del discernimiento intelectual y despierta la más elevada clase de amor de que el hombre es capaz.
Nosotros ni siquiera podemos imaginar a Brahmán, pero podemos imaginar a Ishwara, ya que tiene atributos que nuestras mentes pueden reconocer. Iswara es todo lo que podemos conocer de la Realidad hasta que no vayamos más allá de Prakriti.
Si resolvemos servir a Iswara, si le dedicamos nuestras acciones y entregamos nuestros deseos, comprobaremos que Él nos atrae hacia Sí mismo. Esta es la Gracia de Dios, a la cual Sri Ramakrishna comparaba con la brisa que siempre sopla; nosotros sólo tenemos que izar la vela para captarla.
En el Guita leemos:
Todo lo que hagas,
 Toda adoración u ofrenda;
 Todo lo que des a otro,
 Cualquier austeridad que paractiques,
 Ofrécemelo a Mí”.
Estar capacitado para sentirLo es una gran bendición porque es el camino más seguro y dichoso hacia la liberación.
En el estado de unión con Brahmán, ambos, Ishwara y su universo, son trascendidos dado que ambos son simplemente proyecciones de Brahmán.
Si admitimos la existencia de conocimiento en el hombre, no importa cuan limitado sea, debemos deducir de ello, la existencia de infinito conocimiento en Dios.
Admitiendo que todos deben tener un maestro, el maestro del primer maestro solamente puede haber sido Dios, dado que tan sólo Él, siendo eterno, estaba presente antes de que comenzaran los maestros.
La palabra que lo expresa es Om.
Esa palabra debe ser repetida mientras se medita.
“En el comienzo era la Palabra”, dice el Evangelio según San juan, y “ La Palabra era Dios”.
Esta declaración es un eco casi exacto de un verso del Rig Veda. “En el comienzo era Brahmán, con quién era la palabra y la palabra era realmente el supremo Brahmán”.
La filosofía de la Palabra puede ser rastreada en sus diferentes formas y modificaciones, desde las Escrituras hindúes, a través de las enseñanzas de Platón y los Estoicos hasta Filón de Alejandría. Quizás pueda llegarse a comprobar la existencia de un eslavón histórico entre todas las escuelas de pensamiento.
La verdad puede ser redescubierta independientemente en diferentes épocas y lugares.
Las palabras y las ideas son inseparables. No podemos tener la idea de Dios sin la palabra que exprese a Dios.
El sonido más básico, más natural, más comprensible de todos los sonidos es “OM”. Este sonido es AUM.
Sobre esto dice Swami Vivekananda:
La primera letra “A” es el sonido base; gutural, el que se pronuncia sin tocar parte alguna de la lengua o el paladar. La letra “M” es el último sonido labial y la “U” representa el rodar del progresivo impulso que comienza en la raíz de la lengua y termina en los labios. Así “Om”, representa integramente le fenómeno que produce el sonido”.
“Om” es casi con certeza, la palabra más antigua para denominar a Dios. Ha sido utilizada por millones de adoradores, sin referirse a ninguna deidad en particular.
                 La Repetición del Nombre de Dios
La verdad es que estamos convencidos de que siempre pensamos con lógica y coherencia. Pero en realidad la mayoría de nosotros no hacemos esto.
Los pensamientos coherentes sobre cualquier problema, ocupan una pequeña parte de nuestras horas de vigilia. Por lo general estamos en un estado de ensueño , una niebla mental de impresiones sensorias desconectadas entre si, recuerdos deshilvanados, migajas de frases de libros y periódicos, relámpagos de temores y resentimientos, sensaciones físicas de incomodidad, excitación o tedio.
Si tomáramos veinte mentes e inspeccionáramos sus maquinaciones, a lo máximo hallaríamos a una o dos razonables.
Como nosotros no hacemos nada para controlar este ensueño, está en gran medida, condicionado por las circunstancias externas.
(Hoy está nublado, por lo tanto, nuestro estado de ánimo es triste. Sale el sol, nuestro estado resplandece. Algunos insectos comienzan a zumbar a nuestro alrededor y nos volvemos irritables y nerviosos. Así de simple).
Si en medio de ese estado de ensueño introducimos el nombre de Dios, descubriremos que podemos controlar nuestros estados a pesar de la interferencia del mundo exterior.De todos modos, siempre estamos repitiendo palabras en nuestras mentes, el nombre de un amigo o de un enemigo, el nombre de una ansiedad, el nombre de un objeto deseado y cada una de estas palabras está rodeada de su propia atmósfera mental. Tratemos de repetir guerra o dinero unas diez mil veces, hallaremos que todo nuestro estado mental ha cambiado y se ha coloreado por las asociaciones relacionadas con esa palabra. De igual manera, el nombre de Dios, cambia el clima de nuestra mente.
Este ejercicio, aparentemente mecánico, imperceptiblemente se convierte en un genuino llamado del corazón, que penetra en la vida interior y se vuelve un deleite natural del alma aportando luz y alimento y conduciéndolo a la unión con Dios.
En las Escrituras hindúes a menudo encontramos esta frase:” Tomar refugio en Su nombre”. En el Libro de los Proverbios “Torre fuerte es el nombre del Señor, a Él correrá el justo y será protegido”.
Cuando la mente se sienta literalmente sacudida por el dolor, el temor o por necesidades físicas, en ese punto es imposible usarla para meditar y ni siquiera para pensamientos razonables. Pero hay algo que sí podemos hacer: repetir Su nombre una y otra vez. Una vez que hayamos probado y comprobado el poder de la sagrada Palabra, confiaremos en ella cada vez más. Mediante la constante práctica, la repetición se vuelve automática, ya no tiene que ser impuesta concientemente. Descubriremos que la repetición comienza por sí misma y continúa el tiempo que sea necesario.
Si perseveramos, nuestra repetición nos conducirá inevitablemente a la meditación.
Gradualmente nuestro ensueño confuso, dará lugar al pensamiento concentrado.
Ya no podemos continuar repitiendo ninguna palabra, sin comenzar a pensar sobre la realidad que ella representa.
Sin embargo, la concentración se mantendrá unos pocos momentos; la mente se deslizará nuevamente a su campo de ensueño. Pero será un ensueño de una clase más elevada, un ensueño dominado por sattwa más que por rayas o tamas.
Y el Nombre, perpetuamente pronunciado dentro del campo de ensueño, será como un suave tirón a nuestra manga, demandando y finalmente capturando, nuevamente nuestra atención.
El mantra contiene la semilla dentro de la cuál la sabiduría espiritual pasa de una generación a otra.

Ese mantra el díscipulo lo debe repetir y meditar en él el resto de su vida.