lunes, 19 de marzo de 2018

SEGUIR APRENDIENDO: Lic Maria Cristina Viturro




Esta semana, llegó a mis manos un texto de Thomas Merton llamado “La lluvia y el rinoceronte”. Me pareció muy, muy interesante y pensé compartirlo con ustedes.
Como saben, Merton fue un monje trapense que murió bastante joven en 1968. En “La lluvia y el rinoceronte” reflexiona sobre la vida espiritual a partir de analizar la belleza de la lluvia cayendo graciosamente (y lo digo en el sentido de que sucede por la Gracia, sin necesidad o utilidad) sobre su cabaña en el bosque, en la perfección del solo hecho de caer sobre la creación entera, contraponiéndola con el criterio utilitario que rige la sociedad moderna. Aclaro que el rinoceronte del título hace alusión a la obra de Ionesco y no a algún bicho amenazante para el bueno de Merton, solo en su cabaña oyendo caer la lluvia.
El texto tiene una fuente de inspiración, además, en una obra del siglo VI de un filósofo llamado Filoxeno que dice cosas muy interesantes. Entre las cuales está esta redefinición del sentido de la soledad que, me parece, es muy necesaria en nuestro camino espiritual.
Cito a Merton: “El que no está "solo", dice Filóxenes, no ha descubierto su identidad. Parece estar solo, tal vez, porque tiene la experiencia de sí mismo
como "un individuo". Pero porque está voluntariamente encerrado y limitado por las leyes e ilusiones de la existencia colectiva, no tiene más identidad que un niño no nacido en el vientre de su madre. No es todavía consciente. Se encuentra ajeno a su propia verdad. Tiene
sentidos pero no puede usarlos. Tiene vida pero no identidad.”
Y aquí comienza lo que me pareció más importante. Dice Merton citando a Filoxeno: “Para tener una identidad, [un individuo] debe estar despierto, y consciente. Pero para estar despierto, debe aceptar la vulnerabilidad y la muerte. No por ellas mismas: […] sino por la realidad interior invulnerable que no podemos reconocer (la cual sólo podemos ser), pero a la cual nos despertamos sólo cuando vemos la irrealidad de nuestra corteza
vulnerable. El descubrimiento de este yo interior es un acto y una afirmación de la soledad.”