jueves, 23 de noviembre de 2017

La Verdad: Relato sobre Buddha: María Luz Pedace






La Verdad

(Maria Luz Ponce)

Un gran filósofo había venido al encuentro de Gautama Buddha para discutir la Verdad. En el Oriente era una tradición: los filósofos viajaban de un lado al otro, desafiando a otros a discusiones abiertas.
Esos eran días hermosos; en cierta forma eran tiempos de verdadera libertad de expresión. Toda clase de filosofías, todas las concepciones posibles de la existencia eran respetadas y discutidas sin antagonismo. La discusión era solo un medio para descubrir; se hacía con gran amor, con gran amistad. El que era derrotado en la discusión se convertía con naturalidad en discípulo del victorioso.
El filósofo Maulunkputta había vencido a muchos, muchos filósofos en todo el país. Su gran deseo de vencer a Gautama Buddha venía de que era el nombre más grande en esos días.
Había venido con quinientos discípulos y estos quinientos discípulos eran quinientos filósofos que él había vencido.
Desafió entonces a Buddha. Le dijo: “Deseo discutir la Verdad”. Buddha le dijo: “Bienvenido. ¿Conoces la Verdad? De otro modo, ¿cómo la discutirías?”
Era tal la sinceridad de la gente que Maulunkputta dijo: “No conozco la Verdad. Soy un buscador”. Y Buddha le respondió: “También yo fui un buscador. Ahora no lo soy más. Solo la Verdad es. ¿Quieres aún discutir la Verdad con la Verdad misma? ¿Y cómo discutirías? Siento compasión por ti. Mi sugerencia es la siguiente: siéntate a mi lado en silencio por dos años, solo bebiendo mi presencia, sintiendo mi presencia. Por dos años guardarás silencio sin hablar una sola palabra. Luego de dos años puedes empezar tu discusión”.
Era una condición extraña. Sentarse dos años en silencio… pero Maulunkputta era un auténtico buscador, no tan solo un pensador sino alguien que quería conocer la Verdad y no como una conclusión lógica sino como un conocimiento esencial.
Asintió, estuvo de acuerdo con Buddha y dijo: “Lo que Buddha me está diciendo viene al caso. No sé nada de la Verdad. ¿Cómo puedo discutirla? Me sentaré dos años. He perdido cincuenta, deambulado por todo el país, discutiendo con miles de personas, argumentando, alegando. ¿Qué hay en mis manos? Están vacías. Perdí cincuenta años. Arriesgaré dos más. La presencia misma de Buda, su silencio, su serenidad, su fragancia, un aura sutil a su alrededor, casi tangible, me hace sentir que no puede engañarme. No puede engañar a nadie”.

Esperó en silencio dos años, pero en ese tiempo desapareció. Su mente se volvió tan silenciosa que olvidó contar días, semanas y meses. Cuando pasaron dos años, él ni se había percatado de que habían pasado. Fue Buddha quien dijo: “Maulunkputta, ¿has olvidado nuestro acuerdo? Han pasado dos años. Este mismo día, hace dos años llegaste a mí. Ahora estoy listo para discutir”.

Pero nada preguntó; había lágrimas de alegría en sus ojos. Puso la cabeza a los pies de Buddha y le dijo: “Perdóname, por favor. He caído en tal conexión contigo que no hace falta que te pregunte o me contestes nada. Te conozco exactamente en tu ser más recóndito. He visto tu luz, he visto tu amor, he experimentado tu Verdad. Lo más asombroso es que cuando las experimenté, de pronto, dentro de mí las mismas experiencias comenzaron a florecer. Tu Verdad fue solo un punto desencadenante, impulsó algo en mí. Así me di cuenta de mi propia Verdad. Son la misma Verdad. Perdóname, por favor. Era egoísta, ignorante… La sola idea de discutir la Verdad contigo… La Verdad no puede discutirse pero puede ser experimentada en silencio”.