sábado, 25 de noviembre de 2017

Artículo: ¿Qué es el Ramakrishna Ashrama de Argentina: RICARDO HARDOY







Om sthapakaya cha dharmasya, sarva dharma-svarupine;
Avatara-varishthaya Ramakrishnaya te namah.

Querido Padre Swamiji, querido Swami Samachittanandaji, querido Swami Purnabodhananda, queridos amigos y amigas

¿Qué es el Ramakrishna Ashrama de Argentina?”

Una vez le preguntaron a Sri Ramakrishna
“¿Hace falta un Gurú? ¿Quién es el Gurú?”
Y él respondió:
“Dios, Satchidananda, es el Gurú. Los gurúes humanos son conductos de esta Fuente Suprema”.

En otra oportunidad le preguntaron:
“¿El conocimiento espiritual es imposible sin un Gurú?”
Y él contestó:
“Solo Satchidananda es el Gurú. Si un hombre en la forma de un Gurú despierta en Usted la conciencia espiritual, entonces tenga por seguro que es Dios, lo Absoluto, que ha asumido esa forma humana para su bien.”

Este es el núcleo del Ramakrishna Ashrama de Argentina.

Satchidananda es una palabra compuesta, sánscrita, que significa Existencia Conocimiento y Felicidad Absolutas, Infinitas.

Sat  quiere decir Existencia, se refiere a La Existencia Infinita, Absoluta.
Chit quiere decir Conocimiento, Consciencia, el Conocimiento Absoluto, Infinito.
Y Ananda quiere decir Dicha Divina, Felicidad Infinita, Absoluta.
La Realidad Última, expuesta en los Upanishads, Brahman, es Existencia Pura, Conocimiento Puro y Felicidad Pura.

Si bien es cierto que para representar el significado de Chit, el concepto de Consciencia se ajusta mejor que el de Conocimiento, por momentos vamos a usar también la palabra Conocimiento para facilitar la comprensión del término Chit.
Chit, aquí, no se refiere a un estado de consciencia sino a la entidad que la constituye, a su principio activo, a su causa. La esencia, la verdadera naturaleza de la consciencia, de todos los estados de consciencia, es Chit.

¿Qué quiere decir esto?
Por un lado tenemos los estados de consciencia ¿cuáles son?
El estado inconsciente, el estado subconsciente, el estado consciente, el estado superconsciente, etcétera. Desde el sueño profundo hasta el estado superconsciente, hay distintas maneras de categorizar los estados de consciencia, según las distintas corrientes de estudio del tema.
Y por otro lado tenemos el principio, la causa y esencia, la entidad que constituye, que edifica (por decirlo de otro modo) todos los estados de consciencia. Esto es Chit, la Consciencia Pura, Absoluta, Infinita, que no tiene principio ni fin, que está presente en todo lo que existe.

Por ejemplo, del mismo modo que una cabaña está construida con madera, así, los estados de consciencia están construidos con Consciencia, con La Consciencia, Chit. ¿Se entiende? La entidad constitutiva de los distintos estados de consciencia es  LA CONSCIENCIA INFINITA.

Para poder conocer algo, para percibir algo, primero ese algo tiene que existir, sólo después podemos darnos cuenta de que eso existe. Y por último, como resultado natural y final, experimentamos cierta clase de satisfacción, de alegría, de dicha.
Existencia, Conocimiento, Felicidad = Satchidananda.
Entonces, cuando hablamos de Satchidananda, este Chit no se refiere a la capacidad de percibir, a la capacidad de conocer sino al principio constitutivo de toda percepción, al principio constitutivo de todo conocimiento.

La Consciencia es lo que nos permite conocer todas las cosas que conocemos. Está detrás de la capacidad de conocer, está detrás de la capacidad de percibir.

Si reflexionamos sobre el significado de Satchidananda y leemos las vidas de, por ejemplo, Ramana Maharshi, Sri Nisargadatta Maharaj, Jiddu Krishnamurti, Lao Tsé, San Juan de la Cruz y otros místicos, vamos a ver que no tiene mucho sentido afirmar que Dios no existe, porque se contradice con nuestra conducta, con nuestra vida de todos los días.
¿Cómo es esto? ¿Dónde está la contradicción?

Todos sentimos curiosidad por saber qué pasa ¿no es cierto? queremos enterarnos de todo, queremos conocer las cosas, queremos verlas, queremos conocer todo lo que hay, porque eso nos gusta, nos da satisfacción, nos da alegría, dicha.
Nos encanta descubrir cosas nuevas. Pero no paramos ahí, queremos descubrir todo, queremos develar todos los secretos del Universo.
Queremos conocer todo lo que existe porque la acción de conocer siempre produce cierta clase de satisfacción, de felicidad.

Nos pasamos toda la vida queriendo encontrar la felicidad, queremos encontrarla y prolongarla.
Muchas veces buscamos hasta con desesperación, aunque sea una gota de felicidad. Y cuando encontramos alguna pizca de algo que nos da felicidad, nos adherimos a eso. Inmediatamente empezamos a tener miedo de perderlo y después queremos más y más y nunca quedamos completamente satisfechos.

Todos queremos disfrutar, experimentar placer, felicidad y, por último, queremos saciarnos. Pero la saciedad dura poco, nunca es permanente.
Queremos que algo externo, nos haga experimentar una felicidad que no termine nunca y que sea plena, perfecta, infinita, absoluta.

Pero nunca quedamos absolutamente satisfechos. Nunca.  ¿Por qué?   Porque, sin saberlo, estamos buscando La Felicidad, Ananda, esa dicha que se indica en Satchidananda, la buscamos afuera de nosotros, entonces solo encontramos algunos espejismos, meros reflejos, fracciones infinitesimales de la Felicidad Plena, Absoluta, Perfecta. Son solamente espejismos, reflejos, que comparados con la cosa real son casi cero.
Queremos todo pero lo buscamos en algo que es casi cero, casi nada.
O sea que vivimos corriendo detrás de cosas que no valen nada o que, en el mejor de los casos, no valen lo que creíamos que valían. Pero, sin embargo, seguimos pensando que cuando las obtengamos vamos a tenerlo todo.
Y como resultado de ésta singular búsqueda destinada al fracaso desde el principio, lo que conseguimos, tarde o temprano, es frustración y con la frustración viene el enojo, la ofuscación y con la ofuscación nos establecemos en el estado de insatisfacción y esta insatisfacción lleva al apego y el apego se vuelve crónico desde el mismísimo primer intento fallido de ser felices y nos hace reincidir indefinidamente en intentos que siempre, indefectiblemente, tarde o temprano, nos llevan al fracaso. Y cuando llega la frustración, la desilusión pensamos que es porque algo salió mal, hubo un error, algo cambió en el camino… creemos que pasó algo que no tendría que haber pasado...  pero qué mala suerte… justo me viene a tocar este chiflado ésta chiflada… entonces viene el enojo… y después viene la angustia porque no podemos sacarnos el asunto de la cabeza… pero, con el tiempo, llega el olvido… y volvemos a intentar las mismas cosas… porque, ésta vez, aaah sí, no me agarran más… y al tiempo, estamos en la misma situación que antes.

Si pensamos en el Ananda de Satchidananda y lo sacamos de su contexto espiritual, sutil y lo llevamos al ámbito de los objetos externos, vemos que alguna relación hay entre las dos clases de felicidad pero es una relación parecida a la relación que existe entre el calor que hace en el sol, que arde durante 10 mil millones de años ininterrumpidamente y el calor que sus rayos producen en la tierra cada cierto lapso de tiempo, calor éste, que además está sujeto a muchas variables, como por ejemplo la posición de la Tierra con respecto al Sol, la distancia entre ambos, la nubosidad, etc.
Mientras en el Sol hay una temperatura constante de 15 millones de grados centígrados acá, en el desierto del Sahara, están haciendo 59 grados centígrados.

Hay una relación, en los dos casos estamos hablando de calor, pero hay una diferencia de grado inmensa ¿no?
Si de pronto me pudiera transportar en un instante, de acá al sol... con un frasco de Pancutan, no me arreglo ¿no?

Por un lado tenemos al Ananda de Satchidananda y por el otro lado tenemos la felicidad en nuestras vidas.
Una felicidad tiene que ver con la otra, pero una lleva a la perfección, a Dios, a la plenitud y la otra lleva, tarde o temprano, a la frustración, al enojo y a la insatisfacción y a una cadena interminable de nuevos intentos por alcanzar la felicidad. Intentos que siempre van a terminar igual de fallidos, aunque a veces nos lleve toda una vida completar un ciclo.

Uno se hace tanto problema, sufrimos tanto cada vez que nos sentimos frustrados, creemos que nos pasa algo que no debería estar pasándonos, vamos al médico, nos sometemos a distintos tratamientos y no nos damos cuenta de que la frustración es el resultado natural de la vida de todos los seres humanos que buscamos la plenitud afuera nuestro.
Pero, ¡Vamos! ¡Si hay miseria que no se note! ¿Cómo andás che? ¡Bárbaro! ¡Mejor imposible!
Bueno, mejor imposible… eso es casi cierto.
En las Obras Completas de Swami Vivekananda, en la sección: Discursos sobre Jñana Yoga 1, encontramos los siguientes párrafos:

“Somos Existencia, Conocimiento, Dicha (Satchidananda).”
“La existencia es la última generalización en el universo.”

Vivekananda está diciendo que después de haber reflexionado sobre toda la información que tenemos del Universo (o sea después de haber analizado la condición de todos los seres vivos, de todos los seres inanimados, de toda la materia en estado líquido, los ríos, los mares, los océanos, de toda la materia en estado gaseoso, de toda la materia en estado sólido, los planetas, las galaxias, el cosmos, después de haber analizado toda esta información podemos arribar a la conclusión última de: que todo en el Universo, EXISTE.
En el Universo: todo Existe. Entonces: La Existencia es la última generalización del Universo.
No podemos decir que en el universo todas las cosas son chiquitas o enormes, o líquidas, u oscuras o luminosas o gaseosas o que todas las cosas en el Universo hacen ruido, o que son redondas etc. pero sí podemos decir que en el universo todas las cosas EXISTEN y entonces la existencia es la última generalización del universo. ¿Se entiende un poco?

Después Vivekananda sigue:
“Nosotros existimos, (Sat)
lo sabemos, (Chit)
y la dicha (Ananda) es el resultado natural de la existencia sin aleación.”

Acá está diciendo que todos los seres vivos existimos y sabemos que existimos y que el resultado natural de existir, existir a secas sin ninguna otra característica más que la de existir, sin aleaciones, es la dicha. El resultado natural de existir es la dicha.
Existir sin aleación quiere decir existir sin ninguna otra característica, no existir cuadrado, existir seco, existir torcido, existir con sonido, existir en algún lugar en particular, existir cómodo, existir enfermo, existir sólido, existir líquido, existir perfumado, existir hediondo, no, solo existir, únicamente existir.
Y el solo existir, el existir sin aleacion, tiene como resultado natural: la dicha. La dicha de solo existir.    ¿Les suena, la canción?

Quiere decir que cuando uno se vuelve consciente del significado de la existencia, Sat, cuando uno experimenta la existencia sin ninguna otra cualidad, sin aleaciones, entonces uno experimenta a Dios, realiza a Satchidananda, realiza a Dios y experimenta Ananda, La Dicha.
La dicha de solo existir. Ese estado sublime que describen todas las escrituras.

Vivekananda dice:
“De vez en cuando conocemos un momento de dicha suprema,
cuando no pedimos nada, no damos nada, y no sabemos de nada más que de la dicha.”
“Luego, ese momento pasa y nuevamente vemos el panorama del universo que se desarrolla ante nosotros y sabemos que no es más que un trabajo de mosaico sobre Dios, Dios, que es el trasfondo de todas las cosas".

Miren esto que sigue. Dice Swamiji:
“Cuando, después de ese momento de dicha, regresamos a la tierra y vemos lo Absoluto como relativo, entonces vemos a Satchidananda como Trinidad: Padre, Hijo, Espíritu Santo.”
“Nadie puede conocer a "la existencia" (Sat) excepto a través del "conocimiento" (Chit), y de ahí la fuerza del dicho de Jesús: Ningún hombre puede ver al Padre salvo por medio del Hijo.”

¿Alguno de nosotros necesitaba un puente para unir las más elevadas enseñanzas de los Upanishads con las palabras Cristo y con el significado mismo de Cristo, de Dios encarnado?
Bueno, Vivekananda construyó ése puente para todos nosotros. Y y lo construyó con una lógica natural e irrefutable. Habló de manera que cualquiera pudiera entenderlo.

Para explicar el significado de Satchidananda no dió una serie de extensas charlas, no, Vivekananda agarró 10 dedos y dos palmas y dos dorsos y demostró que estos elementos forman las dos manos. ¿Para qué? Para que de ahora en adelante, cada vez que nos miremos las manos, a nadie le queden dudas de que en realidad estamos mirando 10 dedos, 2  palmas y 2 dorsos.
¿Se entiende la diferencia?
Nosotros antes no sabíamos de qué estaba hecho el universo, era un misterio, sólo teníamos teorías, no sabíamos de qué estaba hecho el hombre.
Si alguien preguntaba de qué está hecho el hombre, decíamos “de carne y hueso…  ¿qué te pasa? Pero mirá lo que preguntás”.

Pero ahora, por la gracia de Vivekananda, todos podemos entender y vamos a poder decir, sin temor a equivocarnos, que estamos hechos de Pura Existencia Consciencia y Dicha y que todo el Universo está hecho de Pura Existencia Consciencia y Dicha. Vamos a poder afirmar, aunque no hayamos visto a Dios,  que eso que llamamos Dios no puede ser otra cosa más que Pura Existencia Consciencia y Dicha y que nosotros estamos hechos de Dios, a Su imagen y semejanza.
Y además, ahora sabemos algo fundamental, que uno puede ver a Dios o conocerse a sí mismo o llamálo como quieras. Solo hay que encontrar un genuino Preceptor Espiritual que esté lleno de Espiritu Santo. Un Maestro que sea un hábil conocedor de la naturaleza humana que sepa por qué camino conducir a cada uno según sus propias tendencias. Y uno debe dejarse guiar por un Maestro de esa categoría.

Antes de que vinieran Sri Sri Sarada Devi, Sri Ramakrishna y Swami Vivekananda, ¡¡Estábamos en la oscuridad, en la penumbra!!

¡Todo eran misterios, misterios y secretos, los misterios místicos, los misterios del mar Muerto, los misterios de los maestros de la antigüedad, los maestros del astral, la levitación y su influencia secreta en el desarme nuclear, los mensajes de Ganímedes, el mensaje de las runas, los secretos de las pirámides, las enseñanzas secretas del Uritorco, los mensajes de los platillos, los misterios de acá, los misterios de allá, misterios, misterios y más misterios...¡Nos mantuvieron miles de años en el jardín de infantes de la existencia!

Pero se acabaron los misterios, los secretos y las amenazas de lo que nos va a pasar si no le hacemos caso a un puñado de señores que viven como príncipes a costa nuestra, que se han llenado de oro y de poder a expensas del miedo y la ignorancia y la debilidad mental de los demás. Señores de éstos, que adoran el poder y la buena vida, hay en todas las religiones, nunca faltan. Afortunadamente, no son estos los que sostienen la corriente interna de genuina espiritualidad que hay en todas las grandes religiones.

Cuestión que ahora podemos afirmar, con la fe y con la razón, que Dios existe y que todos lo vamos a poder ver, todos.

Pongamos un ejemplo.
Viene alguien y te dice: “Yo no creo en Dios”.

¿Cómo podemos decir que no creemos en Dios, que es la Felicidad Absoluta, cuando nos hemos pasado cada segundo de nuestras vidas queriendo encontrar una felicidad duradera.
¿Qué digo duradera?     ¡¡Queremos ser felices para siempre!!
De manera que, SÍ, creemos en Dios, en la Felicidad Plena, porque  si no creyéramos no nos pasaríamos la vida entera como autómatas tratando de encontrarla sin descanso ¿no es cierto?

Nuestra mente nos invita y alienta todo el tiempo para que encontremos felicidad permanente. Es cierto que los objetos que existen a nuestro alrededor nos invitan, nos tientan, nos provocan para que sigamos buscando la felicidad, pero a esta dicha no la vamos a encontrar en los objetos externos y tampoco la vamos a encontrar en nuestros pensamientos o en los sueños.

Alguno podría decir ¿Y por qué no la voy a encontrar? ¿Qué te pasa? ¿Vos quien sos? ¿Horangel?

Bueno, hasta ahora, nadie la encontró, NO en los objetos externos.

No sé… si eso les dice algo... si servirá de pista…

Nuestra verdadera naturaleza nos empuja todo el tiempo a buscar la dicha en todas estas cosas porque nuestra naturaleza verdadera, la Dicha de Ananda, está manifestándose, proyectándose por sí sola desde nuestro interior. Es como una voz que llevamos adentro y que nos está diciendo todo el tiempo: “aquí estoy, aquí estoy” ¡Pero no reconocemos el origen de este llamado y la buscamos afuera!

Ésta Dicha Infinita que está en nuestro interior, se proyecta por sí sola hacia afuera y lo primero que parecería encontrar para reflejarse a sí misma es lo que vemos afuera, los objetos externos. Y ahí se refleja. Ahí, en los objetos externos, déja estampado su poderoso perfume que atrae de un modo intenso. Y entonces podemos ver, percibir el reflejo y creemos que es algo que está afuera nuestro, en la forma de todos los objetos que deseamos.

Entonces, como resultado de ésta acción, todo lo que vemos y que es atractivo y agradable, queremos disfrutarlo, poseerlo, atraparlo para siempre.

Swami Vivekananda dijo:
“Bhagavan Kapila, el más grande psicólogo que el mundo haya conocido jamás, demostró hace muchos siglos atrás, que la consciencia humana es uno de los elementos en la composición de todos los objetos que percibimos y concebimos, sean estos  internos o externos.”

Vivekananda habló muchas veces sobre el sabio Kapila, uno de los fundadores de la filosofía Samkhya. Dijo una vez: “No existe filosofía en el mundo que no esté en deuda con Kapila.”

Kapila dice que nuestra propia consciencia se proyecta hacia afuera a una velocidad mucho mayor que la velocidad a la que nuestros sentidos pueden percibir, se proyecta tan rápido que cuando alcanzamos a percibir el objeto externo, el objeto ya está vestido con lo que salió de adentro nuestro, que es nuestra consciencia, nuestro Chit. Y entonces creemos que eso que parece tan atractivo, llamese codicia, lujuria o lo que fuera, está afuera. Pero no, no es así. Esa cosa que hace que los objetos externos luzcan agradables o desagradables, es nuestra propia consciencia, que todo el tiempo está proyectándose hacia afuera, que se pasa todo el tiempo consolidando (por decirlo de un algún modo) los objetos externos.

Después, con el cúmulo de experiencias, con el pasar del tiempo, empezamos a comprender que afuera no podemos encontrar ninguna felicidad verdadera. Cuando decimos “tiempo” no hablamos de un par de días, puede ser toda una vida o más.

¿De dónde viene ésta sensación de que vamos a ser felices si conseguimos los objetos externos? Viene de nuestro interior, del Satchidananda que llevamos dentro, que es puro y perfecto. Pero cuando se proyecta hacia afuera, ya no nos puede brindar esa dicha que nos promete el Satchidananda que llevamos dentro. La carnada está afuera pero el verdadero sabor nos viene de adentro.  ¿Se entiende ésto?

En definitiva, sin saberlo, somos todos devotos de Dios, todos queremos a Satchidananda, porque todos queremos pasarla bien… ¿qué digo bien? Queremos vivir felices para siempre.

Alguno, para pelear nomás, podría decir: “No, eso no es verdad. No es cierto que todos buscan la dicha plena. A mi me gusta sufrir. Soy masoquista.”

Al masoquista, es el sufrimiento lo que le da placer. Le da una dicha que cada vez quiere intensificar más porque nunca termina de saciar su sed de ese placer que le producen el dolor y la angustia.
Al masoquista, lo que le da algunas gotas de felicidad es la angustia, el dolor, el sufrimiento. Eso le da cierta clase, cierto remedo de dicha. Y aunque solamente experimenta una sombra de la dicha verdadera, es suficiente para hacerlo mantener su adicción.
En definitiva, aunque no lo entienda, sigue igual que todos, persiguiendo a la Dicha Plena, a Satchidananda, sigue buscando la plenitud, año tras año, vida tras vida, hasta que descubre que esa dicha, esa felicidad perfecta, absoluta, infinita, estaba en su interior.

¿Y qué es el Ramakrishna Ashrama, qué es el Movimiento Ramakrishna? Es la cura para ésta enfermedad que todos sufrimos, esta enfermedad que se llama mundo.

En el Ashrama de Bella Vista hay una atmósfera tan pero tan difícil de ignorar…
Una atmósfera que calma la mente, una atmósfera que calma ésta fiebre tremenda del “pensamiento”, esta corriente sin freno, esta fiebre galopante que se lleva por delante hasta el mejor de los propósitos.

El contacto con los monjes, el contacto con las palabras de Sri Ramakrishna, con esta atmósfera preciosa, hace que uno empiece a sentir la necesidad de desarrollar anhelo por Dios, anhelo por saber quienes somos de verdad, anhelo por entender qué cosa es eso que llamamos “yo”, anhelo por comprender qué es todo esto que nos pasa y que llamamos “la vida”, anhelo por conocer (conocer con mayúsculas) la Verdad, anhelo por tener una vislumbre de aquello que algunos llaman Dios, otros Elohim, otros Padre, otros Madre, otros Brahman y otros llaman con tantos otros nombres diferentes.

Nuestra meta final, nuestro principal propósito es, algún día, experimentar la existencia de Dios.

Sí, a pesar de todas nuestras innumerables limitaciones, queremos, algún día, experimentar a Dios y nunca más volver a ser los mismos de antes. Nunca más volver a cometer los mismos errores de siempre. Nunca más volver a tener miedo a la muerte, ni volver a angustiarnos por ésta jaula que cuidamos tanto, esta jaula para perros rabiosos que llamamos “cuerpo”.

Acá, en el Ramakrishna Ashrama, cuando se habla de vida espiritual, no estamos hablando de credos ni de dogmas, estamos hablando de la experiencia de Dios, de la visión de Dios, de la comunión con el único Dios, el Dios de los Cristianos, el Dios de los Hindúes, el Dios de los Judíos, el Nirvana de los Budistas, el único Dios, el a veces Innombrable, el tantas veces nombrado.
Cuando acá se habla de Dios nos referimos a aquella experiencia inefable e imposible de describir con palabras que nos conecta con nuestra verdadera naturaleza, ésta es: Existencia Conocimiento y Felicidad Absolutas.

Nosotros somos gente común, muy común, pero eso no nos importa, somos buscadores de esa experiencia. Esa experiencia maravillosa de la visión de Dios, que hace que uno ya no pueda volver a sufrir, por ningún motivo. No más angustias, no más temores ni dudas, solo dicha, bienaventuranza. Eso es lo que quisiéramos alcanzar.

La vida de la Santa Madre Sri Sri Sarada Devi, Sri Ramakrishna, Swami Vivekananda y la misericordia de estos monjes maravillosos, de estos hombres de Dios, nos han habilitado a perseguir esa meta, a pesar de todas nuestras limitaciones. Son las sagradas enseñanzas y la misericordia infinita de Sri Sri Sarada Devi, de Sri Ramakrishna Paramahamsa y del descomunal Swami Vivekananda lo que nos ha vuelto tan pretenciosos, persistentes y obstinados contra todo pronóstico.

Bueno……... algunos ya éramos pretenciosos y obstinados, desde antes.

Hemos tenido tanta suerte de haber conocido a la Orden Ramakrishna, de estar respirando ésta atmósfera sagrada que emana directamente del corazón, del alma de estos benditos monjes, que nosotros creemos que es posible ver a Dios, que Dios es real y que puede ser experimentado por cualquiera que lo busque con un anhelo sincero.

Yo no he visto a Dios, pero he tenido la recurrente visión de este mundo contradictorio, ridículo y desesperante.
En esta vida he tenido la suerte de conocer algunas personas maravillosas que han iluminado y continúan iluminando mi camino, como por ejemplo, a Don Ducci. Yo conocí a este discípulo del Swami Vijoyananda, Director de una Orquesta Municipal, que ya siendo muy mayor se llegó a transformar en un ser extraordinario, lleno, lleno de buen ánimo, siempre estaba alegre, siempre tenía un modo afectuoso con todos, siempre dichoso y siempre humilde. Un hombre que de noche, en vez de dormir, se lo pasaba repitiendo espontáneamente, dulcemente, en voz muy baja, durante toda la noche, el Nombre de Dios. Uno de nosotros le preguntó qué era lo que repetía durante la noche y él contó que todas las noches, cuando se acostaba, nunca llegaba a dormirse del todo porque empezaba a sentir que de su pecho surgía solo, involuntariamente, el Nombre de Dios que se repetía dulcemente durante toda la noche, proporcionándole una dicha inexpresable.
Don Ducci se despertaba todas las mañanas con una alegría, con una lucidez, una rapidez mental... con un entusiasmo... ¿se lo pueden imaginar? Siempre se lo veía entusiasmado, a toda hora.
¡Entusiasmado a los noventa años!
¡¡¿Entusiasmado con qué?!!
¡¡Se despertaba con un estado de ánimo que era algo digno de ver!! Vos le veías la cara cuando venía a desayunar y pensabas: “¡Pero este tipo está radiante, como si fuera el primer día de su vida!”

También tuve el privilegio de conocer a la Señora Ema Martiarena, otra discípula del Swami Vijoyananda, una Señora de Barrio Norte que un día, después de muchos años de prácticas espirituales y de entablar una lucha tremenda consigo misma, tuvo una experiencia realmente espiritual que la transformó para siempre.
Una vez nos atrevimos a preguntarle: Ema ¿podemos preguntarle algo personal? “Sí” contestó ella. ¿Alguna vez tuvo una verdadera experiencia espiritual? “Sí” contestó enseguida, y siguió diciendo “Yo luché conmigo misma y sufrí mucho, muuucho, durante años, hasta que un día, de repente, todo cambió... ¡Aaah, La Madre!” y se le dibujó en el rostro una sonrisa enorme y se quedó en silencio. Después le preguntamos “¿Ema, esa experiencia produjo en Usted algún cambio permanente?”
“Ah, claro. Lo cambió todo.” contestó ella.
Por último le preguntamos: “¿Alguna vez volvió a ser la misma persona de antes?” Casi no nos dejó terminar la pregunta, nos largó un “¡¡¡Nooo, nunca más!!!”.
Esta gran devota, discípula del Swami Vijoyananda, pasó los últimos años de su vida prácticamente enclaustrada en su departamento, traduciendo al español más de 100 obras de la orden, entre libros y artículos de las publicaciones del Ramakrishna Math & Mission.
Gracias al Padre Swamiji, que años después me llevó con él a visitarla cuando estaba internada, unos días antes de fallecer, llevo en mi memoria el recuerdo imborrable de su alegría, una alegría que no era de este mundo.

¿No es una bendición haber conocido a personas que van a permanecer siempre en nuestra memoria como prueba irrefutable de que la vida espiritual también es posible para uno?


¿Cómo se hace para cambiar la mirada y volverla hacia adentro?
Vivekananda afirma que hay que intensificar el anhelo por Dios.
¿Y cómo se hace para intensificar el anhelo por Dios, el anhelo por la vida espiritual? ¿Cómo se hace?
¿Cómo se hace para cambiar nuestra mirada sin tener que darle una patada al mundo, sin tener que desgarrarnos por dentro y abandonarlo todo y encerrarnos en una caverna?
¿Cómo se hace?
¿Hay que memorizar los Vedas, los Upanishads?
¿Hay que memorizar los nombres de los Chakras o los Yoga Sutras de Patánjali?
¿Hay que pagar algún curso?
¿Hay que estudiar muchos libros?
¿Hay que hacer mucho Pranayama?
¿Hay que ser un elegido de Dios?
No.
Lo único que hay que hacer es venir acá muy seguido y exponernos a ésta bendita, radiante atmósfera espiritual que nos brinda la santa compañía de los monjes de la orden. Lo único que hay que hacer es exponernos con intención sincera, a ésta maravillosa y silenciosa e infalible influencia.
Si les gusta el Ramakrishna Ashrama, entonces hay que venir regularmente. Escuchar a los Swamis. Reflexionar sobre sus palabras. Entrar al templo. Rezar. Servir a los demás. Hay que hacer esto, una y otra y otra y otra vez. Y cuando un día sintamos que nuestro anhelo por Dios empieza a crecer, hay que seguir los consejos del Director Espiritual, hay que pedirle, con sinceridad, con humildad, guía espiritual para nuestras vidas.
Todo lo demás, va a ir llegando de a poco, de un modo natural.

Alguno podrá decir: “Pero, que delirio.”
“Todo esto es puro cuento, pibe, además, no creo en Dios, soy ateo”. “¿Qué te pasa?”

Hablando de cuentos, ¿escucharon el cuentito de los dos caballitos de mar? Si, algunos ya lo escucharon. ¿Lo puedo contar de nuevo?

¿Vieron cómo son los caballitos de mar? Muy chiquititos. Todos duritos, muy poco flexibles. Livianitos pesan 5 o 6 gramos.
Uno los puede encontrar suspendidos en el fondo del mar.
Había dos caballitos de mar que eran amigos. Uno se llamaba Pico y el otro Poco. Pico y Poco. Eran profesores.
Estaban dando una clase en la Universidad del Fondo del Mar, en la cátedra de Flexibilización Corporal.
Estaban charlando sobre ballenas perdidas, mientras los alumnos hacían sus ejercicios de flexibilización.
“Pico ¿vos creés en Agua?” preguntó Poco.
“¿Agua? ¿Qué es eso?” dijo Pico.
“No sé... me dijeron que Agua está en todas partes. Que está presente en todas las cosas y que es el que sostiene a todos los seres vivientes.” contestó Poco.
Pico se quedó pensando un instante y dijo: “¡¡Mmmhh... que ridículo!! ¿quién te dijo eso?”
“No, el otro día, escuché a un tipo que hablaba sobre Agua y Agua y Agua. Agua de acá, Agua de allá y dale con el Agua. No sé. El tipo era medio raro. Parece que era de un grupo de filosofía… de no sé qué, qué sé yo.” dijo Poco.
“Aaah, seguro que es alguna secta de esas que te lavan el cerebro y después te sacan guita.” reflexionó Pico.
“Seguro” dijo Poco, “¡Que bárbaro! ¡Cómo engrupen a la gente!”

Sí… hay mucha gente que se cree... que no cree en Dios.

Hay mucha gente que dice que no cree en Dios porque no creen en Adan y Eva o porque no creen que el mundo se construyó en seis días o porque no creen que Dios es un viejo de barba que de vez en cuando se asoma entre las nubes para amenazarnos con alguna plaga espantosa o porque algún cura se infartó mientras los estaba confesando o porque piensan que Dios es un invento siniestro para sacarle plata a los tontos.
Dicen que solo creen en lo que ellos pueden ver, experimentar.

Y si, por otra parte, lo que más nos interesa es tener sexo, juntar dinero, renombre y fama, llenarnos de hijos y nietos, pelearnos con todo el mundo, o pasarnos todo el día en la cama ¿qué es lo que pretendemos?
¿Que Dios se nos aparezca de repente y nos diga:
“Muy bien García, muy bien, siga así que va fenómeno, che.
Vine para que me viera nomás ¿vió? Bueno, ahora me voy. Los domingos tengo un día terrible. Hasta cualquier momento García.”
“Cualquier cosita me llama ¿eh?”

Solamente creen en lo que pueden ver y experimentar o sea… a ver… ¿el mundo?
¿Qué es lo que le vemos al mundo?
Vamos a ver: Vivimos una vidita de 5 minutos. Estamos acá por un ratito y después nos vamos peor que como llegamos. Y encima, los últimos momentos son… complicados.
Te morís. Se acabó la función. Como en el teatro. Pero nadie aplaude... bueno, tus herederos... a lo mejor... un poquito... y vos te quedas solo, asustado y sin entender nada.
¿Cómo será eso? Se me ocurre que después de dormir un rato empezás a ver cosas raras, no reconocés el escenario, andás medio boleado, vas de aquí para allá, no te acordás de donde venís, estás confundido…
Algunas cosas parecen interesantes... y en cuanto le empezás a tomar el gustito a algo, suena la campana y te mandan de nuevo a la calesita de este mundo para dar la vuelta número 13.000.

Ya sabemos cómo sigue la historia…
Nueve meses encerrados a oscuras respirando y tomando líquido amiótico. Nueve meses alimentándote con tu propia orina y otros fluidos gourmet. 270 días en un estado de conciencia parecido al de una almeja y sacudiéndote como una bolita adentro de un bolsillo mientras tu madre toma el colectivo para ir al laburo. Después  nacemos. Sentimos que nos ahogamos porque nos falta el líquido. Nos dan una pequeña paliza para que podamos respirar... y para que nos vayamos acostumbrando.

Después tu mamá te acaricia. Después te pone un sobrenombre cariñoso... Chiche. “¡Pero mirá que lindo el Chiche!”.
Después todo anda bien hasta que cumplís los doce.
Bueno... todo anda bien es una forma de decir porque hasta los doce te agarra sarampión, conjuntivitis, amigdalitis, apendicitis, te salen los primeros dientes, después se te caen, después te salen otros, torcidos claro.
Tus viejos te sacan de prepo de la cama con 2 grados bajo cero para ir a la guardería porque no tienen con quién dejarte mientras ellos van a laburar, te ponen aparatos para enderezarte los dientes y en el colegio te dicen Fifí la Plumme porque le escapas a las peleas porque si te llegan a dar una piña en la boca te quedaría la trompa como carne picada.
Todo el tiempo te crecen los huesos y vos te sentís raro, te molesta acá, te duele allá, te tíra de más allá
Todos los años te tienen que pasar la ropa ridícula de tu primo porque no parás de crecer, te eligen la pilcha,  te retorcés de dolor por un montón de cosas distintas, te agarrás unas fiebres que volás, te llevás todo por delante hasta que aprendes a manejar el cuerpo.
Te cortás, te golpeas, te accidentas, te indigestás, en el cole te enseñan de prepo un montón de cosas que nunca jamás te van a servir para nada, “alumno ¿cómo se llama el cerro más alto de Zimbabue?”
Te haces la rabona, te la pasas con miedo a esto, a aquello, a lo de más allá, te retan, te ponen en penitencia, aprendés a disimular, a esconder, a mentir.
Te enamorás, se te despierta esa cosa llamada líbido que te deja como locomotora sin chofer a 200 kilómetros por hora, tu primera novia te deja plantado, tus viejos te critican los amigos, te eligen el dentista, te eligen el peluquero, si te retobas te mandan al psicólogo, te planean el futuro, te arruinan la vida por tu bien.
Se matan a gritos delante tuyo, se separan porque el divorcio es mejor que el asesinato, después tu viejo te dice que tu vieja es una loca de remate, tu vieja te dice que tu viejo es un animal y te cuenta un montón de historias pero te las deja picando por la mitad y te dice que no te cuenta todo porque todavía sos muy chico y vos te hacés un bocho bárbaro y terminas pensando que tu viejo era Jack el Destripador…
En fin... decíamos que todo va bien hasta los 12…  que es cuando empezás a desobedecer a tu madre...
Aaaah nooo...
Ahí pasás de “Chiche” a “Sinverguenza, me vas a matar, sos igual a tu padre”.
Después, cuando te dan un poco más de rienda te metés en unos líos tremendos, te vas de casa, te ponés de novio, te casas, tenés tres días de alegría, tenés tres hijos, les hacés lo mismo que te hicieron a vos. Después se te cae el pelo, se te caen los dientes, se te caen los rollos.
Te empezas a llevar todo por delante porque no ves bien y porque no te dan las gambas, oootra vez te empezás a hacer pis encima, te aparece un bulto en algún lugar del cuerpo... después viene la quimio, la bronca, la aceptación, bla bla bla bla y después... al final (ojalá fuera el final) se terminó la vuelta, como en el parque de diversiones, prontito por la salida.
Lo que no te dijeron cuando entraste, es que el único juego que funcionaba era el Tren Fantasma.
Y después tenés de nuevo 2 minutos de recreo en un lugar raro, bueno, no sabés si son 2 minutos o 2 años y te sentís muy raro, asustado, no sabes si estás despierto o soñando o si estás soñando que estás despierto y dormido al mismo tiempo, no entendes nada, no sabes si estabas durmiendo y te acabas de despertar y empezaste a soñar despierto o si estás despierto y dormido y soñando al mismo tiempo, tenés un matete bárbaro en la cabeza, no sabés quién sos, no sabés ni lo que sos, te olvidaste de todo… hasta que en un momento dado empezás a sentirte bien… como nunca… durante 15 segundos …. hasta que te dormis de nuevo... de repente te despertás y lo primero que ves es el dedo gordo de tu pié que lo tenés practicamente metido en un ojo... estás hecho una bola de carne, metido en una bolsa oscura con un túnel chiquito al costado, que tiene una lucecita en el fondo y escuchás una voz que sale de ese agujero, que dice: “Vamos señora, puje, puje una vez más que ya viene.”
¡Y vuelta otra vez, otra vez más, a nacer en este lugar maravilloso! ¡Que linda que es la vida! Que lindo…
Y así... sucesivamente, una y otra y otra y otra vez, con algunas variantes, claro...
Porque todo puede mejorar… un poco… o mucho… ¿Quién sabe?
¿Quién sabe lo que nos va a tocar la próxima vez?
Hasta que un día empezás a preguntarte si no será que todo esto es un mamarracho olímpico.

Me pregunto ¿Por qué no ir haciendo algo desde ahora? Porque, aunque no crean en Dios ni en la reencarnación ni en la Biblia ni en los Upanishads ni en nada... con lo que hemos vivido hasta ahora, un botón de muestra, ya lo tenemos ¿no?

Algunos podrán decir ¡Eeeeh! ¡Pará!
¿Qué te pasa querido? Hay mucha gente que es felíz. No todo el mundo la pasa mal.

Habría que preguntarse esto: Los que son felices ¿qué sienten cuando se les muere un ser querido, ¿O acaso los parientes de los que son felices son eternos? O qué pasa cuando las cosas no salen como ellos quisieran, cuando todos los que te decían que te querían y admiraban desaparecen como por arte de magia apenas empieza a llover basura del cielo. Habría que preguntarles si conocen la angustia, la ira, la codicia, la sed desesperante de placeres, el abandono, la desilusión, el tedio, la enfermedad, el dolor, el miedo...

Si, ya sé... no hay que ser tan pesimista. La vida no es únicamente sinsabores, enfermedades y respirador artificial.

Porque también es cierto que hay muchos lugares en el mundo en los que mucha gente vive bien, sin toda esta locura. Lo digo en serio.
Por ejemplo, en París, la Ciudad luz. Con todas esas callecitas llenas de historias, el museo del Louvre, los cafés de Montmatre, todos hablando en fgancé, la ciudad del amour, ouí, ouí …
Son las seis de la tarde, no hace ni frío ni calor, estás tomando un cafecito con toda tu familia, están en una mesita en la vereda, distendidos, disfrutando de todo, de fondo se escucha una hermosa canción “C’est Magnifique”, alcanzás a entender un poquito la letra: “la vida... que es magnífica…”, cerras los ojos y pensás: “es cierto…”, mientras los chicos juegan alegremente en la mesa de al lado y tu señora te está diciendo “Ay Chiche, si nos mudamos acá podríamos ser tan felices… que ni te lo podés imaginar…
De repente, dos negros enormes se meten entre las mesas gritando como locos, con los ojos inyectados en sangre, uno de ellos se lleva por delante a tus pibes que salen despedidos por el aire con mesa y todo, los dos tipos se desabrochan las camperas para dejar ver tres hileras de paquetes de explosivos cubriéndoles el pecho y al grito de “Vive la Révolution” vuela todo en mil pedazos en medio de una llamarada infernal.
La vida…
Che, vida………..  Je t’aime…
¿Cómo se hace para entender a la vida?
¿Qué es todo esto?

Lila es una palabra sánscrita que en el hinduísmo puede traducirse como juego, deporte, o drama. Es un término que tiene varios significados, la mayoría se centra de una forma u otra en la relación juguetona, lúdica, que hay entre lo Absoluto o Brahman y el mundo.
Un juego entre Dios y el mundo, entre Dios y todo lo que puede suceder o puede no suceder.

¿Qué es un Juego?
¿Un juego es algo muy serio?
¿Un juego es algo muy grave?
¿A ver qué es lo que dicen las tres primeras acepciones del Diccionario de la Real Academia Española?
Juego
1.- Acción y efecto de jugar por entretenimiento…. No parece tratarse de algo muy serio.
2.- Ejercicio recreativo o de competición sometido a reglas, y en el cual se gana o se pierde. Juego de naipes, de ajedrez, de billar, de pelota….. Bueno, tampoco parece tratarse de algo demasiado grave y peligroso.
3.- Práctica del juego de azar.
Juego de azar… juego de azar...
¿Quién fue que dijo una vez que Dios no juega a los dados?
Sí, pobre Alberto.
Einstein dijo una vez: “La mecánica cuántica es realmente imponente. Pero una voz interior me dice que aún no es la buena. La teoría dice mucho, pero no nos aproxima realmente al secreto del 'viejo'. Yo, en cualquier caso, estoy convencido de que Él no tira los dados”.
De ahí viene el dicho.
Dios no tira los dados…
“El viejo” así le decía Einstein a Dios… el Viejo y él, eran amigos...
Mirá vo…. como García...
Y bué…
Los dados no los hemos visto….    pero gracias a los buenos oficios del Beto nos tiraron la bomba atómica, dos veces. ¡¡Gracias Beto!!

En fin… como sea, incluso si al final resultara que, dentro de los límites de este mundo absurdo, lo verdadero fuera falso y lo falso fuera verdadero y, al mismo tiempo lo verdadero fuera verdadero y lo falso fuera falso, aunque así fuera… a mi me parece que al mundo le falta algo … ¿no es cierto? … un jugador… alguna tuerquita...

No me acuerdo si fue en Pláticas Inspiradas o en alguna otra obra del Swami Vivekananda, que leí estas palabras suyas:

“Cuando uno alcanza el samadhi por primera vez y después vuelve a la conciencia normal y percibe el mundo, lo primero que piensa es: ¿Cómo pude haber creído en semejante disparate?”

Y aquella otra frase de él: “En este mundo no hay una sola cosa que tenga relación con otra”.

Vivekananda dijo:
“A veces indicamos algo describiendo su entorno.”
“Cuando decimos "Satchidananda" (Existencia Conocimiento Felicidad absolutas), simplemente estamos indicando las orillas de un Más Allá indescriptible.”

El Swami Vivekananda dijo que Dios está más allá del pensamiento, de las palabras, más allá de las descripciones y de la mente, dijo que Dios está más allá de las aleaciones, de las cualidades y los adjetivos.
Uno de los Mahavakyas, los Grandes Dichos de los Upanishads dice  TAT TVAM ASI, Vos Sos Aquello.

En la vida uno se ha permitido soñar con tantas cosas... algunas cosas que jamás llegaron a suceder… y otras que después de muuucho soñar se hicieron realidad… por un instante… para nuestra desgracia… ¿Por qué, entonces, no permitirnos también soñar con estas palabras maravillosas, TAT TVAM ASI, Vos Sos Aquello……. ¿quién sabe? quizás se convierta en el sueño que nos despierte, de una vez y para siempre.

Sri Ramakrishna enseña que hay una manera, un camino no infinito sino finito, un camino que está dentro del ámbito de la mente, pero que conduce a la Realidad Trascendental, que te deja, por decirlo de algún modo, en la puerta de entrada, un camino que cualquiera que busque a Dios con sinceridad y siga las instrucciones de un genuino preceptor espiritual, puede tomar y que lleva a la realización de Dios, y dijo que ese camino es SATCHIDANANDA GURÚ y que conduce a SATCHIDANANDA mismo.

Sri Ramakrishna, enseñó y demostró con el ejemplo de su propia vida, que es posible ver a Dios, que el mundo es ilusorio, que es irreal e infeliz y que el Camino para ésta época es cantar y repetir el Nombre de Dios y frecuentar la compañía Santa.

La primera estrofa del himno a Sri Ramakrishna que compuso el Swami Vivekananda dice así:

Tú eres los místicos sonidos Om y Hrim
Tú eres La Verdad y La Realidad Inmutable
Tú que has conquistado los tres Gunas
Tú que eres adorado por los tres Gunas.

Yo soy incapaz de adorar
con un corazón anhelante
Tus Pies de Loto que destruyen la ilusión,
por eso,
solo Tú eres mi refugio
Oh amigo de los humildes y los perdidos.

om hrīṁ ṛtaṁ tvam acalo guṇajid-guṇeḍya
naktaṁ divaṁ sakaruṇaṁ tava pāda-padmam |
mohaṅ-kaṣaṁ bahu-kṛtaṁ na bhaje yato’haṁ
tasmāt tvameva śaraṇaṁ mama dīna-bandho