jueves, 30 de marzo de 2017

SEGUIR APRENDIENDO: Sr. Ricardo Hardoy (29.03.17)




A veces, cuando nos preguntan “Che, ese lugar de Ustedes, el Ashrama, ¿qué hacen? hay que acordarse de explicar, entre otras cosas, un asunto muy importante. No hay que olvidarse de mencionar que para cualquiera que lea las sagradas enseñanzas de Sri Ramakrishna, de la Santa Madre Sri Sarada Devi y del Swami Vivekananda y que además haya visto el ejemplo vivo de los monjes de la Orden, la religión pasa a ser un asunto de experimentación. Experimentación.
 
El contacto con todo esto hace que uno empiece a sentir la necesidad de desarrollar anhelo por Dios, anhelo por saber quienes somos, anhelo por entender qué cosa es eso que llamamos “yo”, anhelo por comprender qué es todo esto que nos pasa y que llamamos “la vida”, anhelo por conocer (conocer con mayúsculas) la Verdad, anhelo por tener una vislumbre de aquello que algunos llaman Dios, otros Yavé, otros Brahman y otros llaman con tantos nombres diferentes.

Nosotros, mal o bien, como sea, lo que buscamos, nuestra meta final, nuestro principal propósito es, algún día, experimentar la existencia de Dios. A pesar de todas nuestras inumerables limitaciones, queremos experimentar a Dios y nunca más volver a ser la misma persona de antes. Nunca más volver a cometer los mismos errores de siempre. Queremos nunca más volver a tener miedo a la muerte, nunca más volver a angustiarnos por nuestros tan queridos y emperifollados y adornados y engominados cuerpos. Nunca más volver a preocuparnos por “¡¡MIRÁ LO QUE ME ACABA DE PASAR!!” “¡¡ME QUIERO MORIIIIR!!”, nunca más volvernos a angustiar y a quebrar porque “¡¡¡¡ME APARECIO UN BULTO ACÁ!!!!”

Todos los que asisten a las reuniones del Ramakrishna Ashrama, todos los que se acercan acá con una actitud de sincera búsqueda interior, cuando hablan de ver a Dios, se refieren a, valga la redundancia, VER A DIOS. Verlo más claramente, más intensamente que lo que ahora estamos viendonos entre nosotros. ¿Se acuerdan de lo que le contestó Sri Ramakrishna a Narendra cuando le preguntó “Señor, Usted vio a Dios”? Le respondió enseguida “Sí, lo he visto más claramente de lo que te estoy viendo a vos ahora”.

Nosotros somos gente común, muy común, pero eso no nos importa, somos buscadores de esa experiencia. Esa experiencia que hace que uno ya no pueda volver a sufrir, por ningún motivo. No más preocupaciones, no más angustias, no más miedos, nunca más miedo a la muerte.

Nosotros, todos nosotros... tan suertudos de haber venido a parar acá, de estar recibiendo toda esta enseñanza sagrada y eterna directamente de la boca y del alma de estos benditos monjes, creemos que el que ve a Dios, vence a la muerte. 

Yo nunca vi ninguna luz interior ni tuve ninguna otra visión más que la de este mundo contradictorio, ridículo y desesperante, pero he visto otras cosas, cosas maravillosas que han iluminado y continúan iluminando mi pequeña vida, como por ejemplo, a Don Ducci. Yo conocí a este discípulo del Swami Vijoyananda, Director de una Orquesta Municipal, que ya siendo muy mayor se llegó a transformar en un venerable anciano lleno, lleno de buen ánimo, siempre estaba alegre, siempre tenía un modo afectuoso con todos, siempre modesto. Un hombre que de noche, en vez de dormir, se lo pasaba repitiendo espontáneamente, dulcemente, en voz muy baja, durante toda la noche, el Nombre de Dios. Y por las mañanas se despertaba con una alegría, con una lucidez y una rapidez mental, con un entusiasmo... ¿se lo imaginan? ¡entusiasmo!  siempre se lo veía entusiasmado, a toda hora, ¡¡¡entusiasmo a los noventa años!!! ¿entusiasmado con qué? Se despertaba con un estado de ánimo que era algo digno de ver. Vos le veías la cara cuando venía a desayunar y pensabas “Pero este tipo está radiante, como si fuera el primer día de su vida!”
También tuve el gran privilegio de conocer a la Señora Ema Martiarena, otra discípula de Swami Vijoyananda, una Señora  de Barrio Norte que un día, después de muchos años de prácticas espirituales y de entablar una lucha tremenda consigo misma, tuvo una experiencia realmente espiritual que la transformó para siempre. 

Una vez me animé a preguntarle: Ema ¿puedo preguntarle algo personal? “Sí” me dijo. ¿Alguna vez tuvo una verdadera experiencia espiritual? “Sí” me contesto enseguida, “Yo sufrí mucho, muuucho, durante años, pero un día, de repente, todo cambió... ¡Aaah, La Madre!” Y se quedó callada. Yo esperé, pero nada, no dijo una palabra más sobre el asunto, entonces seguí: Ema, por favor dígame, después de eso, ¿ALGUNA VEZ VOLVIÓ A SER LA MISMA PERSONA DE ANTES? Casi no me dejó terminar la pregunta,  me zampó un “¡¡¡NOOO, NUNCA MAS!!!” me lo dijo con una sonrisa que parecía que le iluminaba la cara. 

¡Que suerte! ¡Que privilegio! ¿Acaso no es un privilegio haber conocido a personas que van a permanecer siempre en nuestra memoria como prueba irrefutable de que la vida espiritual también es posible para uno?
Y hay otros y otras devotos y devotas que tuvimos el privilegio de conocer.
Tengo que mencionar a alguien que para nosotros es muy especial, muy querido, es discípulo de Swami Paratparananda, estoy hablando de mi muy querido amigo José Astigueta Ayerza, que hace unas pocas semanas atrás pasó por la durísima experiencia de 36 sesiones de rayos, una sesión por día, para combatir un cáncer de próstata, después de una operación muy brava.
Doy fe de que ni un solo día estuvo preocupado. Me parecía increíble, todos los días era el mismo Pepe de siempre, como si no estuviera pasandole nada. Sin una sola, se los juro, no le escuché una sola queja. No hubo ni una vez que lo haya visto cabizbajo. Y ahí está ahora, con cáncer y ocupándose de su madre de 94 años, que se quiere mudar, pero antes quiere pintar la casa, cambiar los muebles, cambiar el auto, el agua de las macetas y sabe Dios cuántas cosas más. Y ahí está Pepe, firme como una roca, asistiéndola en todo.

Pensándolo bien, me parece que la próxima vez que alguien me pregunte “Che y en el Ashrama ¿qué onda? ¿a qué se dedican estos Swamis?” Le voy a contestar: a la fabricación artesanal de semidioses.
- (Sr. Ricardo Hardoy)