domingo, 5 de marzo de 2017

Seguir Aprendiendo Para Vivir Mejor: Osteopata Graciela Vitangeli




Seguir Aprendiendo Para Vivir Mejor:  Osteopata Graciela Vitangeli

El mundo como resultado de las vibraciones
(Reflexiones del capítulo XVI. Pág. 226. El misterio de la muerte, por Swami Abhedananda)

Vamos a ilustrar un árbol que representa al mundo fenoménico. La raíz de ese árbol está hacia arriba y las ramas hacia abajo. La raíz está en Brahman absoluto, en el Ser infinito, y las ramas cubren todos los objetos que percibimos con nuestros sentidos como el sol, la luna, las estrellas y todos los objetos animados e inanimados.
El poder o la fuerza que produce este árbol del mundo y causa su evolución es la Vibración del Prana que está en la raíz de ese árbol.
La palabra Prana es el término sánscrito que significa el principio cósmico de la vida.
El mundo es el resultado de las vibraciones. Si no hubiera movimiento, ni vibración, este mundo no existiría.
La misma vibración, el mismo movimiento,  que es la causa de nuestra vida y de nuestra existencia, es también la causa de nuestra destrucción. Si la vibración es más fuerte que la actual, todo el mundo sería destruido. Por ejemplo, un terremoto: la tierra vibra bajo nuestros pies y sacude todos los cimientos de los edificios hasta destruirlos y puede también quizás mate a millares de personas.
O sea, que las vibraciones o movimientos dentro de ciertos límites dará vida, vitalidad y hará todo armonioso.
La vida significa alguna clase de movimiento.
Los objetos externos (los objetos de los sentidos, como el color, el sonido, el olfato, el gusto el tacto) todos éstos son sólo vibraciones.
Asimismo, ¿qué son nuestras condiciones internas? Son también resultado de las vibraciones. ¿Qué es el pensamiento? ¿Qué es el intelecto? ¿Qué es la sensación y la percepción? No son sino vibraciones.
Todo el mundo está constituido por vibraciones internas y externas. No podemos ir más allá de esta vibración.
¿Quién es usted? Usted no es sino una masa de vibración.
Vivimos en la oscuridad de la ignorancia con el pensamiento de propiedad, de posesión: que esto me pertenece. Pero el  movimiento no puede poseer movimiento, la vibración no puede poseer vibración.
Un sabio nunca puede poseer nada, y es por ello que Cristo no tenía hogar donde reclinar su cabeza, y por ende cada sabio tiene la naturaleza de un niño, no puede poseer ni ser dueño de nada, y en consecuencia no puede perder nada. Como tal, no hay pérdida en este mundo de la vibración.
Si nos detenemos un momento y pensamos si realmente perdimos algo o no, y cuando descubrimos que no podemos perder nada, que cuanto tenemos es nuestro para siempre, y que lo que no nos pertenece, jamás lo podremos poseer, eso nos aportará un pensamiento muy cómodo, y el pensamiento más armonioso en nuestras mentes. Eso nos hará sentir divinos.