domingo, 5 de marzo de 2017

SEGUIR APRENDIENDO: DG. ALEJANDRA ESTEO




Jñana Yoga - Swami Vivekananda

La Naturaleza Real del Hombre

Grande es la tenacidad con que el hombre se aferra a sus sentidos. Sin embargo, por más sustancial que pueda concebir al mundo externo en el cual vive y se mueve, llega un momento en la vida de los individuos, en que involuntariamente se preguntan: “¿Es esto real?” (...)
Los diferentes sistemas filosóficos parecen estar de acuerdo en admitir que el Atman (alma), sea lo que fuere, no tiene forma ni limitaciones,(...) debe ser infinito. (...)  El Infinito no puede ser dos. Si el alma es infinita, no puede haber más que Una, y todas las nociones de almas distintas no corresponden a la realidad. (...)
Toda alma es infinita, por lo tanto no hay ninguna cuestión de nacimiento o muerte. Un día en que unos niños rendían examen, el examinador hacía preguntas bastantes difíciles; entre otras: “¿Por qué la tierra no se cae?”. Quería provocar respuestas sobre la gravitación. La mayoría de los niños eran completamente incapaces de responder. Algunos contestaron que era la gravitación o dieron alguna otra razón. Una pequeña, de mente despierta, respondió con otra pregunta: “¿A dónde caería?”. La pregunta no tiene sentido. ¿A dónde habría de caer la tierra? Para la tierra no hay caída ni ascensión, en el espacio infinito, no hay arriba o abajo; esto existe sólo en lo relativo. Para el Infinito, ¿Qué es el ir o el venir? ¿De dónde vendría y a dónde iría?
(...) El cuerpo no es el Hombre Real y la mente tampoco, por cuanto ella también crece y decrece. Es el Espíritu, que está más allá, el que puede vivir eternamente. El cuerpo y la mente, por el contrario, cambian de continuo, y de hecho, no son más que los nombres de una serie de fenómenos cambiantes, como los ríos cuyas aguas están en constate fluir y que, sin embargo, presentan el aspecto de una corriente ininterrumpida. (...)
Igualmente; sucede con la mente: feliz un instante, infeliz al siguiente; ora fuerte, ora débil; un torbellino siempre cambiante. Esto no puede ser el Espíritu, que es infinito. El cambio sólo puede estar en lo limitado. (...)
Es un viejo error, por cómodo que fuere, el tomarnos por pequeños seres limitados, siempre cambiantes. La gente se asusta cuando se les dice que son el Ser Universal, presente en todas partes. (...) Les preguntarán repetidas veces, si podrán mantener su individualidad o no. Su individualidad, ¿Qué es? Desearía verla. Un niño no tiene bigote; pero cuando sea hombre, puede ser que tenga barba y bigote. Sus individualidad estaría perdida si estuviera en el cuerpo. Si yo pierdo un ojo o una de mis manos, mi individualidad se perdería si estuviera en mi cuerpo. (...) No hay individualidad, salvo en lo Infinito. Es la única condición que no cambia. (...) La individualidad tampoco puede estar en la memoria. Supongan que un golpe en la cabeza me hiciera olvidar todo mi pasado; entonces yo habría perdido toda individualidad, habría desaparecido. Yo no recuerdo los dos o tres primeros años de mi infancia; si la memoria y la existencia son una, entonces, lo que yo olvido, ha desaparecido. (...)
Supongan que hubiera aquí, ocultándose de mí, una pantalla con un pequeño agujero por el cual yo puedo ver algunos de los rostros que están frente a mí, sólo algunos. Supongan entre tanto, que el agujero se agranda cada vez mas; al mismo tiempo, se me aparece una parte cada vez más grande de la escena que está delante de mí, y finalmente, la pantalla entera desaparece y me hallo frente a todos ustedes. En este ejemplo ustedes no han cambiado nada; fue el agujero que se agrandó y así fueron manifestándose gradualmente. Lo mismo sucede con el Espíritu. No hay ninguna perfección que alcanzar. Ya son ustedes libres y perfectos.
¿Qué son estas ideas de religión y de Dios, y esta búsqueda del más allá? ¿Por qué el hombre busca un Dios? ¿Por qué el hombre, en todas partes, en cada etapa de la sociedad, quiere tener un ideal perfecto, ya sea en el hombre, o en Dios, o en cualquier otra cosa? Porque esa idea está en ustedes. Eran los latidos de su propio corazón y no lo sabían; lo han tomado por algo exterior. Es Dios dentro de su propio ser que los mueve a buscarlo, a realizarlo. Después de la larga búsqueda, aquí y allá, en templos y en iglesias, en la tierra y en los cielos, vuelven finalmente, cerrando el círculo, allí donde habían comenzado, en su propia alma; y se encuentran con que Aquél que han buscado por el mundo entero, por Quien han llorado y rezado en iglesias y templos, a Quien buscaban como el misterio de todos los misterios envuelto en las nubes, está más próximo que lo más próximo, en su propio Yo, en la realidad de sus vidas, de sus cuerpos y de sus almas. Esa es su naturaleza real.
Afírmenla, manifiéstenla. No para volverse puros, puesto que ya lo son. No tienen que volverse perfectos, ya lo son. La naturaleza es como esa pantalla que les oculta la realidad del más allá. Todo buen pensamiento que tenga lugar en sus mentes o que se traduce en sus actos, desgarra el velo, podría decirse, y la pureza, lo Infinito, el Dios que está detrás del velo, se muestra más y más.
He aquí toda la historia del hombre.