domingo, 13 de septiembre de 2015

Sra. Leonor Bakún: SWAMI ADVAITANANDA


 
Leonor Bakún ha compartido por primera vez:
 

SWAMI ADVAITANANDA
Significado: no dualismo.
Nombre pre-monástico: Gopal Ghosh
Swami Advaitananda en su vida pre-monástica fue conocido como Gopal Chandra Ghosh. Fue el mayor de los discípulos directos monásticos de Sri Ramakrishna. Tenía, incluso, unos pocos años más que el Maestro. Además, como había dos Gopals, Sri Ramakrishna solía llamarlo el viejo Gopal, mientras que los demás lo llamaban Gopalda o Gopal, el hermano mayor.
Su padre fue Govardhan Ghosh. Nació en una aldea llamada Jagaddal en 24 Parganas, pero usualmente vivía en Sinthi, cerca de Calcuta. Gopal estaba empleado en un negocio en Chinabazar, en Calcuta, perteneciente a Beni Pal, de Sinthi, que era un devoto brahmo. El Maestro asistía ocasionalmente a las celebraciones que se realizaban allí. Quizás, fue en estos encuentros que Gopal vio por primera vez al Maestro.
Gopalda era un hombre casado. La muerte de su esposa fue un duro golpe para él y no sabía como sobrellevarlo. Un amigo, devoto del Maestro, le preguntó si quería acompañarlo a Dakshineswar. Gopalda no aprovechó mucho su primera visita. No halló nada extraordinario en el Maestro, pero su amigo insistió en que volviera a ir, porque el hombre santo a menudo no se revela a sí mismo en forma inmediata. Gopalda le hizo caso y esta vez sintió el amor de Sri Ramakrishna. Tan pronto empezó a frecuentar Dakshineswar, el peso agobiante de su pesar fue removido por completo. La simple explicación del Maestro de la irrealidad del mundo causó una fuerte impresión en su mente y él comenzó a pensar seriamente en renunciar al mundo en búsqueda de Dios.
Finalmente renunció al mundo y se consagró de corazón y alma al servicio del Maestro en su última enfermedad. Era muy limpio y aseado y la encarnación del método y la disciplina. Estos rasgos en él fueron muy apreciados por el Maestro. Su servicio a la Santa Madre fue igualmente sincero. Por su recato, la Santa Madre, no hablaba con nadie excepto con Gopal el mayor, el joven Latú y otros pocos más. Gopal se ocupada de atender las necesidades de ella.
Un día Gopal expresó al Maestro el deseo de distribuir algunas telas de color ocre y rosarios a los monjes. A esto el Maestro replicó: “No podrás hallar mejores monjes que estos jóvenes que están aquí. Debes darle tus telas y rosarios a ellos.” Entonces Gopalda colocó un atado de telas color ocre ante el Maestro, quien las distribuyó entre sus jóvenes discípulos. De este modo, sembró las semillas de la futura Orden Ramakrishna. En la casa jardín de Cossipore, Swami Vivekananda, entonces Narendra Nath, un día que estaba sentado meditando, perdió su sentido de lo externo. Su mente fue más allá del reino de la conciencia relativa y se fundió en lo Absoluto. Gopalda se asustó y corrió hacia el Maestro a contarle que Narendra había muerto. El Maestro se dio cuenta de que Narendra había logrado el estado de nirvikalpa samadhi y así se lo aseguró a Gopalda, tranquilizándolo de este modo. Después de algún tiempo, Narendra recuperó su conciencia normal.
Después de que el Maestro falleció, Gopalda no volvió a su casa. Así, él y Swami Shivananda pusieron en marcha el monasterio de Baranagore, siendo sus primeros habitantes. Se quedó en el monasterio unos pocos años y luego fue a Benares, donde practicó austeridades por cerca de cinco años. Alguien, que tuvo el privilegio de estar con él en Benares dijo que su regularidad en las prácticas espirituales era maravillosa. Muy temprano por la mañana, incluso en los días de severo invierno de Benares, se levantaba e iba al Ganges a bañarse.  De allí, regresaba temblando de frío,   recitando algunos himnos en sánscrito. El programa para todo el día había sido fijado y él lo seguía durante días, meses y años, sin apartarse en lo más mínimo. En esa ciudad santa vivía de madhukari, de pequeñas cantidades de comida preparada que había sido recolectada en varias casas, de manera que esto no fuera una carga excesiva para un individuo sólo. El Swami ocupaba una pequeña habitación, cercana al lugar donde había sido instalada una imagen de Shiva. Pero ¡qué prolija y limpia estaba esa pequeña habitación! Cada cosa estaba en su lugar e inmediatamente se percibía en ella el orden y el buen gusto. La constancia del Swami causaba asombro en quienes lo observaban. Era indiferente a lo que se puede ver y escuchar en el mundo. Sin ninguna interrupción, día tras día continuaba con su forma de vivir en la contemplación de la divinidad.
Cuando Swamiji volvió a la India y organizó la Hermandad de Ramakrishna, Swami Advaitananda,  nombre que le fue dado cuando se hizo monje, regresó a Alambazar. Posteriormente él se quedaba casi siempre en el nuevo monasterio de Belur Math, donde se ocupaba de distintos asuntos, especialmente el trabajo del jardín. Todos los trabajos que emprendía o supervisaba debían ser llevados a cabo metódicamente y con escrupuloso cuidado. Los jóvenes novicios difícilmente podían alcanzar su nivel de perfección en cuanto a trabajo y por esa razón les era muy duro hacerlo con él. Muchos de ellos recibían suaves reproches del viejo Gopalda, pero tomaban sus críticas más como una señal de afecto que como alguna muestra de severidad. Luego Gopalda dejó de encontrar faltas en los demás por muy grandes que fueran los errores cometidos. Aún en su vejez se bastaba a sí mismo. No le gustaba que nadie se tomara la molestia de atender sus necesidades personales. Por ser el mayor de todos era considerado con afectuoso respeto por todos sus hermanos discípulos. Pero ellos disputaban también bromeando a costa de él. Swamiji compuso un verso cómico para tomarle el pelo a Gopalda, lo que en realidad estaba indicando cuanto lo estimaban todos. El viejo Gopalda tenía asimismo sus momentos de humor, aunque fuese a costa de otros. Swami Vijnanananda relató uno de esos incidentes.
“Él (Gopalda) y Nityananda Maharaj estaban quedándose en Belur Math con varios monjes y brachmacharis. Nityananda llamándolos, les dijo: “Miren, vengan a cavar esta porción de terreno. Voy a cultivar brinjals y papas aquí.” Ellos comenzaron a cavar. Al ver esto, Gopalda dijo:”¡En qué trabajo tan duro los han puesto! Muchachos, retírense todos Ustedes. ¿Deberían ser puestos a trabajar tan duramente?” Entonces Gopalda se los llevó con él y les dijo: “Hermanos, caven este terreno para hacer macizos de flores.” El suelo de este último espacio era más duro que el primero. Swamiji y los otros monjes se rieron con ganas cuando Gopalda les contó esto. Por eso yo siempre me acuerdo de Gopalda cuando alguien siente lástima de otra persona y quiere hacerlo sentir más aliviado.” En aquellos días de trabajo pesado los monjes sabían cómo aliviar la carga a través del humor. Pero Gopalda no siempre tenía éxito. A él le disgustaba el té, mientras que a Subodhananda sí le gustaba (o lo apreciaba). Gopalda les advertía a todos que tomar te les podía provocar disentería. Pero Swami Subodhananda afirmaba enfáticamente que cada gota de te producía una gota de sangre. Después de su regreso al monasterio, el trabajo especial de Gopalda era ocuparse de nivelar el terreno reciente de la propiedad adquirida en Belur y reparar allí las viejas construcciones. El lugar había sido utilizado para arreglar motores, etc., y en consecuencia estaba lleno de fosos y canales. Esto significaba un trabajo fuerte. Cuando el monasterio fue plenamente establecido allí, Gopalda voluntariamente tomó la tarea de ocuparse del confort de los monjes y de cultivar verduras, etc., para ser ofrecidas al Maestro e hizo tenaces esfuerzos para moldear su vida de acuerdo con la vida y ejemplo del Maestro, aunque a veces se sentía tan lejos del ideal que expresaba su decepción. Pero este sentimiento de frustración sólo estaba indicando su real estatura espiritual.
Debido a su edad, Gopalda no participó en ninguna actividad pública, filantrópica, misionera ni de ninguna otra naturaleza por lo que su vida monástica era muy tranquila. Pero el tiempo en que vivió en el cuerpo físico, sin duda dejó establecido un ejemplo para todos y fue fuente de inspiración para muchos. Su constancia en las sadhanas hasta los últimos días de su vida, despertaba admiración, si no reverencia, aun de sus propios hermanos discípulos. Su amor por la verdad era maravilloso. Él había escuchado decir al Maestro que uno no debería torcer la verdad ni para divertir y obedeció esta enseñanza tanto en la letra como en el espíritu e insistía para que los demás hicieran lo mismo. Viajó extensamente y visitó en una u otra época de su vida los sagrados lugares de Kedarnathi, Badrinarayan y Hardivar al norte, Dwaraka al oeste y Rameswaram al Sur. Se mantuvo en buena salud hasta edad avanzada y luego de sufrir por algún tiempo de problemas estomacales, falleció el 28 de diciembre de 1909, a los 81 años.