martes, 15 de diciembre de 2009

LA SANTA, MADRE MANANTIAL DE AMOR, ENTREGA Y RENUNCIACIÓN


 

por María del Carmen Duci

Una buena parte de sus enseñanzas está dedicada al proceso de purificación de la mente. En sus conversaciones, ella se refiere una y otra vez a la mente, porque a su entender, la mente es todo.

Los problemas del mundo no son materiales sino de la mente; no de las cosas sino del pensamiento. Fiel a sus principios vedánticos, la Santa Madre construyó su código ético en este principio espiritual: "El que tiene una mente pura ve todo puro." Y respecto a esto la Madre agrega: "Es solamente en le mente que uno se siente puro e impuro. Un hombre primero se siente culpable en su propia mente y sólo entonces ve la culpa en el otro hombre. ¿Que puede pasarle a otro si uno enumera sus faltas? Eso sólo lo perjudica a él mismo. Esta ha sido mi actitud. Por lo tanto no puedo ver las faltas en nadie. Si un hombre me hace un pequeño favor, trato de recordar solamente ese acto suyo. Uno no debe ver las faltas en otros. El perdón es tapasia (austeridad)."

Si dirigimos nuestra mirada a nuestra vida nacional e internacional, por el constante encontrar faltas en otros, vemos como hemos conducido al mundo a una situación insostenible. Nuestra actitud nacional e internacional es la de señalar los errores ajenos. Sin ver nuestros propios errores, es imposible una vida consciente sobre la tierra, la liberación personal, la coexistencia o la reconstrucción de la humanidad.

Tal es el mandato espiritual de la Santa Madre.