Charla 16/10/26
Swami Sarvapriyananda: En la Brihadaranyaka Upanishad, el sabio Yajnavalkya le enseña a su esposa Maitreyi: «En verdad, el esposo no es amado por esposo, sino por el Ser que mora en él. La esposa no es amada por esposa, sino por el Ser. Los hijos no son amados por los hijos, sino por el Ser...».
Esto no es egoísmo individual; significa que lo que verdaderamente amamos en los demás es la misma Realidad divina compartida. Cuando la no-dualidad se expresa como amor en el mundo de las formas, se manifiesta como afecto incondicional. El amor condicional e interesado surge de la ignorancia de creerse seres separados; el amor incondicional es la radiación natural de quien ya se sabe completo.
El sentido de la apariencia y las dos flechas del sufrimiento
André Duqum: ¿Por qué la Conciencia juega este juego de olvidarse a sí misma para luego tener que redescubrirse?
Swami Sarvapriyananda: Los maestros tradicionales responden de forma práctica: «No intentes explicar la ignorancia; destrúyela». La Realidad última (Brahman) no tiene una relación causal con la ilusión (Maya), de la misma forma que la cuerda no tiene la culpa de que alguien la confunda con una serpiente en la penumbra.
La pantalla de cine no sufre por las tragedias ni se quema con los incendios de la película; sin embargo, si solo hubiera una pantalla en blanco para siempre, el potencial de la pantalla quedaría sin manifestarse. La manifestación permite que la Conciencia experimente todas las formas de existencia, conocimiento y dicha.
El dolor físico en el mundo relativo es inevitable, pero el sufrimiento psicológico es opcional. Buda explicaba esto mediante la parábola de las dos flechas:
La primera flecha es el hecho objetivo que el mundo te arroja (dolor físico, vejez, enfermedad).
La segunda flecha es tu reacción mental de rechazo, queja y angustia ante ese hecho.
La iluminación no elimina la primera flecha (el cuerpo seguirá envejeciendo y muriendo), pero elimina por completo el sufrimiento de la segunda flecha.
La práctica integral: Las cuatro disciplinas y el Swadharma
Para que esta comprensión se vuelva estable (Sthitaprajna, el sabio de sabiduría firme del Gita), se requiere el cultivo conjunto de los cuatro yogas:
Jnana Yoga: Mantener la autoindagación activa en el día a día para desidentificarse del dolor y las circunstancias.
Raja Yoga (Meditación): Dedicar un tiempo diario a aquietar la mente por completo, aprendiendo a desengancharse de los estímulos externos.
Bhakti Yoga (Devoción): Entregar el ego ante una Presencia superior, transformando los deseos dispersos en amor a lo Divino.
Karma Yoga (Acción desinteresada): Servir a los demás sin buscar recompensa personal, lo que disuelve el egoísmo.
Respecto al Swadharma (la vocación o deber alineado con la propia naturaleza), Swami Vivekananda dio pautas claras:
Sigue tu propio ideal más elevado: debe ser intrínseco (nacer de ti) y noble (que te acerque a la autorrealización y beneficie a los demás).
Si algo une, fortalece y es desinteresado, se alinea con la verdad. Si divide, debilita y alimenta el egoísmo, debe ser descartado.




No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nos interesa su opinión: