Obtenemos lo que merecemos por Swami Vivekananda
Charla 7/08/26
La naturaleza quiere que reaccionemos, que devolvamos golpe por golpe, engaño por engaño mentira por mentira, que reaccionemos con todas nuestras fuerzas. No devolver los golpes requiere una fuerza supradivina, lo mismo que conservar el control y permanecer al margen.
Es muy difícil, pero podemos superar las dificultades mediante una práctica constante. Debemos aprender que no puede ocurrirnos nada a menos que nos hagamos susceptibles a ello.
Sólo conseguimos aquello para lo cual estamos calificados.
Abandonemos el orgullo y entendamos esto: la desdicha es siempre merecida.
Analizarlo y hallareis que todos los males los habeís creado vosotros mismos.
Al mismo tiempo ese análisis os dará una nota de esperanza.
No poseo el control del mundo exterior, pero lo que está en mí y cerca mío, está bajo mi control.
Si se necesitan los dos mundos para componer un fracaso, si son necesarios ambos para propinarme un golpe, yo no contribuiré a ello con el mundo que está bajo mi control, y así ¿cómo puede venir el golpe?
Si logro un verdadero control de mí mismo, nunca vendrá el golpe.
Desde nuestra niñez siempre tratamos de echarle la culpa a algo exterior a nosotros mismos. Si somos desdichados decimos : "Oh, este es un mundo diabólico" "Maldecimos a los otros y decimos "¡Qué ciegos y estúpidos!".
Pero, ¿qué hace hacemos en este mundo si somos tan buenos? Si este
es un mundo diabólico, nosotros también debemos ser diabólicos.
Sino, ¿por qué estamos aquí? La gente es tan egoísta!" Cierto. Pero, ¿por qué
nos juntamos con ella si somos mejores? Pensemos en esto. Sólo tenemos lo que merecemos. Es una mentira decir que el mundo es malo y nosotros somos buenos. No puede ser así. Es una mentira terrible que nos contamos a nosotros mismos. Sólo obtenemos lo que merecemos y esta es la primera lección a aprender. Nunca hay que insultar a nadie, nunca hay que censurar a nadie, sino que hay que ser un hombre, resistir las adversidades y censurarse a sí mismos.
Los que culpan a los demás y por desgracia su número aumenta cada día, son generalmente almas desdichadas, con cerebros indefensos que han sido llevados al pasado por sus equivocaciones.
Aunque culpen a los otros, esto no alterará su posición. De nada les sirve.
Este intento de culpar a los demás sólo sirve para debilitarlos más. Por lo
tanto, no hay que echar las culpas a nadie, sino, más bien aceptar la propia responsabilidad por los errores cometidos. Hay que saber decir: "Esta des-
gracia que sufro sólo a mí la debo, y esto demuestra que he de remediar mis culpas. Lo que he creado puedo derrocarlo, lo que otro ha creado jamás podré destruirlo." Hay que ser fuerte y sincero. Aceptar toda responsabilidad sobre nuestras espaldas y saber que somos los forjadores de nuestro destino.
Toda la fuerza y ayuda que necesitamos la tenemos dentro de nosotros. Los buenos pensamientos y las buenas obras están listas, con el poder de cien mil ángeles, para defenderos siempre y para siempre.


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