La actitud del aspirante espiritual según Swami Vivekananda
Hay una pregunta que atraviesa todas las tradiciones espirituales:
¿Qué actitud debe cultivar quien desea avanzar hacia la realización espiritual?
Muchas personas imaginan que la espiritualidad consiste en retirarse del mundo, practicar austeridades o buscar experiencias extraordinarias.
Sin embargo, Swami Vivekananda nos propone una visión completamente diferente.
Para él, la vida espiritual no consiste en escapar del mundo, sino en transformarnos interiormente para vivir en él con mayor libertad, fortaleza y amor.
Podríamos resumir toda su enseñanza en una sola frase:
"Cada alma es potencialmente divina."
Esta afirmación cambia completamente nuestra manera de entender la espiritualidad.
No tenemos que convertirnos en algo distinto de lo que somos.
No debemos fabricar una naturaleza nueva.
Lo que debemos hacer es descubrir y manifestar esa divinidad que ya habita en nuestro interior.
S. Vivekananda decía que la finalidad de toda práctica espiritual consiste en manifestar esa naturaleza divina dominando tanto nuestra naturaleza interna como la externa.
¿Y cómo hacerlo?
Él menciona diversas cualidades que todo aspirante debería cultivar.
Hoy quisiera detenerme en tres.
1. Fuerza, coraje y confianza en uno mismo
Quizás esta sea la enseñanza más característica de Swamiji.
Para él, el mayor enemigo del ser humano no es el pecado.
No es la ignorancia.
No son las dificultades externas.
Es la debilidad.
Repetía una frase que hoy sigue conmoviendo:
"La fuerza es vida; la debilidad es muerte."
Pero cuando habla de fuerza no se refiere al poder físico ni a dominar a otros.
Habla de fortaleza interior.
De la capacidad de mantenerse firme ante la adversidad.
De no derrumbarse frente al fracaso.
De confiar en la propia esencia.
Por eso afirmaba algo que resulta sorprendente:
"El viejo budismo decía que es ateo quien no cree en Dios; el Vedanta dice que es ateo quien no cree en sí mismo."
Naturalmente, no se trata del ego.
No habla de orgullo.
Habla de confiar en el Atman, en la naturaleza divina que existe en cada ser.
Si creemos que somos débiles, terminaremos viviendo como débiles.
Si descubrimos nuestra verdadera naturaleza, aparece una fuerza completamente diferente.
2. Pureza de carácter y servicio desinteresado
Hoy muchas personas asocian la espiritualidad con experiencias especiales.
Con estados alterados de conciencia.
Con fenómenos extraordinarios.
S. Vivekananda advertía que todo eso puede convertirse en una distracción.
El verdadero progreso espiritual se mide por una sola cosa:
la transformación del carácter.
¿Cómo reaccionamos cuando alguien nos critica?
¿Cómo respondemos frente al egoísmo?
¿Somos capaces de controlar el enojo?
¿Actuamos con honestidad?
Es allí donde se manifiesta el crecimiento espiritual.
Y esa transformación se expresa naturalmente en el servicio.
S. Vivekananda enseñó que servir al prójimo no es un acto de caridad realizado desde una posición de superioridad.
Es reconocer la presencia de Dios en cada ser humano.
Inspirado por Sri Ramakrishna hablaba de Daridra Narayana, es decir, ver a Dios en los pobres, en los enfermos, en quienes sufren.
Entonces el servicio deja de ser una obligación.
Se convierte en una forma de adoración.
Y además tiene otro efecto profundo.
Cuando actuamos sin esperar reconocimiento ni recompensa, el ego comienza lentamente a perder fuerza.
Eso es Karma Yoga.
3. Paciencia, perseverancia y práctica constante
Vivimos en una cultura de resultados inmediatos.
Queremos aprender rápido.
Cambiar rápido.
Iluminarnos rápido.
Pero el crecimiento interior no funciona así.
S. Vivekananda insistía una y otra vez en la importancia de la práctica constante.
Decía que un pequeño progreso verdadero vale mucho más que enormes conocimientos acumulados sin transformación interior.
Y señalaba tres condiciones indispensables para el éxito espiritual:
paciencia infinita;
pureza infinita;
perseverancia infinita.
Es una enseñanza profundamente actual.
Porque muchas veces abandonamos una práctica simplemente porque no vemos resultados inmediatos.
La meditación parece difícil.
La mente sigue inquieta.
Persisten los defectos.
Sin embargo, cada esfuerzo sincero deja una huella.
Nada se pierde.
La transformación ocurre lentamente, casi sin que la percibamos.
Como una semilla que crece silenciosamente bajo la tierra.
Conclusión
Si tuviéramos que resumir toda la actitud del aspirante espiritual según Swami Vivekananda, podríamos hacerlo en siete ideas muy sencillas:
reconocer que cada alma es potencialmente divina;
confiar en la propia fuerza interior;
rechazar la debilidad;
purificar el carácter;
servir a todos sin esperar recompensa;
practicar con paciencia y perseverancia;
vivir buscando siempre la libertad espiritual.
Y quisiera terminar con una frase que resume toda su enseñanza.
Decía S. Vivekananda:
"Cada alma es potencialmente divina. El objetivo es manifestar esa divinidad interior controlando la naturaleza externa e interna. Hazlo mediante el trabajo, la adoración, la disciplina psíquica o la filosofía; por uno, por varios o por todos estos caminos, y sé libre. Esa es toda la religión."
Rabindranath Tagore expresó este mismo ideal con extraordinaria belleza en una oración de Gitanjali:
Esta es mi plegaria a Ti, Señor:
Arranca de raíz la pobreza de mi corazón.
Dame la fuerza para llevar con serenidad
mis alegrías y mis dolores.
Dame la fuerza para que mi amor
sea fecundo en el servicio.
Dame la fuerza para no abandonar nunca
a los pobres,
ni doblar mis rodillas
ante el poder insolente.
Dame la fuerza para elevar mi mente
por encima de las pequeñeces cotidianas.
Y dame la fuerza
para entregar mi fuerza
a Tu voluntad con amor.
Creo que no existe una mejor síntesis de la actitud espiritual que proponía S. Vivekananda: fortaleza interior, servicio desinteresado, perseverancia y la convicción de que la divinidad ya habita en cada uno de nosotros.

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