Swami Prabhavananda
Dios es júbilo y amor. Por medio de la práctica y recuerdo
constante de Él, gradualmente llegaremos a probar el júbilo
de la vida espiritual.
El Amor surge en nuestros corazones y el deseo de
aferrase a la vida superficial, esta conciencia normal, se
desvanece. Llegaremos así a ser almas libres mientras
vivimos sobre la tierra.
Todos los conflictos surgen del amor por aquello que es
transitorio, pero un amor por algo infinito y eterno llena la
mente con júbilo.
Por lo tanto, debe ser deseado y buscado con toda nuestra
fuerza.
¿Qué no saben que son templos de Dios?" (San Pablo)
Cuando vayas a orar y meditar no mires hacia el cielo; mira
hacia dentro, al santuario de tu propio corazón. Ahí está Su
presencia.
Si le diriges la palabra, Él lo sabe. Si tú escuchas, Él lo
sabe. Uno no puede respirar, uno no puede hablar, uno no
puede moverse, sin esa Presencia.
El ideal del sendero de la devoción es estar unido con Dios,
verLo. Es el Ser singular que habita todo ser. No podremos
ver a Dios en el prójimo, si no lo vemos dentro de nuestros
corazones primero.
Surge la pregunta: ¿Cómo podemos amar a Dios si no Lo
conocemos? Vedanta y la Cristiandad señalan que
debemos adorar un aspecto. Una oración Hindú reza:
“Te llaman por muchos nombres y por lo tanto Te dividen,
aún así, en cada uno de ellos Manifiestas Tu Omnipotencia.
Eres alcanzado por cualquiera de ellos". Sea que
adoremos al Señor como personal o impersonal, con o sin
atributos, con o sin forma, debemos adquirir un amor fijo
por el aspecto que hemos escogido. Pero al mismo tiempo,
debemos recordar que nuestro Ideal predilecto se
manifiesta también en cada uno de los otros aspectos de
Dios. Por ejemplo, si adoramos a Cristo, debemos saber
que Él es el Atman, el Ser dentro de nosotros, y al mismo
tiempo, la Divinidad trascendente.
Swami Vivekananda ha explicado la necesidad de aceptar
un Ideal predilecto de la siguiente manera:
"Dios es las dos cosas, sujeto y objeto. Él es el "Yo" y el
"Tu".
¿Cómo puede ser esto? El conocedor no se puede conocer
a sí mismo; Yo veo todo, pero no me veo yo mismo. El Ser,
el conocedor, el Señor de todo, el Ser Real, es la causa de
toda visión en el universo.
Uno no puede ver su propia cara excepto con la ayuda de
un espejo, entonces el Atman, el Ser, no puede ver su
propia naturaleza hasta que es reflejado, y este universo
entero, por lo tanto, es el Ser tratando de realizarse. Este
reflejo, primero rebota en un protoplasma, y después en
plantas y animales, luego va a mejores reflectores, hasta
llegar al mejor, el hombre perfecto. Así como un hombre
que deseando ver su cara, primero se mira en un charco de
agua lodosa, allí ve sólo su contorno sin detalles. Entonces
luego se observa en agua limpia y ve una imagen mejor,
hasta que por fin se percibe en un espejo y se ve como es
en realidad. Por lo tanto, el hombre perfecto es el reflejo
más elevado de aquel Ser que es el sujeto y el objeto. Esta
es la razón por la que los hombres perfectos son adorados,
instintivamente, como Dios, en diferentes países. Ellos son
las más perfectas manifestaciones del Ser eterno. Esa es
la razón por la cual los seres humanos adoran a
Encarnaciones como Cristo y Buda.
"Es verdad que Tú y yo, el más pobre de todos nosotros, el
más malévolo aún, encarnamos a ese Dios, e incluso lo
reflejamos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nos interesa su opinión: