martes, 28 de abril de 2026

Artículos : CCV : Lic. Cristina Viturro : La atención y el camino espiritual

 



La atención y el camino espiritual

Hace poco, Swami Pareshananda contó una anécdota de Thakur, del Lila Prasanga, la referente a la ceremonia del cordón sagrado. Brevemente la recuerdo: una vecina le había pedido a Gadadhar que, en ocasión de esa ceremonia, le pidiera a ella su primera comida y la llamara “madre”. El niño así se lo había prometido. Pero, cuando se enteró su hermano Ramkumar, se opuso: el protocolo indicaba que tenía que mendigar su primera comida, como si fuera un pequeño monje, a una mujer brahmín. Y esta señora vecina era de la casta de los herreros. Con mucho criterio, Gadadhar defendió el pacto: si no lo hacía, no iba a cumplir con su palabra y un mentiroso no tiene ningún derecho de llevar el cordón sagrado. El asunto se resuelve con la intervención del señor Dharmadas Laha, amigo del padre de Gadadhar y Ramkumar, que le dice al hermano mayor que, aunque no había ocurrido nunca en la familia, en otras familias nobles solía pasar. 

En una ocasión, Swami Vivekananda hizo una peregrinación a Vrindaban, en el año 1888. Y pasó lo siguiente (acá leo un fragmento de Vida de Swami Vivekananda por sus discípulos de Oriente y Occidente, del capítulo XII del Tomo I, El Math de Baranagore). 

“Las últimas 30 millas las hizo a pie, con otros monjes itinerantes llevando como única posesión un báculo, un kamándalu (pote para el agua) y uno o dos libros. Faltándole unas dos millas para llegar a Vrindaban, vio a un hombre cómodamente sentado, fumando en pipa a la orilla del camino. Narén estaba cansadísimo y pensó que fumar lo reconfortaría; entonces le pidió al hombre que le permitiera fumar de su pipa. El hombre retrocedió y dijo, vacilante, “¡Señor, soy un bhangi, un barrendero!”. Narén, influido por las ideas tradicionales de casta y posición social, retomó su camino sin cumplir su deseo. Después de recorrer cierta distancia pensó: “He tomado el voto de Sanniasin y abandonado todas las ideas de casta, familia, prestigio y todo lo demás y aun así he caído nuevamente en ellas cuando el hombre me dijo que era un barrendero, ¡y no pude fumar de la pipa que él ha usado! ¡Esto se debe a los siglos de tradición en cuanto a las castas!”. Entonces se volvió en busca del hombre quien continuaba donde lo había dejado, todavía fumando. Narén le dijo: “¡Hijo mío, por favor, prepárame la pipa!”. No hizo caso a las objeciones del hombre esta vez, sino que insistió en fumar de su propia pipa. Después de haber fumado, Narén continuó su marcha hacia Vrindaban.

Hablando años más tarde con un discípulo le refirió este incidente y agregó: “¿Crees que los ideales de Sanniasa son fáciles de practicar en la vida, hijo mío? No hay sendero más arduo ni resbaloso que éste. Si permites que tu pie resbale al borde de un precipicio te encontrarás de pronto en lo hondo del valle. Si uno ha tomado el voto de Sanniasin está obligado a examinarse a cada instante para comprobar si está libre de las ideas de casta, color, etcétera. Este incidente me enseñó la gran lección de que no debía menospreciar a nadie sino considerar a todos como hijos del Señor”. 

Hablando del crecimiento espiritual, Swamiji dice que cada hombre tiene su propio método, que debe proceder del interior y que su única condición es la libertad. El despertar espiritual no es un hecho aislado: es un don y es un primer paso que, a cada cual, llevará por su propio camino. Pero es necesario seguirlo despierto y muy atento: el joven Gadadhar se dio cuenta de que, si no cumplía su palabra, no iba a ser un Sanniasin digno, como Narén tampoco lo era si seguía atado a las leyes sociales, que son las leyes del mundo. En ambos casos, se opusieron a la tradición (social o religiosa) como individuos conscientes, servidores de un orden superior, trascendente, como hijos de Dios. 

Nosotros somos devotos hogareños comunes y silvestres (al menos yo lo soy), pero empeñados en nuestra vida espiritual, nos caben las generales de esa misma ley. Maharaj siempre nos habla de “awareness”, de conciencia, una conciencia que, a veces, como en estos casos, puede llevar a actos que cuestionan un sistema de creencias, una convención, una tradición. Pero a la vez, significan que la vida espiritual no es adherir a una letra muerta o cumplir con determinados ritos sino que es algo que late y respira en nuestro interior, que vamos haciendo a cada paso y nos da sentido y dirección.




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