La mente y el ruido
Leonor Bakún
A veces nos encontramos en situaciones que necesitamos resolver. Suele suceder que con la solución ocurra lo mismo que con las campanas de un templo. Suenan, repican con fuerza al lado nuestro, pero nosotros, ocupados con nuestro ruido interno, no las oímos. Pareciera que nuestra mente hubiese olvidado que el mundo es una construcción mental. Thakur dijo: “La mente es como la ropa blanca recién lavada. Toma el color del agua en que uno la sumerge”. Por eso las prácticas son tan importantes, porque nos conducen a recordar nuestro verdadero ser o, como diría Spinoza, a actuar de acuerdo con nuestra propia esencia.
Italo Calvino en Las ciudades invisibles dice “El infierno de los vivos no es algo por venir; hay uno, el que ya existe aquí, el infierno que habitamos todos los días, que formamos estando juntos.
Hay dos maneras de no sufrirlo. La primera es fácil para muchos: aceptar el infierno y volverse parte de él hasta el punto de dejar de verlo. La segunda es arriesgada y exige atención y aprendizaje continuos: buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacer que dure, y dejarle espacio”.
Somos nosotros quienes le abrimos la puerta de nuestra mente a los pensamientos que querramos tener. Somos nosotros quienes dirigimos nuestra mente. Según como la utilicemos, así será el color en que se sumerja.
Thakur daba el siguiente ejemplo: “Un hombre va caminando cuando ve que de frente viene a toda velocidad un elefante. El conductor le grita que se aparte, que no puede detener al animal, pero el hombre recuerda que su Gurú le enseñó que todo es Dios y no lo hace. Resultado: termina hecho trizas.
Su Gurú le pregunta por qué no se apartó y cuando el discípulo le explica lo que pensó, dice: “También podías escuchar a Dios que te avisaba para que te apartes.”
O sea, ante un mismo hecho tenemos la responsabilidad de dirigir nuestra mente de modo de evitar que el elefante enfurecido del mundo nos haga trizas.
Como dice la tonadita de Padre Swami:
La gente de la mente turbulenta
debe recordar a Dios continuamente.
Aquella mente fue comparada
por la Santa Madre como un loco elefante.
Nadie aquí conseguirá calmar la mente repentinamente.
debe recordar a Dios continuamente,
debe ser un observador practicante
paciente y perseverante.
Sin malgastar más las energías tan inútilmente
debe recordar a Dios continuamente.
Este mundo transitorio lleva
un significado importante.
Es una escuela para crecer
moral y espiritualmente.
Debe recordar a Dios continuamente.
Todos aquí deben ser practicantes atentos e inteligentes.
Tratar de ser adoradores sinceros, diestros y conscientes.
debe recordar a Dios continuamente.
Y, como seguramente acotaría Thakur, cuando uno hace el esfuerzo, la gracia sopla.
Jay Thakur, Jay Ma!

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