martes, 16 de octubre de 2018

SEGUIR APRENDIENDO: Lic. Noemi Villacorta




" En verdad, en verdad os digo: si alguno guarda  mi palabra, no verá la muerte jamás " (San Juan 8:51)

Con estas palabras, Jesús no se estaba
refiriendo a la vida inmortal en el cuerpo físico. El hombre iluminado al que alude Cristo es aquel que ha despertado del trance mortal de la ignorancia a la Vida Eterna.
La naturaleza esencial del ser humano es Espíritu, omnipresente y sin forma.
La exigencia compulsiva o karmica de encarnar es el resultado de avidya,la ignorancia. Las escrituras hindúes enseñan que tanto el nacimiento como la muerte son manifestaciones de la ilusión cósmica de maya. El nacimiento y la muerte sólo tienen sentido en el mundo de la relatividad.
Los grandes maestros, que regresan a la Tierra, en nuevas encarnaciones, lo hacen por razones superiores que ellos conocen. Sus encarnaciones en este planeta no están sujetas a las rígidas restricciones del karma.  Tales retornos voluntarios se denominan vyutthana o reversión a la vida terrenal después de que se ha vencido el poder cegador de maya.
Sea cual sea la manera que tenga de abandonar su cuerpo, tanto si es ordinaria como si es excepcional, un maestro que ha alcanzado la plena comunicación con Dios es capaz de resucitar su cuerpo y aparecer en esa forma física ante los ojos de los moradores del mundo. Materializar los átomos de un cuerpo físico apenas supone un esfuerzo para los poderes de alguien que se halla unido a Dios.

"Porque doy mi vida, recobrarla de nuevo. Nadie me la quita; yo la doy voluntariamente.  Tengo poder para darla y poder para recobrarla de nuevo"
(San Juan 10:17-18)