lunes, 16 de noviembre de 2015

Sra. Marta Silva: Las enseñanzas de San Juan Crisóstomo, obispo (349-407)




 

San Juan Crisóstomo, obispo (349-407)

Nada hay mejor que la oración y coloquio con Dios, ya que por ella nos ponemos en contacto inmediato con Él. Igual que nuestros ojos son
iluminados al recibir la luz, así también nuestro espíritu, al fijar su atención en Dios es iluminado con Su luz inefable. Me refiero a aquella oración que no se hace por rutina, sino de corazón, que no queda circunscrita a unos pocos momentos, sino que se prolonga sin cesar día y noche.
Conviene, en efecto, que la atención de nuestra mente no se limite a concentrarse en Dios  en el momento en que nos decidimos a orar, sino que hay que procurar también que cuando está ocupada en otros menesteres..no prescinda del deseo y recuerdo de Dios, de modo que nuestras obras , como condimentadas con la sal del amor de Dios, se conviertan en un manjar suavísimo para el Señor de todas las cosas.
La oración es luz del alma, verdadero conocimiento de Dios, mediadora entre Dios y los hombres. Por ella nuestro espíritu espera el cumplimiento de sus propios anhelos y recibe unos bienes que superan todo lo natural y visible.


Conceptos de las Homilías de San Juan Crisóstomo.