lunes, 16 de noviembre de 2015

Sra. Leonor Bakún: Londres, 1895 de El Maestro como yo lo vi por Sister Nivedita




Nunca más volvería a ver al Swami en Inglaterra enseñando con tal simplicidad. Más tarde volví a verlo y escucharlo en conferencias o respondiendo preguntas hechas con cierto formalismo por los miembros de vastas asambleas. Solamente en aquella primera reunión de 15 o 16 personas pude verlo en una relativa intimidad. Sentado entre nosotros la mayoría amigos íntimos suyos con su atavío rojo-azafrán ceñido con una faja ancha a la cintura, parecía traernos como una brisa de su país lejano, mientras repetía de vez en cuando, como era su extraña costumbre, '¡Shiva! ¡Shiva!' Su rostro tenía esa mirada de dulzura y dignidad de los que viven en la meditación, esa mirada, que quizás Rafael pintó para nosotros en la frente del Niño de la Sixtina.
Han transcurrido diez años desde aquel entonces y es poco lo que recuerdo de la conversación de ese frío atardecer. Pero no olvidaré jamás los versos sánscritos que entonó para nosotros, con esos fascinantes matices del oriente, a la vez tan diferentes y tan próximos a la música gregoriana de nuestras iglesias.
Respondía con muy buena voluntad a las preguntas personales y nos explicaba que él había venido a Occidente porque, creía que había llegado el momento que las naciones intercambiaran sus ideales, de la misma manera que lo hacen con sus productos.
Cap. I, Londres, 1895 de El Maestro como yo lo vi por Sister Nivedita (Margarita Noble, discípula de Swami Vivekananda)