sábado, 9 de mayo de 2015

TODOS SUFRIMOS POR LA IGNORANCIA DE NO SABER QUIENES SOMOS.: Leonor Bakún




Leonor Bakún

Compartido públicamente.  -  Ayer a la(s) 23:20
 

TODOS SUFRIMOS POR LA IGNORANCIA DE NO SABER QUIENES SOMOS.
“Había una vez, un campesino que fue al bosque, cazó un pichón de águila y lo llevó a su casa. Lo colocó en el gallinero con las gallinas y le dio de comer mijo como éstas a pesar de ser EL REY DE LAS AVES.
Cinco años después un amigo que estaba de visita en la casa del campesino, mientras paseaban por el jardín, señaló el águila y dijo:
-         Este pájaro que está allí no es una gallina.  Es un águila.
-         De hecho – dijo el campesino - es un águila. Pero yo lo crié como una gallina.  Ya no es un águila.  Se transformó en una simple gallina como las demás.
-         El amigo dijo que no, que ella era y sería siempre un águila. Que tenía el corazón de águila y ese corazón la haría volar un día a las alturas.
-         El campesino insistió en que ella se había convertido en gallina y jamás volaría como un águila.
Entonces decidieron hacer una prueba. El amigo tomó al águila, la levantó bien en alto y desafiándola le dijo:
-         Eres un águila, perteneces al cielo y no a la tierra, ¡abre tus alas y vuela!
El águila se posó sobre el brazo extendido de esa persona. Miraba distraídamente a su alrededor.  Vio a las gallinas, allí abajo, picoteando granos y saltó junto a ellas.
El campesino comentó:
-         Yo lo dije: ¡ella se convirtió en una gallina!
-         No, insistió el amigo. Ella es un águila y siempre lo será.  Vamos a experimentar nuevamente mañana.
Al día siguiente se levantaron bien temprano. Tomaron el águila y la llevaron fuera de la ciudad, lejos de las casas y de los hombres, a lo alto, donde el sol naciente doraba los picos de las montañas. El amigo levantó el águila y le ordenó:
-         ¡Eres un águila, perteneces al cielo y no a la tierra, abre tus alas y vuela!
El águila miró a su alrededor.  Temblaba como si experimentara una nueva vida.  Pero no voló. Entonces el amigo la tomó firmemente y la colocó en dirección al sol para que sus ojos pudiesen llenarse de la claridad solar y de la vastedad del horizonte. En ese momento, ella abrió sus potentes alas, graznó con el típico sonido de las águilas y se levantó, soberana, sobre sí misma. Y comenzó a volar hacia lo alto, cada vez más alto. Voló… voló hasta confundirse con el azul del firmamento.”