domingo, 15 de septiembre de 2013

¿SUFRES, HIJO MÍO?

Reverendo Swami Vijoyananda
¿Sufres, hijo mío? Mi querido, ¿sufres? ¿Quieres ir más allá de todos los sufrimientos? ¿Deseas cambiar tu vida de modo tal que ningún dolor penetre en ella? ¿Ansías gozar? ¿Anhelas que tu existencia sea un continuo reír, una sucesión de alegrías y dichas? ¿Esperas, ambicionas todo esto? ¿Has sentido realmente que estás sufriendo y estás harto de sufrir? ¿Sientes hambre de paz? ¿Te atormentan todas estas ideas? Si así es, entonces tú y yo conversaremos hoy. 


Antes de contestar a la pregunta "¿Por dónde empezar?" retrocedo un paso y te interrogo: ¿Sientes deseos de empezar? ¿Sientes verdaderamente que tú y yo debemos empezar, que debemos descubrir la causa de todas nuestras congojas y el medio de eternizar nuestras dichas? Asientes, estás de acuerdo conmigo. Prestemos pues atención.

Los hombres de experiencia, los hombres que sufrieron para lograr su ideal, nos han dicho que debemos luchar con alma y vida por alcanzar nuestro propósito. Cristo lo dijo. Krishna, Buddha, Moisés, Mahoma y Confucio lo dijeron; todos ellos fueron grandes hombres, y el mejor modo de venerados es seguirlos estrictamente. Hemos cometido un error al contentamos con adorar sus nombres y cantar sus alabanzas; lo que hubiéramos debido hacer es asimilamos su vida, darles cabida en nuestro corazón y vivir como ellos vivieron. Si me amas, consciente o inconscientemente, absorbes mis cualidades y te vuelves yo.

La respuesta a nuestra pregunta de hoy puede ser condensada en una sola frase; todo lo demás es explicación. "Empieza allí mismo donde estás". Te equivocas, querido mío, cuando te empeñas en empezar más allá, lejos de ti. Te lo explicaré. Me dijiste que sufres y quieres poner fin a tu sufrimiento; que quieres gozar y seguir gozando sin límite de tiempo. Pero has olvidado un factor, el más importante; se trata siempre de ti, no de Juan o Juana. Cuando practiques lo que hayas leído, cuando te coloques en el punto exacto del cual quieres partir y te resuelvas a seguir con tesón y paso a paso tu ideal (esté o no personificado), sólo entonces obtendrás algún resultado; de lo contrario es imposible. 

Tú y yo hemos tenido en nuestras vidas ratos de alegría, pero nuestro sufrimiento es tanto que hemos olvidado que nuestro verdadero estado debiera ser el de felicidad. Los hechos crueles nos muestran que no existe la justicia, que la verdad es inalcanzable, que en esta vida tan entremezclada hasta el pensar en la pureza absoluta resulta imposible; tan cínica es nuestra época que el pedir sinceridad es pedir demasiado; nadie tiene fe en ti, nadie te cree, y a su vez tú dudas de todo. ¿No comprendes que para cambiar esta situación tendrás que empezar por cambiarte a ti mismo? ¿Por qué ha de tener fe en ti la gente si tú dudas y desconfías de todos? ¿Por qué han de amarte los hombres si tú ni siquiera los toleras? ¿Cómo pueden parecerte puros sus actos si tú no comprendes lo que es la pureza? Tendrás que ser puro, cariñoso, veraz y sobre todo sincero contigo mismo, antes de exigir tales cualidades en los demás.

Un gran poder acaba de derrumbar a un pequeño poder; los hombres ricos son tacaños; la mayoría de los gobiernos desdeñan sus deberes; hasta en instituciones de caridad se descubren casos de malversación de fondos; los hombres ya no quieren amor, buscan los placeres; han olvidado todos sus conceptos de honor y su existencia diaria puede resumirse en este lema: "Juntar mucho dinero, valiéndose de cualquier medio y disfrutar".Ves todo esto, y como es natural sufres. 

Me gusta estar contigo y se que estas tratando de amarme y quieres que te diga por dónde empezar, de qué punto partir, para iniciar tu noble tarea de ayudar a la humanidad, de dar aliento físico y mental a los necesitados y traer luz a los que andan en tinieblas, y para sentir al mismo tiempo la alegría de ayudar y así conseguir la paz. Debo suplicarte que empieces siendo pacífico. Se pacífico en todo tus actos; más aún, sélo en tus pensamientos. Debes empezar por aquello que te propones conseguir al final. Si anhelas la alegria, el amor, la verdad, la dicha o Dios, por ahí mismo debes empezar. Si quieres alcanzar a Dios debes empezar por la divinidad, no sólo teóricamente sino también prácticamente; lo cual significa que tendrás que pensar y vivir en forma divina. Si quieres que la gente te diga la verdad, debes empezar por ser sincero contigo mismo; si ansías la pureza y aún no empezaste a inculcar en tu cerebro la idea de que debes ser puro, empieza ahora mismo.

Este universo seguirá existiendo como universo mientras mantengamos la idea de diversidad. Si quieres trascender la diversidad deberás empezar contigo mismo; tendrás que dirigir todas tus acciones de modo que converjan en una sola, todo tus anhelos deberán ser combinados, calentados al punto de fusión y vertidos en un sólo molde. Trata de comprenderlo, de asimilarlo y di luego a tus amigos, los que están cerca y los que se hallan lejos, que si quieren ir al cielo, lo que deben hacer es transformar primero su hogar en un cielo; si quieren sentarse algún día a la diestra de Jesús, deberán ahora mismo vivir la vida de Cristo; y si anhelan la paz, deberán cesar toda lucha y quemar las semillas de la discordia; si ansían la verdad, no deberán mentir ni siquiera imaginando o soñando; y si quieren el amor, deben empezar con lo más próximo, lo que más cerca tienen, su propio Yo.

Rev. Swami Vijoyananda
Fragmento del capítulo: ¿Por dónde empezar? del libro "Vedanta Práctica"