lunes, 16 de marzo de 2026

Artículos, CCV : Profesora Leonor Bakún : Algo sobre la ley

 


CCV - Algo sobre la ley

Leonor Bakún

Si algo es indiscutible es que la ley es un mandato que se formula al hombre sobre algo que, precisamente, el hombre no tiene una intención y mucho menos una tendencia natural a realizarlo.


 
Hay leyes escritas, la ley de los hombres y hay leyes no escritas, la ley de los dioses (las agrafa dogmata). A veces entran en contradicción la ley de los hombres y la ley de los dioses y uno debe elegir a cuál ley obedecer. El ejemplo más claro sobre esta situación es el punto sobre el que gira Antígona de Sófocles, una tragedia escrita en el siglo V a. C. y que muestra claramente lo terrible y dolorosa que es esta elección.

Las leyes no escritas las llevamos grabadas en el corazón. La ley de los hombres varía según las épocas, las sociedades, las costumbres y sobre todo la formación de quiénes las promulgan y de quienes las obedecen.

Entonces, y volviendo al principio, eso que la ley manda, lo tenemos que buscar, no es natural en nosotros. Lo natural no es precisamente amoroso. Caín mató a Abel, Rómulo mató a Remo y así sigue la historia. Mejor no mirar los noticieros. Esto que estoy diciendo no es en absoluto original. Hobbes, un filósofo conocido por considerar que el hombre es el lobo del hombre dijo que necesitábamos un líder al cual darle la autoridad sobre nosotros y aclara, hay que obedecerle salvo que quiera matarnos.




Los diez mandamientos son un ejemplo de lo que para muchos es la ley moral. Como ustedes saben son universales, no privativos de un pueblo. Cuando Dios se los entrega a Moisés para que los divulgue está presente el suegro de Moisés con su comitiva y pertenecen a otro pueblo. Dios entrega los mandamientos para todos. No para unos pocos. No los voy a recitar aquí pero si mal no recuerdo el primero dice: “Amarás a Dios por sobre todas las cosas.” Esto es algo que se nos dice de muchas maneras y desde varios lados.

Por ejemplo: la primera palabra de los rollos de la Torá es Bereshit (creación), la última palabra termina en ‘le’. Juntos el comienzo y el fin forman la palabra leb que en hebreo significa corazón. Por eso se dice que la Torá está dentro del corazón. La plegaria dice “Purifica nuestros corazones para creer en Ti, con sinceridad (vetaer libenu leobdeja beemeth) y acepta la meditación de mi corazón.”

Por cierto Jesús, que conocía muy bien la Torá señala varias veces este punto en el curso de sus enseñanzas y recomienda limpiar el corazón para poder ver a Dios. Dice: “Bienaventurados los limpios de corazón porque ellos verán a Dios.”

Krishna, por su parte, dice en el Bhagavad Gita: “Yo soy el Señor que está presente en el corazón de cada ser.”

La filosofía Vedanta propone meditar en el ideal elegido como práctica que nos conduzca, en algún momento, a realizar a Dios. Tarea muy difícil. Veamos: para meditar se debe fijar la mente en algo y permanecer en ese estado. Y para hacerlo se necesita voluntad porque sin ella hacer tapasya, cumplir con cierta disciplina, sentarse a meditar es prácticamente imposible y el tema es que nadie puede hacerlo por uno. La purificación la tenemos que desear nosotros. Pero mientras una multitud de impresiones se agiten en nosotros, mientras surjan los recuerdos y preocupaciones de nuestra vida cotidiana, la meditación es muy difícil.

Uno tiene que querer, tiene que anhelar, tener una aspiración intensa al conocimiento espiritual para cumplir con sus prácticas. Y rogar por la gracia de la Madre para que la meditación se produzca porque, en definitiva, la que tiene la llave del corazón y abre la puerta del mismo es Ella.

A modo de ejemplo baste recordar como clamaba Thakur por la visión de la Madre, como les pedía a sus discípulos que hicieran puntualmente sus prácticas, despertándolos amorosamente, incluso a la Santa Madre si era preciso.

Es como lo que le ocurrió a un alpinista:

Un alpinista está escalando, se resbala, cae y queda colgando de una soga. En su desesperación clama a Dios por su socorro y, en el silencio que sigue a su plegaria, se escucha la voz de Dios que le pregunta si confía en Él. Tras la respuesta afirmativa, Dios le dice que corte la cuerda. El hombre tiene miedo y, a la mañana siguiente, lo encuentran muerto, colgando a dos metros del suelo.

De eso se trata, de entregarse y cortar la cuerda.


Como dice Padre Swami en su Tonadita:

‘SHARANAM’ es entregarte, refugiarte, 
cobijarte, dedicarte y olvidarte;
es lograr el estado de la paz entregándote,
abandonando todo esfuerzo consciente
por distinguirte;
volviéndote humilde para salvarte,
sin juzgarte siempre observarte;
con espíritu de prosternarte 
ante Dios, disfrutarte.
¡RAMAKRISHNA te anima 
a darte, darte, darte!



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