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sábado, 14 de marzo de 2026

Artículos : CCV : Lic. Cristina Viturro : Una reflexión sobre el camino espiritual

 

Una reflexión sobre el camino espiritual

“El infierno de los vivos no es algo por venir; hay uno, el que ya existe aquí, el infierno que habitamos todos los días, que formamos estando juntos. Hay dos maneras de no sufrirlo. La primera es fácil para muchos: aceptar el infierno y volverse parte de él hasta el punto de dejar de verlo. La segunda es arriesgada y exige atención y aprendizaje continuos: buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacer que dure, y dejarle espacio.”



Con esta frase, el autor italiano Ítalo Calvino cierra su obra Las ciudades invisibles. Se me ocurre que, en algún sentido, es una buena definición del camino espiritual en medio de las alternativas del mundo. 

Con más fuerza que en otros momentos, se me aparece este razonamiento: la vida espiritual (la mía, la de todos, diría), comienza cuando atisbamos en nuestro interior la creencia de que existe algo más importante y grande que nosotros mismos. Esa chispa, por nombrarla de alguna manera, nos va acercando a la idea de lo absoluto, y aparece el camino, en nuestro caso, el Vedanta. La chispa del Atman, que es lo mismo que Brahman, nos enseñan, y entonces, caminamos en esa dirección. Pero (y esto es lo que siento con más fuerza ahora), es muy difícil hacer que esa chispa se mantenga y, aún más, crezca. Nos vaya bien o mal, la Maia nos envuelve. 

“El mundo distrae”, dije yo, y Swami Pareshananda me contestó: “Peor, el mundo confunde.” La chispa está expuesta al viento y a la lluvia del mundo en cualquiera de sus formas. ¡Qué difícil es mantenerla! La conciencia de lo complejo y esforzado de la tarea me llevó a pensar qué importante es lo que tenemos disponible para llevarla a cabo: las tonaditas de Maharaj, su santa compañía y la de Swami Purnabodhananda, los aratis de los domingos y las fiestas, las reuniones que organizan nuestros compañeros, las lecturas, las visitas al Ashrama. En fin, un montón. 

Pensé entonces en la frase de Calvino (un señor que no era para nada religioso pero sí muy clarividente) y su asombroso parecido al camino espiritual, una tarea arriesgada (ojo al adjetivo) que exige atención y aprendizaje continuos detrás de algo que, en medio del infierno del mundo y de Maia, no lo es, y que, cuando se lo reconoce, es un deber (y por supuesto, un privilegio) hacer que dure y dejarle espacio para que no deje de crecer. 

Jai Thakur! Jai Ma!



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