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Swami Yatiswarananda en claras palabras nos explica la necesidad de establecer una relación definida con la Divinidad y los tres escalones en el desarrollo de la vida espiritual.

En los pasajes sobre meditación en la Divinidad, nos encontramos con distintas concepciones de la Deidad, ya sea personal, impersonal o trascendental. Los distintos devotos deben tratar de establecer una conexión íntima entre ellos y la Divinidad, con la cual su existencia está inseparablemente conectada, sea cual sea la meditación que elijan. Incluso, si se concibe a Dios como existiendo fuera sí mismo, el devoto debe tratar de sentir que su voluntad finita está siempre en contacto con Su infinita voluntad, que la controla y dirige. Si se Lo considera como la Totalidad infinita, el aspirante tiene que sentir siempre que su ser individual está siempre en contacto con aquella Totalidad, de la cual él es una parte. Al igual que el océano es inseparable de una partícula de agua que le pertenece, ya sea que esta partícula esté en su estado líquido usual o en la forma de una burbuja; o igualmente, es como el infinito océano de luz, el cual, no obstante llena todo el espacio, es indivisible de un único rayo de luz que puede o no ser reflejado en un granito de arena.
“La religión,” nos dice el Swami Vivekananda, “es la eterna relación entre el alma eterna y el eterno Dios.” Los Upanishads hablan de esta relación inseparable en un lenguaje que es a la vez bella poesía y profunda filosofía: “Dos pájaros de hermoso plumaje, muy de cerca unidos por la amistad, residen en el mismo árbol del cuerpo. Uno de ellos come los frutos dulces del árbol, mientras que el otro observa sin comer. Asentados en el mismo árbol, el ser individualizado es engañado y se lamenta de su desamparo. Pero cuando contempla al otro —el Señor adorable— en Su gloria, se vuelve libre de todo pesar. Cuando el vidente realiza ese efulgente Supremo Ser —el Autor, el Señor, el Creador incluso del creador— luego ese sabio vidente, habiendo descartado todo pecado y mérito, alcanza la suprema e inmaculada Unidad.” [Mundaka Upanishad 3.3.1-3]
Para poder seguir el camino espiritual con éxito, el aspirante debe tener una clara idea del alma y la Divinidad, y también cultivar una relación definida entre sí mismo y el objeto de adoración. Primero que nada debe determinar en que etapa evolutiva está y con que actitud debe aproximarse a la Divinidad. Solamente después puede progresar en la vida espiritual. Al igual que en la perspectiva del mundo, también con el alma y la Divinidad hay tres puntos de vista que son como tres escalones en la escalera de la vida espiritual.
Los sistemas de pensamiento dualista sostienen que las almas son muchas en número, y que están separadas una de la otra y separadas de Dios, a quien generalmente se lo considera como extra cósmico. Pero las almas son todas dependientes de la Divinidad como lo es el sirviente a su amo, o el hijo lo es a sus padres; todos ellos son controlados por Su voluntad y poder. De acuerdo a las ideas no-dualistas calificadas, las almas son muchas en número pero todas forman parte de un Todo infinito, el cual no es la mera suma de todas las almas sino que es inmanente y trascendente al mismo tiempo. Al igual que las almas moran en los cuerpos, así Dios mora en las almas individuales como el Espiritu interior o el Alma de todas las almas. En el monismo, o mejor dicho en el no-dualismo, se considera como única realidad al Uno sin segundo, la indivisa e indivisible Existencia-Conocimiento-Dicha Absoluta. Desde este punto de vista la multiplicidad de las almas es considerada sólo como una apariencia que tiene realidad empírica en tanto no se realice la Verdad más elevada. Pero con esa última revelación se realiza que los adjuntos limitantes (condiciones y limitaciones) del alma, como ser el ego, la mente, los sentidos, etc., que han causado la multiplicidad, no son el Ser, y por lo tanto son irreales. |