Decimocuarta Clase - 6 de octubre de 1944
En la última clase les dije que el símbolo sonoro de todo conocimiento es Om.
Antes de seguir con el aforismo siguiente de Patányali, tengo aclarar algo:
En todo el raya yoga, notarán que no se da tanta importancia al camino del amor para llegar a la Divinidad. Hay una razón.
En primer término, diré que creo que el camino del amor puro es un camino igualmente eficaz, que cualquier otro para llegar a Dios. Pero, habrán notado, seguramente, que los yoguis no creen en una Divinidad personificada o personal, o divinidad con cuerpo, ya sea muy etéreo, muy vasto o infinito.
Divinidad personal sin cuerpo. Divinidad que los yoguis presentan como el concepto de la conciencia y el conocimiento puro. Esa clase de Divinidad es inalcanzable por el camino del amor. La primera cosa en el amor es el Bienamado.
La Divinidad para nosotros es un ser antropomorfo. Pero los yoguis son muy prácticos; no admiten ninguna teoría que se expanda y quede en la nada. Sus teorías son bien sistematizadas. Es la única escuela que da al principiante resultados inmediatos; no hay que titubear o tantear. Aunque emplean la palabra Ishvara, su Dios nunca es una persona. Su Dios personifica el concepto infinito del conocimiento. Por eso es inalcanzable por el camino del amor. El amor nos ayuda a concentrar y ese es el sentido práctico que le da el yogui..
Nosotros empleamos al amor para lograr algo. Pero el amor, cuando es purificado, no solamente es el camino o el método, sino que es la meta misma. El hombre ama para amar.
Les diré que nadie ama a su prójimo; todos se aman a sí mismos en su prójimo. Por eso hay tantas luchas, hay tantos desacuerdos y hay tantas bellezas en el amor. Cuando el amante ha purificado su amor, llega a comprender que el amor dará como resultado amor.
Bien. Volvamos a Patányali.
El símbolo sonoro es Om. Y agrega en el siguiente aforismo: “La repetición de Om y la meditación sobre su significado es el camino.” [YSP 1.28] Tengo que hacerles recordar las clases anteriores. Los yoguis dicen: la substancia mental se divide en cuatro partes: 1°) el concepto del yo individual, 2°) el intelecto, 3° el órgano que recibe todas las impresiones y 4°) el almacén donde quedan esas impresiones.
Muchos ignoran que los pensamientos no terminan sin dar antes su debido resultado. Así como las acciones dan sus resultados, también los dan los pensamientos. Las acciones visibles, perceptibles o tangibles, como son originadas por los conceptos de tiempo y espacio, dan resultados visibles. Pero los pensamientos, aunque también se originan en el tiempo y el espacio, sus expansiones son más vastas, más prolongadas. Pero siempre dan sus resultados. No hay manera de escapar. Cualquier pensamiento, fuerte, malo, estúpido, o bueno, da sus resultados. Es una de las cosas que en Occidente no se ha considerado a fondo aún. En distintas religiones se ha prohibido pensar que somos responsables de nuestros pensamientos. Con esta prohibición quitan a sus creyentes lo más grande. Es un propósito muy siniestro. Por eso, ustedes los occidentales son tan desdichados; no salen nunca del sufrimiento. Tienen todos los medios, pero nunca salen de la especie humana. Según mi concepto, el hombre es más civilizado, cuanto más responsable es de sus pensamientos. El que se siente responsable de sus pensamientos, jamás repite sus errores. Puede cometerlos, pero nunca reincide. El hombre no nace perfecto. El hecho de nacer, por sí solo demuestra imperfección. Pero, por ello, no tenemos que permitirnos ser irresponsables. Los yoguis, cualquiera que sea su escuela, exigen sobre todo, un estado continuo de alerta. Nos aconsejan no dormirnos nunca sobre nuestros pensamientos. Cada pensamiento no vigilado, es una flecha envenenada que vuelve contra nostros mismos.
Sigamos con Patányali: ¿Qué hace la repetición? Nosotros somos el producto de varias ideas y de varias acciones. Si repetimos que queremos ser libres, seremos libres. Pero no solamente debemos repetir.
Patányali sabe que al decir “quiero ser libre” creamos una serie de impresiones en ese almacén de Chitta, que se van acumulando hasta que un impulso las lanza en la creación de una obra grande. Pero él dice que no solamente hay que repetir, sino que también hay que meditar sobre su significado.
Fijemos ahora nuestra atención sobre la palabra libertad. Para un bruto es hacer todo sin pensar en el prójimo. Hay más brutos todavía: hacer todo para lastimar al prójimo. El concepto más grande de libertad es incluir la presencia de todos los seres humanos y gozar en eso. Algunos grandes seres incluyen todos los seres creados, ya sean hombres, perros, vacas u hormigas. De manera que hay escalas, y no debemos permanecer en el primer escalón. El hacer daño a los demás no puede quedar impune por mucho tiempo. Tarde o temprano, ese bumerang vuelve hacia uno. Los que predican esa clase de libertad excluyen a los demás.
Se necesita una idea o se necesita un ejemplo. Para nosotros, la idea no es suficiente, porque no tenemos la mente tan purificada como para bastarnos con la idea sola. Necesitamos un ejemplo para alentarnos, para sentirnos fuertes cuando llega la avalancha de cosas malas.
El yogui nos presenta a Ishvara, no solamente como algo infinito, sino como un ejemplo viviente. No es una cosa extraña: “Tú tienes también la Infinidad en forma pequeña.”
Les diré, además, que cada acción nuestra, crea una onda. La ciencia moderna parece que está logrando grabar las ondas mentales, esas ondas nerviosas manejadas por pensamientos. Justamente hoy he oído comentar que algún día sería inventada una máquina que registrará el estado del alma. Pero eso es imposible. El sujeto nunca podrá ser sacado del estado de sujeto. El ser no puede ser tocado, permanece imperturbable. Es que no tenemos alma. El alma nos tiene a nosotros. Por equivocación decimos “mi alma”. Pero, en el alma se sumergen, flotan momentáneamente, o desaparecen, todas esas burbujas llamadas Juan, Pedro, etc. Todos tenemos el concepto de yo personal. El alma no es un soplo, aunque sea Divino. Es la Divinidad misma. Es Omnipresente. La Omnipresencia, es Omnipresencia, no permite ninguna otra Omnipresencia. Esa es la verdad. A eso tenemos que llegar. Mientras crecemos en el concepto de libertad, vemos que primero se causa daño, luego se siente la presencia de todos los seres, pasados, presentes y futuros. Los que llegan a este último estado, según los dualistas, las Encarnaciones, llegan a esa plenitud de conciencia. No hay diferencia entre ellos y Dios. La única diferencia, según la vemos nosotros, es que ellos son fundas de Dios.
El pensamiento produce ondas. Ahora bien. Para pronunciar correctamente Om, ven ustedes que hay un sonido “mmm” que después de cuatro o cinco segundos queda muerto, aparentemente. Pero no muere. Esas ondas, esas vibraciones, se vuelven inaudibles, pero no mueren. Los físicos modernos dirán que esas ondas quedan en el espacio. El antiguo yogui, que era un físico, dice que esas ondas, que aparentemente mueren, quedan en estado atómico, y agrega que cada átomo es el símbolo del universo entero. Dado el impulso debido, cada átomo puede producir un universo. Por eso los yoguis vigilan sus pensamientos.
Bien. Hemos creado muchas ondas, muchas impresiones. Millones y millones. Y todas están esperando para manifestarse. Si les damos la oportunidad de hacerlo una tras otra, no ocurre nada en conjunto. Si permitimos que todas esas impresiones almacenadas surjan de nuevo para conocerlas, entonces ¿cuánto tiempo necesitaríamos para liberarnos? Sería imposible calcularlo.
Y nuevamente oímos la palabra de Patányali: si una acción producen una clase de ondas, otra acción contraria, puede aniquilar esa clase de ondas. [Ref. YSP 2.33] Todas las ondas anteriores fueron hechas pensando que somos atados. Y ahora teniendo ese símbolo y su significado debido, si podemos crear ondas contrarias, aquellas otras quedarán muertas. No volverán más a la superficie, para traernos más nacimientos, más crecimientos, más sufrimientos y más muertes.
El yogui dice: no tenemos muchas ideas. Él no llama a Dios misericordioso, ni bondadoso, etc. El yogui es muy exacto. Y nos trae un solo concepto, el concepto preciso: el hombre vive para conocer y gozar. El goce es imposible si no hay conocimiento. Por eso nos presenta el ideal más perfeccionado que puede aceptar; el conocimiento supremo, el conocimiento universal que no nació ni terminará. Así que nos presenta ese ideal y nos hace sentir nuestra posición actual.
Pero, ustedes tienen a su alcance una frase muy cómoda: no creo. Pueden decirla y pueden borrar todo. Cada uno tiene el derecho de decirla. Si quieren ser tontos sigan nomás. Pero el que quiere conocer y saber, el que quiere llegar a la liberación, (liberación última y no libertad que es una fracción del tiempo y del espacio), forzosamente necesita un ideal.
Debo advertirles que, según los yoguis, el que tiene varios ideales nunca llegará a liberarse. No permitimos a un principiante meditar sobre conceptos de la divinidad, como: pureza y misericordia.
Por eso, necesitamos, primero, repetir, crear ondas mecánicas contrarias a las que nos hacen sufrir.
La manifestación más baja, es la manifestación geológica, el mundo mineral, las piedras. El mineral representa también una burbuja del Ser; del Ser que es el océano de la Omnipresencia. El mineral no sabe. El hombre común tampoco sabe, pero en su estado superior puede saber. Sin embargo, en la actualidad el mineral está usando al hombre. El oro, el platino, las piedras preciosas, manejan al hombre: “Tengo tal compromiso no puedo hacer tal cosa”. El hindú dice: “cuántos reinos siguen igual después de la muerte de los reyes, y cada rey piensa tontamente que él es imprescindible.”
Así que vemos bien claramente que la repetición de Om y meditar sobre el significado, en primer término crea toda clase de ondas que anulan a las que nos atan a los veinticuatro principios, empezando por la naturaleza, en sus tres cualidades: manifestación, acción y inercia.
El que quiere liberarse tiene que levantar ondas contrarias. Les diré una cosa que les parecerá casi chocante: en la India somos tan adictos a ese concepto de crear ondas contrarias que los maestros hindúes enseñan a sus discípulos: si un amigo, que antes era amigo, se vuelve ahora cargoso, pesado, porque no sigue con tu doctrina, lo mejor es que lo consideres tu enemigo. Eso es muy raro en Occidente.
El Ser no puede hacer muchas cosas. El animal en el cuerpo humano, en cambio, puede hacer muchas cosas. Tiene las ideas limitadas.
Así que el concepto de liberación, no de libertad, no se aplica aquí para nada, porque el Ser es la liberación misma. |
Decimotercera Clase - 3 de octubre de 1944
Hablábamos la vez pasada sobre el concepto de Dios en el Raya Yoga. Como ya he dicho, esta filosofía se basa sobre la filosofía de los Samkhias.
Los Samkhias no aceptan ni tienen necesidad de un Dios. Sin embargo, los yoguis dicen que Dios es necesario y existe. ¿Cómo? En Él se vuelve infinito el conocimiento total que en los demás queda en estado de germen. Vemos las palabras: “En Él”. Esto nos trae la duda. Aunque los yoguis no han aceptado totalmente la idea de los Samkhyas, ahora parece que, con ese “En Él” nos presentan una persona. Pero no es así. Los yoguis nunca conciben una persona. Es la Conciencia Suprema que es infinita. Pero los yoguis tienen que tratar con nosotros. No podemos imaginar nada sin la preparación previa, que es una preparación muy dura, larga y bien sólida.
Nada que sea impersonal. Cuando pronunciamos palabras como verdad, maldad, bondad, etc., las decimos en forma abstracta, pero para pensar en su significado, pensamos en una persona. Es todo lo que podemos decir. Los conceptos de tiempo y espacio nos obligan a personificarlas, a darles forma.
Así que el Dios de los yoguis es un concepto abstracto. Pero, para bien de nosotros tienen que personificarlo y aplicar términos como: “Él”.
Siendo Él la Conciencia Suprema e Ilimitada, Él es el Maestro, aún de los maestros más antiguos. ¿Por qué? Él nunca es limitado por el tiempo. ¿Que quiere decir eso?
Él no está limitado, ni nunca lo fue ni lo será. Quiere decir que todas las ideas predicadas por la propia experiencia, todos los mensajes, duran un tiempo, largo o corto, según la pureza de la realización. Las verdades expuestas por Krishna, Buddha y Cristo, duran mucho tiempo, porque vienen de la pureza misma. Pero la verdad de nosotros dura poco, porque no tiene esa pureza de corazón. Para los yoguis, la verdad es sinónimo de pureza. Cuando los maestros predican algo como la verdad, la predican en dos formas: hablan en su tiempo cuando están entre las personas y ven su aplicación local, y también tienen siempre una mirada a lo universal. Todas las verdades que han dicho tienen esa característica: una dimensión local y otra universal. La local pasa, porque el tiempo con su efecto corrosivo quita todo lo que es local. Los ejemplos de los maestros eran locales. Si tomamos una frase de sus Evangelios, sería hoy imposible aplicarla, porque el ambiente es distinto. Así que tenemos que quitar esa parte de ambiente que es local. Quitando la parte del tiempo y del espacio, la verdad es igual. El Dios de los yoguis representa la verdad y no es local. Por lo tanto es el Maestro de los maestros, porque en Él no hay nada local. Y como es omnipresente siempre lo podemos tomar como ejemplo.
Ustedes les dirían a los maestros: yo quiero una cosa local, para mi vida diaria, y ustedes me presentan una cosa universal. En realidad, lo universal está presente en la vida diaria. Hay gente que comprende que nuestro ambiente local es una fracción del ambiente universal. Nosotros consideramos a lo universal como una presencia continua, sin comienzo ni fin. Siempre pensamos en forma matemática. Y lo universal, cuando es concebido por nosotros, nunca lo es fraccionadamente. Lo universal tiene que comprimirse o tenemos que aceptarlo totalmente. Ahí aparece un defecto. Eso de decir que nosotros somos parte de la suma total, es un concepto muy equivocado. Como si cada uno estuviera encerrado en un compartimento aislado. No. La verdad es: Cada uno de nosotros representa la totalidad de la presencia en una forma chica. Como representamos la totalidad no fraccionada, puede ser que haya entendimiento. Siendo la totalidad, no podemos hacer nada indigno, pero si pensamos que somos fracciones, quedaremos fraccionados. Por eso, nuestros conceptos de goces, anhelos, todos son fraccionados muy chicos. Pero, quien está encerrado en un ambiente local, tiene la posibilidad de universalidad. Cuando rompe ese encierro, entonces queda la totalidad. ¿Ven claramente dónde está el defecto? El que piensa que es chico, nunca llegará a ser grande. Será mejor. Nosotros queremos crecer en un campo de comparación, pero nunca queremos ser lo mejor porque es mucha responsabilidad.
Aparte de esto, y como tema ajeno a la clase, diré que hay muchos conceptos de los hindúes que en occidente están predicados equivocadamente. Nadie se ha tomado la molestia de averiguar.
Muy bien. Él es el Maestro de los maestros, porque Él está fuera del concepto de tiempo. Muy duro es concebir una presencia universal. El conocimiento universal es de la clase de conocimiento que no depende de ningún objeto. Porque nosotros tenemos el concepto de las ideas y de los objetos, e ignoramos que éstos al pasar frente a ese conocimiento, dejan una sombra. Apagada la luz del conocimiento, no dejarán ninguna luz en nuestra mente. La conciencia existe, nunca se fabrica. El conocimiento existe, nunca es excitado por A, B, o C. Los conocimientos son sombras del conocimiento mismo. Nosotros somos manifestaciones incompletas del conocimiento universal.
Los yoguis propusieron el concepto de Dios, únicamente como ejemplo. Pero, ¿cómo concebir una conciencia que no tolera ni la idea ni el objeto? Esto no es manipulable; y está muy lejos de ser comprensible. Patányali dice: tiene su símbolo. ¿Cuál es? Un sonido: Om (Aum). Om es Su símbolo, (se pronuncia Oum). ¿Por qué su símbolo no es Dios, God, Dieu o Gott? Porque estos sonidos son muy limitados, son locales, circunspectos a una cultura.
Algunos de ustedes pueden decir que Om es también limitado. Pero, aquí habla otra vez Patányali, y afirma que Om no es una palabra. No fue concebido.
Cada idea tiene su correspondiente cuerpo sonoro, y como nosotros nunca hemos pensado en términos universales, hemos quedado limitados. Entonces, ¿de dónde podemos sacar la idea de que Om es universal? Patányali dice: Para ser un símbolo, la primera condición indispensable es que sea muy chico y no tenga adjetivos. No debe tener mucha manifestación. Debe ser muy comprimido.
Dios, Alá, God, etc., son compuestos por letras; son símbolos locales. El sonido que produce Alá fuera de los Mahometanos, no significa nada. Om tampoco significa nada para los oídos no hindúes.
Patányali dice: para producir un sonido, lo que hacemos es expulsar el aire de los pulmones por la boca y nariz; boca abierta, semicerrada y cerrada. Para producir el sonido Om (Aum), en forma natural, si expulsamos el aire con la boca abierta, tenemos A. Con la boca semicerrada, U. Y con la boca completamente cerrada M. Y todas unidas: Om. ¿Hay aquí algún color local? Hay color hindú, pero solamente porque nació en la India.
Si yo no creyera en la palabra de Patányali, podría decir que es difícil concebir a Dios por ese símbolo. La contestación sería: ¿El sonido de “Dios” le ha dado el concepto de Dios, conciencia y conocimiento ilimitado, cuando lo pronuncia? ¿Le ha dado el concepto de Dios Personal, impersonal, misericordioso, salvador, justo, etc.? Patanyali dice: No.
Todos esos conceptos son personales y refutables. ¿Cómo? Dios es justo y para ser justo necesita el concepto de injusticia, sino no puede hacer justicia. Dios misericordioso significa Dios tiene el concepto de miseria. Pero ¿entonces Dios queda manchado por la miseria? Porque el que no comprende que es la miseria, no puede ser misericordioso.
Hago la aclaración de que estoy hablando como un filósofo; no estoy predicando contra ninguna religión. Porque hay quienes salen de aquí predicándome a mi.
Om es el símbolo. ¿Por qué Patányali toma un símbolo sonoro? Él que es tan metódico, tan meticuloso y estricto, ¿por qué toma primero el sonido? ¿Por qué no toma la manifestación en forma de luz u otra cosa? Porque el sonido es la manifestación más fina en el campo físico; y tiene onda más corta y más lenta. Las ondas vibraciones de luz, o electricidad, o magnetismo, son mucho más rápidas que el sonido. Sin embargo, el sonido es para una persona más purificada. Para la gente ordinaria, viene primero la vista y después el sonido.
Los sonidos no son nada más que tres conceptos: 1°) Potencialidad de manifestación. 2°) Manifestación en plena acción. 3°) Esa manifestación con su potencialidad está restringida; resistencia.
Los que practican yoga, primero oyen, después ven. En el campo físico ocurre lo contrario: primero ven después oyen. Primero el humo, después el cañonazo. Hay otra cosa: Patajali estaba hablando de Isvara; estaba hablando de un sonido. No hablaba para nada de forma ni de morada de Dios. No habla de sus Encarnaciones ni de sus Mensajeros. Habla en una forma muy abstracta. Pero expresa en palabras, en sonidos. Entonces es justo que el símbolo sea un sonido. En otras escuelas es justo que tenga forma porque hay templos, altares, estatuas, iglesias, etc. Pero, aquí Patányali nos dice que la Presencia Divina es necesaria como ejemplo. Es el Maestro de los maestros y Patányali da esta importancia a la maestría de los maestros.
La maestría no depende de la palabra ni de su figura, de cabellos con rulos bien hechos, de color negro, o como piensan algunos cristianos, que Jesús tenía rulos de color oro. De manera que aquí no hay necesidad de que el símbolo sea visto. Cuando hay personalidad el símbolo debe ser visto. Otras veces debe ser tomado, como en los cristianos, el vino y la Eucaristía. El símbolo de una cosa densa puede retenerse, puede hacerse una miniatura de él. Si presentamos a Dios visible, el símbolo debe ser visible. Los hindúes dan de comer a Dios. Y les dicen: ¿Cómo? ¿Su Dios come? Sí. Si su Dios puede sentarse, el mío puede comer. Pero, aquí Dios es explicado verbalmente. Y bien puro. Patányali cuida bien ese detalle.
“Ishvara (el Supremo Gobernador) es un Purusha especial, que no es tocado por la miseria, las acciones y sus resultados y los deseos.” [PYS 1.24]
Repasemos para no olvidar: Al presentarlo Patányali dijo primero que es un Purusha especial, un Ser especial. En Él está inmaculado el concepto de miseria. Miseria significa dos cosas: pobreza y el pensamiento de pobreza. Falta de plenitud es pobreza. Y no teniendo esa falta de plenitud, no tiene el concepto correspondiente. No tiene ese sufrimiento doble: de esa falta de plenitud y el conocimiento de esa falta.
Patányali sigue: El que actúa pierde el concepto de su plenitud, y agrega: No actúa. Todavía, para aclarar, dice: No solamente no actúa, sino que es completamente limpio del resultado de las acciones. Y no tiene ningún deseo. Y agrega: La escuela yogui no concibe la universalidad, que saca o entrega, y no permite la presencia de seres individuales. La universalidad puede ser únicamente el conocimiento. Ninguna otra cosa puede ser universal. Únicamente el Conocimiento Puro.
Después dice: Allí, lo que nosotros tenemos en germen, está en su plenitud. Él es el Maestro de los antiguos maestros, porque no está limitado por el concepto de tiempo.
“En Él es infinita esa omnisciencia que en otros es sólo un germen.” [PYS 1.25]
“Él es el Maestro, incluso de los antiguos maestros, dado que no está limitado por el tiempo.” [PYS 1.26]
Les diré que todos nosotros usamos a Dios. Algunos por necesidades pequeñas. Otros por ideas grandes. Patányali nos lo presenta en una forma simbólica. Y es difícil comprender una cosa completamente abstracta. Tenemos que ser abstractos y comprender todas las cosas por el sonido.
El nombre es inseparable del objeto. Nadie puede idear, concebir, comprender o sentir sin el nombre correspondiente. Por eso los yoguis dicen: El nombre es el cuerpo más fino, más entendible de cualquier objeto. El nombre de Dios es, entonces, inseparable de Él. No se puede separar el Om del Conocimiento Supremo. ¿Cuándo puede separarlo? Cuando usted ha perdido su puesto de conocedor. Ya no es más conocerdor.
Mientras usted quiere conocer necesita símbolos. Y el símbolo más perfecto del Conocimiento Supremo es sonoro. Y ese símbolo es Om. |
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Duodécima clase - 29 de septiembre de 1944
Estudiando todas las religiones y filosofías existentes, uno observa que hay dos escuelas predominantes: Una dice que el hombre puede alcanzar su meta por su propio esfuerzo. La otra afirma que la alcanza por la gracia o la misericordia divina. Son dos rasgos principales y distintivos de las escuelas filosóficas. Hay otras cosas que también se pueden notar, por ejemplo: El concepto de Dios.
Dios como una presencia, por más misericordiosa que sea, si no tiene contacto con nosotros, si no podemos sentir su presencia, si no podemos conversar con Él, esa clase de Dios no es muy agradable, tampoco podemos sostener esa idea de divinidad por mucho tiempo.
El ser humano quiere un Dios que sea la fuente de toda clase de socorro. El hombre quiere levantar su cabeza y seguir adelante. También el ser humano, después de saltar ciertas vallas físicas y mentales, quiere saber quién es Dios y cómo es. Entonces necesita alguien que le conteste sus preguntas.
Todos nosotros comprendemos, cuando pensamos sin prejuicios, que es preferible el ejemplo más que el consejero. De ahí viene el concepto de permanencia divina.
Los yoguis concibieron una clase de Dios muy especial. En primer término, recordarán ustedes que la filosofía Yoga sigue la doctrina de los Samkhyas, aunque admite la presencia de Dios que estos últimos no admiten. Y concuerdan con los Samkhyas, en que la naturaleza hace la creación, y que no necesitan un Dios creador para tomar su puesto, ya que sola puede hacer muy bien las cosas.
Estabamos hablando, la última clase de dos clases de Samadhi. En la primera uno queda “diluído”, es decir, pierde todo concepto psíquico y físico de su existencia, y queda diluído completamente en la naturaleza. Ese ser, según los yoguis, consigue la liberación cuando termina el ciclo. No hay fecha.
Diluírse completamente en la naturaleza, quiere decir no tener ningún deseo apartado del deseo común. Ese ser va más allá del concepto de tiempo y espacio que es el que nos liga a nosotros.
La segunda clase de Samadhi es cuando la mente no tiene ningún deseo nuevo, ni repite deseos anteriores. No tiene las semillas para que puedan nacer nuevos deseos. Ese ser va más allá de la Prakriti y domina todo. Y tiene la perrogativa de liberarse cuando quiere.
Cuando la primera clase de gente comienza su práctica de meditación, con un deseo que no sea el de la liberación, que no sea conocer a la Divinidad y a su propio Ser, y llega a la misma clase de concentración profunda, que al otro grupo le da la liberación, adquiere poderes enormes. Por ejemplo: Quiero ser todopoderoso, y sigo el mismo procedimiento de concentración, es decir que elimino todas las demás ideas y todos los demás goces. Pero como al comienzo tuve una idea distinta, el resultado es también distinto. Cuando tenga la primer clase de Samadhi seré muy poderoso. Manejaré fuerzas superiores. Ahora comienza a decirnos Patányali, que por el camino del yoga, pueden adquirirse poderes.
Aparentemente, la práctica es la misma, pero, en realidad es muy distinta. Hay un ejemplo que da Ramakrishna: debajo de la luz uno está leyendo el Ramayana, mientras otro está falsificando un cheque. La luz no tiene la culpa. Samadhi, es decir la concentración, no tiene culpa. Uno no lo utiliza para lograr su liberación, sino para adquirir poderes, y los adquiere. Pero, ¿qué sucede? Uno se vuelve poderoso. Vive mucho tiempo y tiene muchos dominios. Dice el Swami Vivekananda, el comentar a Patányali, que esos seres son, en el sistema de filosofía hindú, como altos funcionarios, que ocupan cargos que se llenan en períodos de sucesión. Cuando otros vienen preparados, los anteriores tienen que dejar su puesto. No hay jubilación. Sobre esto, hay muchos cuentos en los Puranas.
El jefe de los dioses en el panteón hindú llamado Indra, que ha conseguido su puesto después de una serie muy dura de prácticas y austeridades, tiene una parte de su ser ocupada en la vigilancia de los que quieren seguir su camino, para que nadie pueda disputarle su elevado puesto. Si ve que alguien avanza mucho, le ocasiona disturbios y entorpecimientos.
Alcanzan los mismos poderes los que tienen fe en sí mismos, energía para cumplir su voluntad, buena memoria y discernimiento. Hablando del éxito, Patányali dice algo muy sencillo: “El éxito depende, tarde o temprano de la energía aplicada por el practicante.” [YSP 1.21] No dice nada de la Misericordia Divina; todo depende de nosotros. Si queremos tener éxito, preparémonos. Después, como un corolario dice: “El éxito es tenue, mediano y fuerte, según la voluntad aplicada.” [YSP 1.21]
Ahora viene el concepto de Dios de los yoguis: “Ishvara, (que quiere decir “gobernador supremo”), es un Purusha especial, inmaculado de todo concepto de miseria, acciones, sus resultados y está absolutamente desprovisto de deseos.” [YSP 1.24]
Y luego dice Patányali: “En Él es infinito el conocimiento que en los demás está en el estado de germen.” [YSP 1.25] Es decir: lo que tenemos nosotros como un gérmen de todo conocimiento, en Él está en la plenitud. Es la primera definición de Ishvara, de Dios.
Patányali nos quiere arrancar del plano de la conciencia y del plano del conocimiento. Quiere decir que los que buscan a Dios por otras razones nunca lo encuentran. Para ellos, Dios apenas llega a ser un gran amigo que tiene a su alcance todo lo que podemos necesitar en todas las variaciones, en distintos climas y países. Porque bajo la creación de la naturaleza, desde los esquimales hasta el trópico, nuestras necesidades aparentemente son idénticas, pero son en realidad distintas y muy variables.
Concebimos la presencia de Dios cuando estamos en el plano del conocimiento de la conciencia. ¿Cómo? Yo he tratado de purificar mi conocimiento y mi conciencia. Mi conocimiento no anda tanto detrás del conocimiento, ni tampoco detrás de las ideas. Está más o menos sutilizado al punto de llegar a concentrarse. Yo no quiero dañar a nadie, ni herir a nadie, ni tampoco contraigo compromisos que puedan hacer sufrir a otros. Es decir que la conciencia está purificada.
Pero, ¿como concebir que en Ishvara, en ese Purusha especial, está en plenitud lo que en mí está en forma de germen? Ahora bien. Vamos a dirigir la mente a un punto de concentración. Tomen cualquier idea con los ojos cerrados y piensen en ella. Háganlo ahora. Rápido. Al concentrar, lo que hacemos es trabajo doble. Juntar la mente en un punto y tratar de hacer un esfuerzo de modo que el ambiente de alrededor no lo atraiga. La mente cuando quiere concentrarse tiene el concepto de un círculo alrededor, al mismo tiempo, pero este círculo es vago. Siempre localizamos los objetos en términos de tiempo y espacio, pero no le damos tanta importancia.
El libro está aquí. Este “aquí” significa mucho. Pero mi necesidad es del libro, por eso no hago caso del “aquí”. Pero cuando no hago caso de este “aquí”, el libro no tiene ningún valor.
Cuando voy con un amigo a un restaurant, tengo por costumbre mirar a todos lados y a las demás mesas, menos a la persona con quien he ido. Quiere decir que no doy ninguna importancia al objeto cercano. He observado que en los conciertos, la gente se ocupa más de sus vecinos que de la música y están esperando con ansiedad que prendan las luces, porque se encuentran molestos en la oscuridad.
Estos ejemplos son para hacerles comprender que no podemos dejar el concepto de ambiente.
Y dice Patányali: El comienzo del ambiente soy yo y no tiene fin. El ambiente es infinito. Este libro está aquí, y este “aquí” no tiene fin. Nosotros, para nuestro uso ponemos una línea demarcatoria.
¿Ven ustedes ahora cómo tenemos conexión con Dios? El conocimiento que ha llegado a su plenitud es el concepto de ese Purusha especial.
Por eso el yogui no da ningún puesto a Dios. No es creador ni protector. Porque si hubiera ocupado un puesto no nos serviría de ideal. Porque, aunque leamos mucho y digamos mucho, nos sirve mucho más el ejemplo.
Los yoguis dicen: “Ser Supremo” ¿Quién comprende a un ser supremo? Quién comprende primero que él es un Ser. Por eso dice, al principio Patányali: “Inmaculado de todo concepto de miseria, acciones y sus resultados, y absolutamente desprovisto de deseos.” [YSP 1.24]
Señores, les repito: es el concepto de Patányali. El momento es muy crítico. No les estoy explicando mi concepto, sino el de Patányali. Pero vayan comprendiendo que Patányali tiene razón.
Si no nos aliviamos de deseos, nos será imposible comprender quién es Dios. Esa clase de Dios que concibe una mente limpia, queda siempre fuera de nosotros y trae dudas a la mente del practicante. El practicante dice: ¿Qué voy a hacer con ese señor? Yo pido una cosa y me da otra, o me da un poquito de lo que pido. Es que el Dios de los pedigüeños es muy caprichoso. Según Patányali, Dios es –si es que podemos decirlo– la forma de la conciencia misma, del conocimiento mismo. Como el conocimiento no es propiedad de alguien; como no pertenece a nadie, como no tiene fin ni principio, Dios es infinito.
El conocimiento no nace con los objetos. Los objetos, al pasar por la luz del conocimiento son aceptados por nosotros. El conocimiento no se prende ni se apaga.
Para un no utilitario, para un hombre puro de ideales, de ideas elevadas, para él o para ellos, el ambiente es muy limitado. Y cuando la idea es un concepto muy puro, el ambiente es muy puro.
Ninguna escuela filosófica o religiosa, acepta este concepto de Ishvara. Ni aún en la India. Porque también en la India tenemos el concepto de Dios creador, preservador y destructor. Sí, también destructor, porque si Dios es creador, quiere ser también destructor, ya que no puede permitir que nadie destruya lo que Él mismo ha creado. Destruir es cambiar, es transformar.
Los Samkhyas dicen categóricamente: No tengo pruebas de Dios, porque en mi cerebro no existe la idea de otro Dios, de modo que no hablemos de Él. ¡Qué lógica! Este es un libro, porque en mi cerebro tengo el concepto de otro libro. Si no, este sería, algo, no lo se.
Los yoguis fueron más prácticos y dijeron: Siempre necesitamos un ejemplo. ¿Qué ejemplo? Nos da en carne y hueso: es el concepto de la Conciencia limitada. |
Undécima clase - 22 de septiembre de 1944
Continuamos el mismo tema de Samadhi o concentración profunda. Patányali nos explica la segunda clase de concentración profunda, el Asampragñata samadhi, como aquella concentración en la que uno se concentra únicamente sobre la mente purificada, en ese caso solamente, se adquiere la liberación. Antes vimos, primeramente la concentración con pregunta dentro y fuera del concepto de tiempo y espacio, luego la concentración con discernimiento dentro y fuera del tiempo y espacio, después la concentración en el yo purificado en el estado de Buddhi, quiere decir en ese estado del conocimiento puro, que lleva a diluirse en Aviakta, la Prakriti que no está manifestada. Ese estado, si bien es muy elevado, no implica la liberación. Los yoguis aseguran que en ese estado la liberación no viene automáticamente. La liberación no se adquiere si se prefiere ese estado.
Presten mucha atención a este tema porque es muy importante, al igual que el de la clase anterior.
“Meditar sobre la mente purificada.” [se refiere a YSP 1.18] Consideramos a la mente como purificada cuando no tiene ninguna idea mala o dañina, y al concebir “malo”, cada uno tiene una serie de ideas previas y de prejuicios. En todas partes del mundo los aspirantes espirituales de cualquier escuela o religión, tienen ciertas ideas que son comunes a todos: no matar, no dañar ni herir mentalmente a ningún ser viviente, no mentir. Después castidad. Los yoguis dicen que aún la gente casada, si quedan convencidos que por el camino del yoga pueden llegar a la liberación, de nuevo pueden practicar la castidad.
El yogui, practicando, toma las ideas una por una, en la segunda clase de concentración, y al conocerlas, esas ideas quedan sin la fuerza para volver. Las ideas nos molestan con sus fuerzas de atracción o de repulsión, porque no las conocemos bien. Cuando uno llega a conocer una idea, entonces ésta pierde su poder. Como no hay nada oculto en ella, el practicante continúa con la firme resolución de llegar a la liberación; ya ninguna idea tiene poder sobre él.
¿Qué es la purificación? Les dije ya, que los yoguis, como los buenos alumnos de ciencia, no dejan nada oculto. Pues bien. Todo trabajo de purificación que nosotros hacemos, ya sea purificarnos de ideas malas o dañinas, o controlarlas, consiste en taparlas, en hacerlas inefectivas. Pero se quedan ahí, permanecen. Sigamos: recordarán la palabra chitta, el inmenso depósito de impresiones, una de las cuatro fases de la mente (las otras son: la parte receptora o manas, el concepto del yo individual o ahamkara, y el intelecto o Buddhi). Es de este “almacén”, de chitta, de donde viene la memoria y de donde comunmente nace cualquier deseo; de donde sale todo. Así que, en la práctica de limpieza todas las ideas quedan adormecidas, y cualquier impulso exterior que ocurra en el tiempo y en el espacio, las puede hacer despertar. Y otra vez sigue la serie de nacimiento, crecimiento, sufrimiento, etc. Muchos de nosotros, los que hemos tratado varias veces de efectuar ciertas clases de control, hemos notado que una cosa que se hace sólo una vez, no queda bien acabada. ¿Por qué hay tentaciones para una persona que tiene buenos propósitos y está más o menos (digo más o menos), alerta. Porque las ideas no se mueren. Patányali dice: el árbol queda reducido a semilla. Pero en la semilla queda toda la potencia para volver a germinar. Por eso Patányali dice que debemos quemar esa semilla. El yogui conoce el dolor del nacimiento, el dolor de los esfuerzos, el dolor del crecimiento, el dolor de la no satisfacción de los deseos, el dolor de no aniquilar las malas ideas y el dolor de la muerte.
El yogui sabe que aún teniendo buenos deseos, su vehículo muestra incapacidad para llevarlo hasta el fin y lograr su propósito. El yogui es, sobre todo, un hombre completamente alerta. No deja pasar ningún momento en inutilidad; no permite ningún momento de estado nebuloso. Y quiere saber todo. Así que el yogui sabe dónde y cómo nacen y florecen todas las ideas. Y llega a ese estado de pensamiento tan profundo que es como un concepto de conocimiento, llega al concepto de “yo existo”, y dice: yo existo bien. Pero también piensa: no existo tan bien. Entonces ¿qué me habrá pasado? No crean ustedes que la fuerza de la memoria es una fuerza inútil. Un hombre vive en el campo mental lo que él mismo levanta. Y si llega a preguntarse: ¿quién existe? Entonces viene la parentela, los amigos, etc.
Pero, ¿cómo es la práctica para esta segunda clase de concentración? Muchos de ustedes habrán leído sobre prácticas, pero yo tengo que explicarles algo.
Imaginar significa idear (no piensen mal de la palabra imaginar). Imaginen en el momento de la práctica que su mente no tiene ninguna idea, ni siquiera la de la liberación. ¿Qué ocurre al imaginar? Cada uno se dice mentalmente: “no tengo ninguna idea”. De inmediato surgen muchas clases de ideas para dar una explicación de que “yo no tengo ninguna idea”. La mente purificada, vista y considerada exteriormente, es una existencia mental sin ninguna ola. No hay brisas ni piedras que provoquen olas. Entonces, en ese momento quiere establecer la idea: “no tengo ningún concepto”.
Patányali dice: Si podemos mantenernos en ese estado, ya estamos liberados.
Pero, puede ocurrir, según el Swami Vivekananda, que si no tiene la preparación necesaria caer en un estado de Tamas. Recuerden que la Prakriti antes de manifestarse (Aviakta) permanece en tres estados: Sattva, Rayas y Tamas. Y Tamas no permite a Sattva se manifieste, hace por que la mente quede oscura.
La mente vacía, Tamásica, produce sopor, y nos lleva al otro extremo, al sueño profundo, opuesto al Samadhi. Samadhi significa pura consciencia y en el sueño profundo también hay pureza, pero la diferencia es que uno es consciente y el otro es inconsciente.
Sattva es toda fuerza en potencia, Rayas toda fuerza en acción y Tamas toda fuerza de resistencia.
Ahora bien. Algunos se preguntarán: ¿Por qué no comenzar con la última práctica, en la cual se encuentra el estado de (si puede decirse), conocimiento supremo?. Y seguidamente dirán: Entonces yo voy a practicar. Luego de leer el libro, se sienta en la postura hindú o en una silla, a la occidental, y comienza a practicar. Lee que debe repetir la frase: “no existe nada en mi mente”. Puede ser que, con mucha suerte, dentro de cien años pueda llegar a comprender que en su mente no hay nada. Es por eso que hay que subir los peldaños de la escalera desde el principio.
Patányali era un gran maestro, y como todo gran ser, era misericordioso, entonces para aquellos que no están muy preparados y son atrevidos, les dice: si usted comienza por el final, lo que va a ocurrir es que surgirán ideas, lentamente o con toda fuerza, y si tiene suerte, podrá ver como van surgiendo las ideas. Entonces, Patányali nos da un martillo, un martillo mental. A cada idea que aparece le da un golpe en el centro de ella. Y la idea se desvanece. Sin embargo, yo no aconsejo a ninguno de ustedes que practique eso porque, en la mayoría de los casos, es pérdida de tiempo. Verán surgir algunas o muchas ideas, pero no una sola. El que puede tener una idea sola, por un minuto solamente, es un gran yogui, a él lo saludo. Patányali dice: el verdadero practicante que había conseguido purificar su substancia mental y permanecer como la conciencia pura, como “yo existo”, allí, en ese estado, si alguna de aquellas ideas que habían quedado en forma de semilla en Chitta surge (se la puede ver porque se hace consciente), se le da el “golpecito” y se la aniquila.
Quedando aniquilados los pocos conceptos o ideas, él queda como el conocimiento puro. Ya superó el reino de Prakriti. Ya no hay nada por manifestarse, no hay manifestación, ni la serie de veinticuatro principios. Prakriti se separa del Purusha. Ahora vemos que es el último principio, el número veinticinco. Nosotros lo sabemos por deducción. El yogui vuelve a ser eso, vuelve a ser consciente que es y siempre fue el Purusha.
Ustedes dirán: ¿Y Swami qué hacemos? Si llegan a ser eso yo les diré: Bailen, diviértanse. No hay ideas, no hay deseos. La bondad que era opuesta a la maldad ya no funciona. La maldad que cubría a la bondad tampoco funciona. La idea de los muchos no existe. ¿Es, acaso, la aniquilación? No. Únicamente llegando a ese estado el ser humano adquiere el derecho absoluto de hacer el bien. Antes hacía el bien, pero de un modo relativo. Todas las acciones buenas de una persona bien intencionada, producen cierta clase de mal. Ustedes habrán notado que todos los grandes maestros, exceptuando aquellos que fueron Encarnaciones Divinas, todos, han producido una mínima parte de acciones malas. La única persona que no hace ninguna cosa mal, es la que queda limpia del concepto de bueno o malo como dos ideas contradictorias. El hombre liberado es un valor, un “activo” para la sociedad humana.
Antes del Samadhi más elevado, él adquiere poderes sobrenaturales. Sobre esto les daré algunas ideas, porque sino la clase se vuelve muy seca. Es para atraerlos, como se hace con los clientes.
El que sabe el secreto de separar una idea de las otras, se vuelve maestro de todo lo que se llama materia. Un físico o químico, ¿por qué son maestros? Porque conocen todas las materias y las dominan, y todas las combinaciones. ¿Y por qué no las conocemos nosotros? Porque quedamos satisfechos con cualquier combinación. Somos utilitaristas. Satisfecha la utilidad, queda satisfecha nuestra vida. La gente común, tiene su templo en el estómago, por eso quiere llenarlo con el Dios que se llama comida. Al comer ya están en Samadhi. Resuelto ese asunto, para él el mundo está bien. Pero, en cambio, hay otras personas que con el estómago semivacío o vacío, encuentran otra clase de tranquilidad. Levantan el templo en otra parte y quieren permanencia de su Dios; no quieren repetición. Los que adoran algo, quieren que sea de más duración, no se quedan conformes con el más o menos, y no permiten esa clase de inconsciencia, de infidelidad. La gente común es infiel por naturaleza, pero su belleza, para ellos, es la inconsciencia.
Para ellos el deseo de comer bien no está refinado. Comen sin conocer lo que comen, basta que coman. En nuestra orden decimos: si no tienes el poder de crear, de imaginar, de cambiar, y tampoco sabes pulir tus gustos, ¿crees que vas a comprender toda la belleza de la vida en contacto con Dios?
Es muy díficl ser fiel. La fidelidad cuando hay mucha gente es señal de buena educación. En ningún colegio podrán enseñar eso, únicamente se aprende en el hogar. Cuánto mayor es el número, más fácil es. Y ser fiel con mucha gente es fácil, porque se es parcialmente fiel. Pero, ser fiel con una sola persona, o con una sola idea es muy díficil. ¿Qué ocurre? Ustedes tienen que borrar todas sus ideas. El concepto de yo individual que quería sobreponerse, no existe. Es una lucha terrible. Ese es el período de Rayas, de toda actividad, de toda lucha. Y el que pierde en esa lucha, el que quiere llegar a ser el Purusha, pierde esta vida y tiene que volver de nuevo. Por eso se necesita preparación desde el comienzo, nadie está incapacitado, hay que comenzar y luego continuar.
Así que ustedes ven que para llegar a la última clase de Samadhi, al Asamprgñata samadhi, tenemos que comprender tres clases de desapego y después ponerlos en práctica. Luego poner en práctica cuatro clases de concentración. Y teniendo la mente casi pura, uno ya está capacitado para estar completamente despierto. Un ser humano en ese estado no solamente sabe la constitución minuciosa del organismo llamado universo, sino que sabe, también, la constitución de la materia psíquica que se transforma en fuerzas físicas y fisiológicas.
El hombre liberado no es una carga para la sociedad, es un tesoro, el valor más grande que puede tener. Y a eso quiere llegar el yogui. |
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